Día mundial de la malaria
Día mundial de la malaria
Mireya García-Gracia y Nadia Larumbe
25 de abril de 2026
¿Qué es y cómo se transmite?
La malaria (o paludismo) es una enfermedad infecciosa no transmisible de persona a persona. En 2024, la prevalencia ascendía a 282 millones de casos activos en el mundo y se produjeron 610.000 muertes debido a esta enfermedad. En las zonas geográficas donde la enfermedad es endémica hasta el 75% de las muertes son de niños y niñas menores de 5 años. Las principales regiones afectadas son las zonas tropicales y subtropicales del planeta. La región de África subsahariana presenta el mayor número de casos (265.000) y muertes (579.000) nuevos, seguida del Norte de África y el Levante Mediterráneo.
Los síntomas en las primeras etapas de la enfermedad son inespecíficos: dolor de cabeza y articular, fiebre y escalofríos; por lo que pueden confundirse con una gripe. Los síntomas aparecen, en general, entre 1 y 2 semanas después de la infección. Las personas que ya han pasado anteriormente por una infección pueden presentar sintomatología más leve; no obstante, existen formas graves de la enfermedad que incluyen los siguientes síntomas:
- Fatiga extrema
- Convulsiones
- Dificultad respiratoria
- Orina de color oscuro o con sangre
- Ictericia (color amarillo en los ojos)
Las formas graves de la enfermedad pueden llegar a ocasionar la muerte de la persona y requieren cuidados de emergencia. La población de mayor riesgo incluye a lactantes y gestantes, menores de 5 años, viajeros y personas inmunodeprimidas, especialmente si viven con VIH o SIDA.
Esta enfermedad es causada por parásitos del género Plasmodium. Existen 5 especies diferentes del parásito, pero las más comunes en humanos son P. falciparum y P. vivax. La vía de entrada del parásito es a través de la picadura del mosquito Anopheles hembra. Este mosquito se encuentra distribuido por todos los continentes salvo la Antártida, pero el parásito no sobrevive a todos los ambientes. La transfusión de sangre infectada o el uso de jeringas contaminadas también pueden transmitir la malaria.
Impacto del cambio climático en la dispersión de la enfermedad
La temperatura óptima para el desarrollo del mosquito es de 29ºC de media, lo que permite sobrevivir a Plasmodium dentro de éste. Se estima que debido al aumento de temperatura, la intensidad en las precipitaciones y los cambios en la humedad ambiental, las poblaciones de mosquito se desarrollarán más rápido y de forma más abundante, lo que supondrá un aumento de las picaduras. Esto podría ocasionar que en zonas donde anteriormente el paludismo no era endémico comience a haber más casos.
Esta conclusión se encuentra en discusión, hay expertos que cuestionan su alcance y asocian un aumento de casos en zonas donde no era frecuente a lapsos en los programas sanitarios de control de vectores o a un aumento de la resistencia al tratamiento. Es relevante tener en cuenta que la epidemiología de esta enfermedad es compleja y multifactorial. La deforestación, que fomenta lluvias torrenciales y la presencia de aguas estancadas en las que proliferan las larvas del mosquito son factores importantes, como también lo es la desigualdad en el acceso a un sistema de salud que pueda dar respuesta a posibles nuevos brotes en las áreas geográficas afectadas.
Prevención y tratamiento
A pesar de su impacto, la malaria es una enfermedad prevenible y tratable. Las principales estrategias de prevención son simples y eficaces y se centran en evitar las picaduras, especialmente durante las horas de mayor actividad del mosquito: el atardecer y la noche. Entre ellas destacan:
- Uso de mosquiteras, especialmente impregnadas con insecticidas.
- Vestimenta con ropa adecuada: mangas largas, pantalones largos y calcetines, priorizando los colores claros.
- Aplicación de repelentes en las partes expuestas del cuerpo, recordando también la reaplicación según las especificaciones del producto.
- En interiores, siempre que sea posible, el uso de mosquiteras en puertas y ventanas, y la climatización de las habitaciones.
- Para casos puntuales de viajes a zonas endémicas de malaria y en función de los factores de riesgo del paciente, se pueden pautar régimenes de quimioprofilaxis bajo supervisión médica.
También es fundamental reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica, realizar un control de aguas estancadas que puedan suponer lugares de cría del mosquito, así como invertir en prevención y garantizar el acceso a tratamientos en las regiones más afectadas.
En cuanto al tratamiento, existen fármacos eficaces como la artemisina que permiten curar la enfermedad si se administran a tiempo. Sin embargo, al igual que ocurre con otros patógenos, la aparición de resistencias a los medicamentos es una preocupación creciente, haciendo que los tratamientos se compliquen y sean necesarias distintas combinaciones de terapias.
Conclusiones
La malaria no es solo un problema sanitario, sino también ambiental y social. Su persistencia y posible expansión están estrechamente ligadas a factores como el cambio climático, la desigualdad y el acceso a sistemas de salud.
En un mundo cada vez más interconectado, la lucha contra esta enfermedad sigue siendo un desafío global que requiere una acción coordinada y sostenida. La sensibilización, el apoyo a la investigación y la cooperación internacional son herramientas fundamentales para avanzar en el control de la enfermedad. Iniciativas globales han demostrado que es posible reducir significativamente los casos de malaria cuando se mantienen en el tiempo.
El Día mundial de la Malaria es una oportunidad para recordar que se trata de una enfermedad prevenible y tratable, pero aún no erradicada, cuyo control depende de un compromiso de Salud Global sostenido.

Última entrada
¿Quieres colaborar con nosotros en la creación de artículos para la web?
Descarga aquí las normas de colaboración con OCODES para autores/as.




