Día mundial de la malaria

Día mundial de la malaria

Mireya García-Gracia y Nadia Larumbe

25 de abril de 2026

¿Qué es y cómo se transmite?

 

La malaria (o paludismo) es una enfermedad infecciosa no transmisible de persona a persona. En 2024, la prevalencia ascendía a 282 millones de casos activos en el mundo y se produjeron 610.000 muertes debido a esta enfermedad. En las zonas geográficas donde la enfermedad es endémica hasta el 75% de las muertes son de niños y niñas menores de 5 años. Las principales regiones afectadas son las zonas tropicales y subtropicales del planeta. La región de África subsahariana presenta el mayor número de casos (265.000) y muertes (579.000) nuevos, seguida del Norte de África y el Levante Mediterráneo.

 

Los síntomas en las primeras etapas de la enfermedad son inespecíficos: dolor de cabeza y articular, fiebre y escalofríos; por lo que pueden confundirse con una gripe. Los síntomas aparecen, en general, entre 1 y 2 semanas después de la infección. Las personas que ya han pasado anteriormente por una infección pueden presentar sintomatología más leve; no obstante, existen formas graves de la enfermedad que incluyen los siguientes síntomas:

 

  • Fatiga extrema
  • Convulsiones
  • Dificultad respiratoria
  • Orina de color oscuro o con sangre
  • Ictericia (color amarillo en los ojos)

 

Las formas graves de la enfermedad pueden llegar a ocasionar la muerte de la persona y requieren cuidados de emergencia. La población de mayor riesgo incluye a lactantes y gestantes, menores de 5 años, viajeros y personas inmunodeprimidas, especialmente si viven con VIH o SIDA.

 

Esta enfermedad es causada por parásitos del género Plasmodium. Existen 5 especies diferentes del parásito, pero las más comunes en humanos son P. falciparum y P. vivax. La vía de entrada del parásito es a través de la picadura del mosquito Anopheles hembra. Este mosquito se encuentra distribuido por todos los continentes salvo la Antártida, pero el parásito no sobrevive a todos los ambientes. La transfusión de sangre infectada o el uso de jeringas contaminadas también pueden transmitir la malaria.

 

 

Impacto del cambio climático en la dispersión de la enfermedad

 

La temperatura óptima para el desarrollo del mosquito es de 29ºC de media, lo que permite sobrevivir a Plasmodium dentro de éste. Se estima que debido al aumento de temperatura, la intensidad en las precipitaciones y los cambios en la humedad ambiental, las poblaciones de mosquito se desarrollarán más rápido y de forma más abundante, lo que supondrá un aumento de las picaduras. Esto podría ocasionar que en zonas donde anteriormente el paludismo no era endémico comience a haber más casos.

 

Esta conclusión se encuentra en discusión, hay expertos que cuestionan su alcance y asocian un aumento de casos en zonas donde no era frecuente a lapsos en los programas sanitarios de control de vectores o a un aumento de la resistencia al tratamiento. Es relevante tener en cuenta que la epidemiología de esta enfermedad es compleja y multifactorial. La deforestación, que fomenta lluvias torrenciales y la presencia de aguas estancadas en las que proliferan las larvas del mosquito son factores importantes, como también lo es la desigualdad en el acceso a un sistema de salud que pueda dar respuesta a posibles nuevos brotes en las áreas geográficas afectadas.

 

 

Prevención y tratamiento

 

A pesar de su impacto, la malaria es una enfermedad prevenible y tratable. Las principales estrategias de prevención son simples y eficaces y se centran en evitar las picaduras, especialmente durante las horas de mayor actividad del mosquito: el atardecer y la noche. Entre ellas destacan:

 

  • Uso de mosquiteras, especialmente impregnadas con insecticidas.
  • Vestimenta con ropa adecuada: mangas largas, pantalones largos y calcetines, priorizando los colores claros.
  • Aplicación de repelentes en las partes expuestas del cuerpo, recordando también la reaplicación según las especificaciones del producto.
  • En interiores, siempre que sea posible, el uso de mosquiteras en puertas y ventanas, y la climatización de las habitaciones.
  • Para casos puntuales de viajes a zonas endémicas de malaria y en función de los factores de riesgo del paciente, se pueden pautar régimenes de quimioprofilaxis bajo supervisión médica.

