Ictus: Cada minuto cuenta

Ictus: Cada minuto cuenta

Pilar Domínguez-Oliván

29 de octubre de 2025

Cada año, el 29 de octubre se celebra el Día Mundial del Ictus y este año 2025 está dedicado a la importancia de actuar rápido frente a una de las principales causas de discapacidad en el mundo.

 

¿Qué es el ictus?

 

El ictus o accidente cerebrovascular (ACV) es una emergencia médica que ocurre porque de manera repentina no llega sangre a una parte del cerebro, ya sea por una obstrucción (llamado también ictus isquémico o infarto cerebral) o una hemorragia (conocido como “derrame”). El primero supone aproximadamente el 80% de los ictus en Aragón. En ambos tipos de ictus, el tejido cerebral afectado deja de recibir oxígeno y nutrientes y, en cuestión de minutos, puede dejar de funcionar, lo que causa daños cerebrales que pueden ser irreversibles.

 

Se calcula que una de cada cuatro personas sufrirá al menos un ictus a lo largo de su vida. El número de casos de ictus está aumentando en población general y en adultos jóvenes (menores de 55 años) en todo el mundo, debido a la mayor esperanza de vida y a factores de riesgo que son, en su mayoría, evitables. Según el Atlas del Ictus en España de 2019, el ACV es la segunda causa de muerte por enfermedad en el mundo y la primera en mujeres. En España, alrededor de 120.000 personas sufren un ictus cada año y unas 25.000 fallecen.

 

Cuando se sobrevive, 1 de cada 6 personas queda con discapacidad funcional y aumenta el riesgo de deterioro cognitivo leve o incluso de demencia.

 

No, el ictus no es solo cosa de mayores

 

La mayor parte de los ictus se deben a factores evitables. En concreto, la Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud actualizada en 2024 establece diez factores de riesgo modificables. La principal causa de ictus a cualquier edad es el tabaquismo, pero también influyen la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad, el consumo de alcohol y la fibrilación auricular. En personas más jóvenes, son frecuentes los trastornos de coagulación, el desgarro interno de la carótida y el consumo de cocaína, opioides y cannabis. Incluso menores de 15 años pueden sufrir un ictus, aunque es raro; en estas personas suele deberse a malformaciones en los vasos sanguíneos del cerebro o a problemas cardíacos. No obstante, en el 25% de los casos (y en el 50% en pacientes jóvenes) la causa es desconocida.

 

¿Cómo reconocer un ictus?

 

Los síntomas pueden aparecer de forma repentina y no siempre son evidentes. Sin embargo, hay señales clave que pueden salvar vidas.

La Fundación Freno al Ictus, que promueve iniciativas y proyectos para reducir el impacto social del ictus en España, recoge los síntomas de aparición más frecuentes:

  • Pérdida de la mímica y parálisis de media cara (pídale a la persona que sonría)
  • Pérdida de fuerza o debilidad en un lado del cuerpo (pídale a la persona que levante los brazos)
  • Problemas para hablar o de comprensión (pídale a la persona que responda a una pregunta sencilla: ¿cómo te llamas?)

Es fácil recordar el acrónimo FAST (“rápido” en inglés): Face-Arm-Speech-Time (cara-brazo-habla-tiempo).

 

Otros posibles síntomas pueden ser:

  • Dolor fuerte o súbito de cabeza.
  • Problemas de visión doble o pérdida de visión.
  • Problemas de equilibrio o inestabilidad.
  • Pérdida de sensibilidad u hormigueo en un lado del cuerpo.

 

Hay que tener en cuenta que no todos los ictus provocan dolor de cabeza intenso ni todos los síntomas son evidentes. Además, la persona puede no estar consciente para seguir órdenes, por lo que, ante la menor sospecha de ictus, hay que llamar al 061 o acudir inmediatamente a un servicio de urgencias.

 

El ictus es una emergencia sanitaria en la que el tiempo es clave

 

El ictus es una enfermedad tiempo-dependiente. Cuanto antes se actúe, mejores serán las posibilidades de recuperación.

 

El “Código Ictus” es un sistema que permite la rápida identificación, notificación y traslado de los pacientes a los servicios de urgencias hospitalarios. Su objetivo es reducir la mortalidad y minimizar las secuelas y posibles complicaciones, para lograr el mayor número de vidas independientes. Las actuaciones de reperfusión, tratamiento conservador o específico del ictus hemorrágico, que restauran el flujo sanguíneo y reducen el daño cerebral han de realizarse en las primeras 6 horas después de que este se produzca si se cumplen criterios. Por eso insistimos: no hay que demorar la petición de ayuda sanitaria, ya que cada minuto cuenta.

 

He tenido un ictus, ¿voy a recibir tratamiento?

 

Una vez que la persona se encuentra estabilizada, generalmente entre 24 y 48 horas después del ictus, suele iniciarse la neurorrehabilitación. Lo ideal es que este proceso comience en las Unidades de Ictus de los hospitales. No importa la edad de la persona para recibir tratamiento.

 

Forman parte del equipo neurorrehabilitador médicos con especialidad en medicina física y rehabilitación, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas y neuropsicólogos fundamentalmente.

 

El objetivo del tratamiento interdisciplinar es favorecer la recuperación de las funciones previas a la lesión (física, cognitiva, emocional…) y reducir las secuelas, con la prioridad de alcanzar la mayor autonomía posible y el retorno a la vida en comunidad. Es fundamental que el tratamiento individualizado comience pronto, dado que la neuroplasticidad cerebral después de la lesión está aumentada. Por término medio, la mayor recuperación se produce en torno a los 6 meses (atención hospitalaria y ambulatoria), aunque se pueden conseguir mejoras pasado este periodo (atención comunitaria), con diferencias en los programas ofertados por las distintas Comunidades Autónomas en cuanto a duración y frecuencia.