 

También es fundamental reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica, realizar un control de aguas estancadas que puedan suponer lugares de cría del mosquito, así como invertir en prevención y garantizar el acceso a tratamientos en las regiones más afectadas.

 

En cuanto al tratamiento, existen fármacos eficaces como la artemisina que permiten curar la enfermedad si se administran a tiempo. Sin embargo, al igual que ocurre con otros patógenos, la aparición de resistencias a los medicamentos es una preocupación creciente, haciendo que los tratamientos se compliquen y sean necesarias distintas combinaciones de terapias.

 

 

Conclusiones

 

La malaria no es solo un problema sanitario, sino también ambiental y social. Su persistencia y posible expansión están estrechamente ligadas a factores como el cambio climático, la desigualdad y el acceso a sistemas de salud.

 

En un mundo cada vez más interconectado, la lucha contra esta enfermedad sigue siendo un desafío global que requiere una acción coordinada y sostenida. La sensibilización, el apoyo a la investigación y la cooperación internacional son herramientas fundamentales para avanzar en el control de la enfermedad. Iniciativas globales han demostrado que es posible reducir significativamente los casos de malaria cuando se mantienen en el tiempo.

 

El Día mundial de la Malaria es una oportunidad para recordar que se trata de una enfermedad prevenible y tratable, pero aún no erradicada, cuyo control depende de un compromiso de Salud Global sostenido.

 

MTBVAC: Un nuevo candidato a vacuna contra la tuberculosis en ensayos clínicos de eficacia

MTBVAC: Un nuevo candidato a vacuna contra la tuberculosis en ensayos clínicos de eficacia

Juan Ignacio Aguiló Anento

24 de abril de 2026

Tuberculosis: Una amenaza persistente

 

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis que se transmite principalmente por vía aérea y que infecta sobre todo a los pulmones, aunque también puede atacar otros órganos.

 

Durante buena parte del siglo XX se pensó que la tuberculosis estaba camino de desaparecer. El descubrimiento de los antibióticos eficaces y la introducción de programas de vacunación hicieron creer que la enfermedad terminaría siendo un problema del pasado. Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta. Según estimaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud, cada año se producen alrededor de diez millones de nuevos casos y más de un millón de muertes en todo el mundo. En este contexto, el desarrollo de nuevas vacunas frente a la tuberculosis respiratoria se ha convertido en una prioridad científica y sanitaria.

 

La vacuna BCG: El estándar durante más de un siglo

 

Durante más de cien años, la única vacuna disponible frente a la tuberculosis ha sido la BCG (Bacillus Calmette-Guérin). Fue desarrollada a principios del siglo XX a partir de una cepa atenuada de Mycobacterium bovis, la bacteria causante de la tuberculosis bovina.

 

La BCG se obtuvo mediante un proceso de cultivo prolongado en laboratorio que, tras más de una década de pases sucesivos, dio lugar a una cepa debilitada incapaz de causar enfermedad en personas sanas. Desde su introducción en 1921, la vacuna ha sido administrada a miles de millones de personas en todo el mundo.

 

Su principal virtud es la protección frente a las formas más graves de tuberculosis en la infancia, como la meningitis tuberculosa o la tuberculosis diseminada, así como la disminución de todas las causas de mortalidad en la infancia. Por este motivo, la vacuna sigue formando parte del calendario vacunal en muchos países.

 

Sin embargo, la BCG tiene limitaciones importantes. Su eficacia frente a la tuberculosis pulmonar en adolescentes y adultos —la forma responsable de la mayor parte de la transmisión— es muy variable y, en muchos casos, limitada. Esto ha impulsado durante décadas la búsqueda de vacunas más eficaces.

 

MTBVAC: Una nueva generación de vacunas

 

Una de las aproximaciones más prometedoras es MTBVAC, una vacuna viva basada directamente en la atenuación de Mycobacterium tuberculosis. A diferencia de la BCG, que procede de M. bovis, MTBVAC se desarrolla a partir del propio patógeno humano, lo que potencialmente permite presentar al sistema inmunitario un repertorio más completo de antígenos relevantes.

 

La atenuación —es decir, el proceso de hacer la bacteria inofensiva sin que pierda su capacidad de estimular el sistema inmune— se logró mediante ingeniería genética, de forma precisa y controlada. MTBVAC incorpora dos deleciones independientes y estables en los genes de virulencia phoP y fadD26, sobre la base de un aislado clínico perteneciente al linaje 4 euro-americano, el más ampliamente transmitido entre humanos.

 

¿Qué hacen estos genes? El gen phoP es un factor de transcripción que controla múltiples procesos de la bacteria relacionados con virulencia, incluyendo la secreción del principal factor de virulencia de tuberculosis: ESAT-6. Por su parte, fadD26 es clave para la síntesis del lípido denominado PDIM, otro de los principales factores de virulencia de la bacteria. Al eliminar ambos genes de manera independiente, se garantiza que la bacteria no pueda recuperar su virulencia, cumpliendo así con los requisitos de seguridad establecidos internacionalmente.

 

Como cualquier otra vacuna en desarrollo, MTBVAC fue sometida a una exhaustiva caracterización preclínica en distintos modelos animales. En ratones, uno de los modelos experimentales más empleados, la vacuna demostró ser segura y capaz de inducir una respuesta inmunitaria fuerte frente a la infección por M. tuberculosis. En estos estudios se observó una protección superior a la proporcionada por la BCG frente a la infección experimental, y se identificaron además los principales mecanismos inmunológicos a través de los cuales MTBVAC resulta eficaz. Posteriormente, la vacuna se evaluó en cobayas, un modelo especialmente sensible a la tuberculosis y que reproduce bien la patología pulmonar humana. En estos animales, MTBVAC mostró una reducción significativa de la carga bacteriana y una mayor supervivencia tras la infección. Finalmente, MTBVAC se ensayó en primates no humanos, considerados el modelo animal más relevante y cercano al ser humano. Los resultados confirmaron tanto la seguridad como el potencial protector de la vacuna, proporcionando la base necesaria para avanzar hacia ensayos clínicos.

 

Ensayos clínicos: De las primeras pruebas a los estudios de eficacia

 

Un hito fundamental antes de que MTBVAC pudiera comenzar a ensayarse en ensayos clínicos fue su desarrollo a nivel industrial. A partir de 2008, la compañía biofarmacéutica española Biofabri, perteneciente al grupo Zendal, y siendo desde entonces el socio industrial de la Universidad de Zaragoza asumió la producción y desarrollo clínico de MTBVAC. Este proceso implicó adaptar la fabricación de la vacuna a los estrictos estándares internacionales de calidad farmacéutica, conocidos como Buenas Prácticas de Fabricación (GMP de las siglas en inglés). También fue necesario realizar estudios regulatorios adicionales que demostraran la estabilidad del producto, su seguridad y su consistencia entre lotes.

 

El primer ensayo clínico en humanos comenzó en 2013 en adultos en Suiza, en un estudio de fase I diseñado para evaluar la seguridad y la inmunogenicidad en voluntarios sanos. Los resultados fueron satisfactorios: MTBVAC demostró un perfil de seguridad aceptable y generó respuestas inmunes robustas.

 

El siguiente paso lógico era probar la vacuna en el lugar donde más se necesitaba. En 2016 se inició un ensayo de fase Ib en recién nacidos en Sudáfrica. Este ensayo fue crucial, pues los neonatos son la población diana más importante de cualquier vacuna antituberculosa, y Sudáfrica es uno de los países con mayor incidencia de TBC del mundo. Los datos confirmaron que la vacuna era segura en este grupo de edad y comenzó a generar respuestas inmunes mayores a la actual vacuna BCG.

 

Con estos resultados, en 2019 se avanzó a dos ensayos de fase IIa en Sudáfrica, uno en recién nacidos y otro en adultos. Estos estudios de búsqueda de dosis permitieron comparar distintas concentraciones de la vacuna con la BCG estándar, con el objetivo de identificar cuál ofrecía el mejor equilibrio entre seguridad e inmunogenicidad. MTBVAC demostró perfiles de inmunogenicidad comparables o superiores a la BCG con diferentes dosis. Con estos datos, se identificó la dosis óptima para avanzar a los estudios de eficacia.

 

La vacuna se encuentra en la actualidad en la fase más determinante de su desarrollo, con dos grandes ensayos de eficacia en marcha. El primero es un ensayo de fase III en recién nacidos en Sudáfrica, Madagascar y Senegal. Se trata de un ensayo de eficacia en neonatos, en el que se vacunarán más de 7.000 bebes y que compara directamente MTBVAC con la BCG. Se espera que este estudio finalice en el año 2028. El segundo es el estudio IMAGINE (Investigation of MTBVAC toward Accelerating Global Immunization for a Neglected Epidemic), un ambicioso ensayo de fase IIb liderado por la organización sin ánimo de lucro IAVI(International AIDS Vaccine Initiative) y financiado en parte por la Fundación Gates. IMAGINE evalúa la prevención de la enfermedad tuberculosa en adolescentes y adultos con infección tuberculosa latente en Sudáfrica, Kenia y Tanzania, y administró sus primeras dosis en febrero de 2025. Este ensayo es especialmente importante porque los adultos y adolescentes son los principales transmisores de la enfermedad, y actualmente no existe ninguna vacuna eficaz para este grupo.

 

Paralelamente, la empresa india Bharat Biotech, en colaboración con Biofabri, ha iniciado ensayos clínicos en India, el país que concentra el 28% de los casos mundiales de tuberculosis.

 

Mirando al futuro

 

La tuberculosis sigue siendo una de las grandes amenazas infecciosas del planeta. Aunque los tratamientos actuales permiten curar la mayoría de los casos cuando se diagnostican a tiempo, su mortalidad es cercana al 50% sin tratamiento por lo que la prevención mediante vacunas eficaces se considera una herramienta fundamental para controlar la enfermedad a largo plazo.

 

MTBVAC representa una de las estrategias más avanzadas dentro de la nueva generación de vacunas frente a la tuberculosis. Al basarse directamente en una cepa atenuada de M. tuberculosis y haber demostrado resultados prometedores tanto en estudios preclínicos como en las primeras fases clínicas, su desarrollo ha despertado un notable interés en la comunidad científica internacional.

 

Los resultados de los ensayos de eficacia actualmente en curso serán decisivos para determinar si esta vacuna puede convertirse en una herramienta clave en la lucha global contra la tuberculosis. Si los datos confirman las expectativas, MTBVAC podría convertirse en la primera nueva vacuna frente a esta enfermedad en más de un siglo.

Libros que sanan

Libros que sanan

Maite Escudero Alías

23 de abril de 2026

“La literatura es, en primer lugar, una de las maneras fundamentales de nutrir la conciencia. Desempeña una función esencial en la creación de la vida interior, y en la ampliación y ahondamiento de nuestras simpatías y nuestras sensibilidades hacia otros seres humanos y el lenguaje.” (Susan Sontag, 2003).

 

Comienzo esta sección recordando las palabras de Susan Sontag en su discurso al recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2003 porque ahondan en el poder de la literatura para enaltecer la sensibilidad y la empatía del ser humano. Más específicamente, los libros son el vehículo transmisor para contar historias y hacernos partícipes de ellas. Podríamos afirmar que las historias son a nuestra alma lo que el ejercicio físico es al cuerpo: primordiales, vitales y trascendentales para vivir. Desde que nacemos, las historias forman parte de nuestra vida: “érase una vez”, expresión que anuncia acontecimientos mágicos, gozosos, misteriosos, a veces también tristes y melancólicos. Ya desde nuestra infancia conectamos con seres y personajes cuyas vidas y aventuras conforman un espacio imaginario común en el que mirarnos o diferenciarnos, ya que nuestra identificación depende de los anhelos, expectativas y códigos éticos que nos definen. Técnicamente, existen formas de empatizar en mayor o menor grado con ciertos personajes: quién cuenta la historia y cómo lo hace será determinante para identificarnos con la trama y un personaje en concreto.

 

Una función significativa de los libros es conmovernos. Del latín emovere, el sustantivo “emoción” alude a un movimiento hacia fuera, reflejando una respuesta fisiológica que nos conecta a otros seres y lugares que pueden condicionar e influir en nuestro desarrollo cognitivo y emocional. Algunos críticos literarios hablan de paisajes afectivos para referirse a los vínculos que se crean con otras personas, con entes no humanos, objetos y territorios, ya que éstos actúan como repositorios de distintos sentimientos, como pueden ser el amor, la nostalgia, el duelo, la vergüenza, la ira, el placer, el asombro o la esperanza. Otra de las funciones clave de la literatura consiste en transmitir el lema que anuncia la marca deportiva ASICS: Anima Sana In Corpore Sano, promoviendo un equilibrio entre la salud física y la mental. Así, anima se refiere en latín al hálito de vida, a la respiración, designando el principio vital que anima al cuerpo y que evolucionó, etimológicamente, al castellano “alma”. Según Aristóteles en su tratado De Anima, el alma nombra el principio fundamental de la vida humana, animal y vegetal, a la vez que interviene de forma esencial en los afectos y en los instintos. Si el alma está en armonía con la vida, con el entorno y con los demás, redundará en un mayor bienestar mental y físico, fomentando el (auto)cuidado, el respeto y la empatía hacia otras culturas y formas de pensar. De esta manera, los libros abren puertas y ventanas hacia la tolerancia, la comprensión y el entendimiento; también hacia la libertad, el deseo, a veces inesperado, y la frustración, cuando algún elemento de la trama nos decepciona. Son el espejo de nuestras pasiones, secretos e ilusiones, alimentando nuestra curiosidad y despertando en nosotros/as emociones espontáneas que, en un momento difícil como puede ser la pérdida de un ser querido, nos conectan con la vida de nuevo.

 

Hoy, día del libro, San Jorge –Saint George—y día de la lengua inglesa, no nos olvidamos de clásicos de su literatura que exploran distintas emociones de la condición humana: la venganza y el amor más allá de la muerte en Cumbres Borrascosas (Emily Bröntë); el impacto del utilitarismo en la imaginación de los niños en Tiempos difíciles (Charles Dickens) o la depresión en La señora Dalloway (Virginia Woolf). Si preferís autores contemporáneos, la ficción de Ali Smith es de obligada lectura: desde Chica conoce a chico, el Cuarteto Estacional, Gliff o Glyph, todos sus libros fomentan la empatía, la solidaridad, la creatividad y el humor como formas resilientes de supervivencia en un mundo cada vez más polarizado y hostil. Sea cual sea vuestra elección, la lectura entraña sabiduría y reparación. Los libros como antídoto para atenuar la soledad o el desamor; como ancla que nos sostiene en periodos de enfermedad y de declive físico; la escrito-terapia como forma de trabajar e integrar experiencias traumáticas complejas, tanto individuales como colectivas; la narración y la poesía como herramientas para conocer y denunciar procesos de esclavitud y colonización, guerras, terrorismo, odio y discriminación por cuestiones de género, raza, orientación sexual, clase social, religión, capacitismo, neurodivergencia, etc. Libros que resuenan con fuerza en nuestras vidas; historias cuya magia nos envuelve y, de forma cuasi-ceremoniosa, nos transforman para siempre. ¿Quién no tiene un libro favorito, depositario de un recuerdo inolvidable?

 

Otra historia: escribo estas líneas en primavera, cuando la luz natural perdura durante más tiempo. La albura, capa blanda y blanquecina de los troncos, ha hecho su trabajo durante el invierno, transportando la savia hacia las ramas, y ya se vislumbran los brotes primaverales en los árboles. El cierzo de los últimos días ha dado paso a un repentino calor, propio del verano. Y mientras el ciclo de la naturaleza sigue su curso, aparece un agente artificial y artificioso que todo lo inunda; IA, lo llaman, que arrasa, sin piedad, con otra de las funciones que nos brinda la literatura: la posibilidad de desarrollar y dilatar nuestras facultades cognitivas activando conexiones neuronales y favoreciendo emociones espontáneas que nos hagan vibrar. Reivindico en este espacio la importancia de una lectura sosegada (slow reading) de poemas y novelas con tramas complejas con el propósito de recuperar la atención. Leer libros enteros, de principio a fin, se ha convertido hoy en día en un acto revolucionario, pues implica invertir tiempo y desafiar el dogma de la aceleración y fragmentación impuesto por la sociedad actual. Además de todas las recomendaciones y consejos prácticos que podéis encontrar en este espacio de OCODES, os animo a que incorporéis la lectura de un libro (al mes) como otro hábito de vida saludable.

 

Ampliando la mirada: cuidados y salud planetaria

Ampliando la mirada: cuidados y salud planetaria

Carlos Navas Ferrer

22 de abril de 2026

Cada año, el 22 de abril, celebramos el Día Internacional de la Madre Tierra. Sin embargo, para muchos profesionales sanitarios (incluido el alumnado en formación) la relación entre la salud y el entorno sigue pareciendo lejana. Lo sé porque lo he escuchado y lo he vivido. Durante mi formación como enfermero, y actualmente como docente, no han sido pocas las veces que he oído comentarios como: “¿Para qué necesita una enfermera hacer pan?”, “¿Para qué sirve navegar por un río?” o “¿Qué sentido tiene saber tanto de medio ambiente?”. A menudo, estas preguntas van acompañadas de una afirmación que parece incuestionable: “Yo lo que necesito es aprender a cuidar mejor”. Pero, ¿qué significa cuidar?

 

 

Recuerdo aquellas clases, a veces desconcertantes y otras profundamente reveladoras, impartidas por docentes comprometidas que nos sacaban del aula convencional para colocarnos frente a otras realidades. Hacer pan no era solo amasar harina. Implicaba hablar de semillas, transgénicos y agroquímicos. También era entender procesos, tiempos, paciencia, comunidad y alimentación saludable. Por otro lado, navegar por el interior de un río no era solo desplazarse o hacer ejercicio. Era reconocer dinámicas, riesgos, equilibrios y su relación con la salud de las personas que viven en torno a sus aguas. En definitiva, hablar de medio ambiente no era desviarse del cuidado, sino que era ampliarlo.

 

 

Con el tiempo, comprendí que aquellas experiencias no eran un adorno pedagógico ni una excentricidad docente. Eran, en realidad, una invitación a mirar el cuidado desde una perspectiva más amplia. Porque cuidar no es únicamente aplicar una técnica o administrar un tratamiento; cuidar requiere, necesariamente, comprender la complejidad de la vida en todas sus dimensiones.

 

En este sentido, las palabras de Leonardo Boff resultan especialmente iluminadoras cuando afirma que:

 

 

El cuidado es una relación amorosa respetuosa y no agresiva, y por eso no destructiva, con la realidad. Presupone que los seres humanos son parte de la naturaleza y miembros de la comunidad biótica y cósmica, con la responsabilidad de protegerla, regenerarla y cuidarla. Más que una técnica, el cuidado es un arte, un nuevo paradigma de relación con la naturaleza, con la Tierra y con los seres humanos.

 

 

Esta idea transforma por completo la práctica enfermera. Nos sitúa no solo como profesionales que intervienen sobre el cuerpo de seres humanos, sino como sujetos que se relacionan con un mundo vivo, interdependiente y frágil. Nos recuerda que somos parte de la naturaleza, no algo separado de ella, y que nuestra responsabilidad no se limita al individuo que tenemos delante, sino que se extiende al entorno que hace posible su vida.

 

 

Desde esta mirada, aquellas preguntas iniciales pierden fuerza. Porque hacer pan, navegar un río o comprender los ecosistemas deja de ser irrelevante y pasa a ser esencial. Son formas de aprender a observar, a respetar y a adaptarse al medio que nos rodea. Son maneras de cultivar una sensibilidad que luego se traduce en una mejor atención, más consciente e integral.

 

 

En los últimos años, han surgido iniciativas que recogen y desarrollan esta forma de entender la salud. Una de ellas es el proyecto HEQED (Health Equity through Education), una plataforma educativa que busca ayudar al alumnado de ciencias de la salud a comprender las inequidades en salud y actuar frente a ellas.

 

 

HEQED propone un enfoque innovador que integra la equidad en salud con los determinantes ambientales en la formación en disciplinas del ámbito sanitario. A través de recursos digitales, casos prácticos y herramientas pedagógicas, la plataforma invita al estudiantado a analizar situaciones reales desde una perspectiva crítica, considerando no solo los factores clínicos, sino también los sociales, económicos y ecológicos que influyen en la salud.

 

 

Uno de los aspectos más relevantes de HEQED es su apuesta por la salud planetaria. Este concepto parte de una idea fundamental: la salud humana está íntimamente ligada a la salud del planeta. No podemos hablar de bienestar si ignoramos la degradación ambiental, el cambio climático o la pérdida de biodiversidad. Estas realidades no son ajenas a la práctica sanitaria; al contrario, condicionan directamente la aparición de enfermedades, la distribución de riesgos y la capacidad de respuesta de los sistemas de salud.

 

 

Desde HEQED, se promueve que el alumnado adopte este enfoque en su futura práctica profesional. Esto implica aprender a identificar cómo las condiciones ambientales afectan a la salud de las personas, pero también desarrollar competencias para intervenir de manera responsable y sostenible. No se trata solo de tratar enfermedades, sino de prevenirlas desde una mirada amplia, que incluya la justicia social y el respeto por el entorno.

 

 

Además, el proyecto fomenta una actitud reflexiva y comprometida. Los estudiantes no son meros receptores de información, sino agentes activos capaces de cuestionar, proponer y transformar. En este sentido, HEQED no solo transmite conocimientos, sino que contribuye a formar profesionales más conscientes, más críticos y, en última instancia, más capaces de cuidar.

 

 

Y quizá ahí reside el punto de encuentro entre aquellas experiencias formativas y las propuestas actuales como HEQED. Ambas comparten una misma intuición: el cuidado no puede reducirse a lo técnico. Que cuidar es, en el fondo, una forma de estar en el mundo.

 

 

En este Día de la Madre Tierra, tal vez convenga recuperar esa idea. Recordar que la salud no nace en los hospitales, sino en la vida cotidiana, en el aire que respiramos, en el agua que bebemos, en los vínculos que construimos. Y que, como profesionales de la salud, nuestra tarea no es solo intervenir cuando algo falla, sino contribuir a sostener las condiciones que hacen posible la vida.

 

 

Porque cuidar al otro, en última instancia, es también cuidar el mundo que compartimos.

La alfabetización en salud como pilar de la seguridad del paciente

La alfabetización en salud como pilar de la seguridad del paciente

Andrea Ugencio Isarre

18 de abril de 2026

Según la RAE, el termino seguridad es la cualidad de seguro y es sinónimo de “ausencia de peligro” o  “imposibilidad de fallo”.

 

El concepto de seguridad del paciente hace referencia a “la ausencia de daños prevenibles en los pacientes y la reducción hasta un mínimo aceptable del riesgo de causarles innecesariamente daños al atenderlos”.

 

El 17 de septiembre se conmemora el día mundial de la seguridad del paciente. Y el tema escogido para este año 2025 es “Cuidados seguros para todos los recién nacidos y todos los niños”. La OMS tiene como objetivo sensibilizar a la comunidad con el lema “La seguridad del paciente desde el principio” e impulsar medidas para eliminar los daños y eventos adversos en la atención pediátrica y neonatal.

 

Al identificar las deficiencias, errores y factores de riesgo que conducen a un evento adverso, se pueden desarrollar medidas correctivas para prevenir errores similares. Las revisiones coinciden en que la vulnerabilidad pediátrica aumenta la probabilidad de error y los eventos adversos notificados con mayor frecuencia en las UCIN (Unidades cuidados Intensivos Neonatales) son los relacionados con medicamentos (incluida la nutrición), los errores de tratamiento, la identificación errónea del paciente  y los incidentes en los procedimientos de diagnóstico. Descubrir la causa de estos errores, así como brindar soluciones viables para evitarlos, es un desafío.

 

La intervención de las instituciones sanitarias para identificar estos errores internos y promover programas para su detección y corrección es fundamental, así como todos aquellos factores que los favorecen.

 

Pero existe un factor clave que se debe destacar para mejorar la seguridad, que es la participación del paciente. La educación y capacitación del paciente son esenciales para reducir el daño, por lo que la alfabetización en salud es un predictor poderoso de los resultados de atención.

 

La alfabetización en salud no se limita únicamente a leer información médica, sino que engloba las habilidades de comprender, evaluar e incluso cuestionarse las indicaciones sanitarias.

 

Diversos estudios concluyen que la falta constante de estrategias de alfabetización en salud al comunicarse con pacientes y familias conduce a errores de seguridad. La mala comprensión de los nombres de los medicamentos, las indicaciones poco claras, múltiples instrucciones y las dificultades para comprender y ejecutar las instrucciones del alta, conduce a errores. Estas situaciones se agravan en poblaciones vulnerables, como es la pediátrica, ya que se requiere de la actuación de los padres o cuidadores.

 

Por el contrario, cuando los pacientes o sus familias poseen un nivel adecuado de alfabetización en salud, se incrementa su disposición a participar de manera activa en los procesos de atención, a realizar preguntas, a verificar la información sobre medicación o procedimientos, e incluso a detectar posibles errores antes de que lleguen al paciente. De este modo, la alfabetización en salud actúa como un mecanismo protector, que convierte al paciente en un agente corresponsable de su seguridad.

 

Las instituciones sanitarias también juegan un papel central en este ámbito. La creación de entornos considerados como “health literate organizations” —organizaciones que se esfuerzan en comunicar de forma clara, accesible y adaptada al nivel de comprensión de cada persona— favorece que la información crítica sea entendida y aplicada correctamente. Estrategias como el uso de lenguaje claro, materiales visuales, el método teach-back (que consiste en pedir al paciente que repita con sus palabras las instrucciones recibidas) o el diseño de guías y checklists dirigidas a pacientes y familias han mostrado resultados positivos en la reducción de errores de medicación y en la mejora de la adherencia terapéutica.

 

En definitiva, la alfabetización en salud no debe considerarse un complemento, sino un componente esencial de la seguridad del paciente. Favorecerla implica empoderar a las personas para que participen de forma informada en su cuidado, reducir la ocurrencia de incidentes prevenibles y avanzar hacia un modelo de atención más seguro, equitativo y centrado en el paciente.

 

 

Red Española de Alfabetización para la Salud

 

Es una red de profesionales con interés en promover alfabetización en salud, integrando pacientes, población general, profesionales y organizaciones.

 

Actualmente, no hay registrados de forma oficial hospitales españoles como “Health Literate Organizations” y que contengan todos los requisitos establecidos para ello. Sin embargo, varios hospitales:

 

  • Ya han comenzado con estudios/iniciativas relevantes.
  • Miden el nivel de alfabetización en salud en personal y pacientes.
  • Implementan programas de educación de pacientes/familias.

La pseudoterapia y las personas mayores: Una amenaza silenciosa

La pseudoterapia y las personas mayores: Una amenaza silenciosa

Andrea Gracia Expósito

17 de abril de 2026

La pseudoterapia se define como cualquier sustancia, producto, actividad o intervención con apariencia de tratamiento médico que no ha demostrado eficacia científica en estudios clínicos.

 

A diferencia de las terapias recomendadas y supervisadas por profesionales sanitarios, las pseudoterapias carecen de una regulación estricta, proliferando sin control a través de plataformas digitales, medios de comunicación o canales informales.

 

Actualmente, las personas mayores presentan mayor vulnerabilidad de sufrir las consecuencias de estas prácticas terapéuticas carentes de evidencia científica. Bajo la premisa de ser alternativas naturales, seguras y sin efectos secundarios, las pseudoterapias ocultan una realidad muy diferente.

 

La población anciana: una tierra fértil para la desinformación

 

Según avanza la edad, aumentan las dolencias crónicas, las limitaciones funcionales y la sensación de pérdida de control sobre el propio cuerpo. Todo esto hace que algunas personas mayores busquen respuestas al margen del sistema sanitario convencional.

 

Estas prácticas ofrecen promesas de bienestar sin los efectos adversos de los fármacos. Para ello, emplean un lenguaje sencillo que se apoya en la validación de conocimientos ancestrales y creencias, recurriendo en última instancia a narrativas de carácter conspirativo contra la industria farmacéutica.

 

La población geriátrica es especialmente vulnerable debido a una serie de circunstancias, como son: una importante carga de enfermedades crónicas, sensación de soledad – “el terapeuta” los atrae dedicándoles un tiempo superior del que suelen disponer el personal sanitario del sistema de salud-, dificultad de acceso a información, tendencia a no contrastar la información recibida, así como presión social o familiar.

 

Algunas de las pseudoterapias más utilizadas por este colectivo son: homeopatía, acupuntura, terapia con imanes, reiki, biomagnetismo, suplementos nutricionales y hierbas medicinales.

 

Consecuencias de la pseudoterapia

 

Cabe destacar que estas prácticas no son inocuas, sino que en muchos casos pueden derivar en problemas de salud añadidos.

 

Algunas consecuencias que ponen en riesgo la salud son: retraso en el diagnóstico y tratamiento adecuado. Abandono de tratamientos y terapias efectivas, lo que conlleva a un agravamiento de la enfermedad presente y, habitualmente, aumento de gastos económicos innecesarios. Interacción con medicamentos prescritos, como antibióticos o anticoagulantes, con un correspondiente aumento del riesgo de efectos adversos no controlados.

 

Durante los últimos años se han documentado numerosos casos de interacciones entre plantas medicinales y fármacos sintéticos, reacciones adversas, intoxicaciones por suplementos no regulados, adicciones…

 

Desde un punto de vista social, la proliferación de las pseudoterapias fomenta una percepción distorsionada de la medicina, basada en la falacia de que lo “natural” es siempre mejor que la metodología científica, que se ve como impersonal o deshumanizada. Esta narrativa consigue confundir y debilitar la confianza en los profesionales de salud.