 

Los tratamientos deben ser realizados por personal especializado e incluyen actividades que van desde la intervención manual hasta la telerrehabilitación. Han de ser actividades significativas para la persona, con tareas específicas establecidas y objetivos consensuados con el paciente, de dificultad creciente y con práctica variada. Su finalidad es recuperar funciones con la mejor calidad posible y con el menor número de compensaciones.

 

A lo largo del tratamiento influye positivamente la autoeficacia del paciente, con su motivación, afrontamiento activo y perseverancia. El equipo de neurorrehabilitación también se encarga de informar y formar al entorno del paciente en los cuidados y atenciones necesarios.

 

Recuerda: incorpora a tu vida hábitos saludables y ante un ictus, actúa rápido.

La evolución de la Terapia Ocupacional en Aragón: De la tradición pionera a los nuevos retos profesionales

La evolución de la Terapia Ocupacional en Aragón: De la tradición pionera a los nuevos retos profesionales

Marta Marín Berges y María Pilar Pardo Sanz

27 de octubre de 2025

Cada 27 de octubre se celebra el Día Mundial de la Terapia Ocupacional, fecha impulsada por la World Federation of Occupational Therapists (WFOT) para reconocer la contribución global de esta disciplina a la salud, el bienestar y la justicia ocupacional. En Aragón, esta conmemoración adquiere un valor especial por el carácter pionero que la comunidad ha desempeñado en la historia de la profesión en España.

 

Desarrollo histórico en Aragón

 

La Universidad de Zaragoza implantó los estudios de Terapia Ocupacional en 1991, en la Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud, convirtiéndose en la primera universidad española en ofrecer esta titulación. Este hecho supuso un avance significativo en la profesionalización del campo y en la consolidación de una formación universitaria de calidad. A lo largo de estas tres décadas, Aragón ha formado aproximadamente a 18.000 profesionales, que hoy desarrollan su labor en todo el territorio nacional y en el extranjero, evidenciando el impacto de este modelo académico pionero.

 

Posteriormente, mediante la Ley 11/2001, de 18 de junio, de Creación del Colegio Profesional de Terapeutas Ocupacionales de Aragón, se dotó a la profesión de un órgano de representación propio, consolidando así su estructura colegial y su marco normativo. El COPTOA, primer colegio profesional de terapeutas ocupacionales en España, ha sido un actor clave en la defensa, promoción y visibilización de la profesión en nuestra comunidad autónoma, siendo referencia para los colegios profesionales que se formaron con posterioridad.

 

Estos hitos confirman que Aragón ha tenido un papel determinante en el desarrollo de la Terapia Ocupacional en España, tanto desde el ámbito académico como desde el profesional.

 

La ocupación significativa como fundamento de la práctica profesional

 

La Terapia Ocupacional defiende que la ocupación es una necesidad humana esencial y un medio fundamental para la salud y el bienestar. En las últimas décadas, el concepto de ocupación significativa ha adquirido protagonismo, entendido como aquella actividad que tiene valor y propósito para la persona y que le permite participar activamente en la sociedad.

 

Este enfoque sitúa a la persona en el centro del proceso terapéutico, considerando no sólo las habilidades funcionales, sino también sus intereses, valores, espiritualidad, roles, contextos y cultura. De esta forma, la práctica profesional en Aragón se ha ido alineando con modelos internacionales de intervención centrados en la persona y en la participación ocupacional, como son el Modelo de Ocupación Humana, el Modelo Canadiense o el Modelo Kawa, por citar solo algunos.

 

En la actualidad, numerosos proyectos en Aragón —como programas de envejecimiento activo, inclusión laboral o intervención comunitaria— reflejan la aplicación práctica de estos principios y su impacto positivo en la autonomía y la calidad de vida.

 

Los y las terapeutas ocupacionales aragoneses desarrollan su labor en múltiples contextos: sanitario, social, comunitario y laboral, aportando una mirada integral que favorece la autonomía y la inclusión.

 

Retos actuales de la profesión en Aragón

 

A pesar de los avances alcanzados, la Terapia Ocupacional en Aragón se enfrenta a una serie de retos contemporáneos que marcan la agenda profesional:

1. Reconocimiento institucional y sanitario

Es necesario consolidar la figura del y de la terapeuta ocupacional en todos los niveles del sistema público de salud, especialmente en Atención Primaria, servicios hospitalarios y programas de salud mental comunitaria. La incorporación estable de la profesión en los equipos multidisciplinares contribuiría a mejorar la continuidad asistencial y a fortalecer la atención centrada en la persona.

 

2. Impulso de la investigación y la práctica basada en la evidencia

La consolidación de grupos de investigación en Terapia Ocupacional permitirá fortalecer el conocimiento científico propio y sustentar la práctica clínica en resultados medibles y reproducibles. El establecimiento de redes colaborativas entre universidad, servicios sanitarios y colegios profesionales favorecería la transferencia de conocimiento y la innovación aplicada.

 

3. Expansión profesional hacia nuevos entornos

El y la terapeuta ocupacional están llamados a desempeñar un papel relevante en ámbitos emergentes como la accesibilidad universal, el envejecimiento activo, las tecnologías asistidas, el diseño inclusivo o la sostenibilidad social.

 

Por otro lado, aunque siga siendo un ámbito en expansión, nuestro papel en el sistema educativo —tanto en centros ordinarios como en centros de educación especial— es indiscutible y necesario. Comunidades como la Valenciana, Navarra o el País Vasco ya integran con éxito a las terapeutas ocupacionales en sus equipos interdisciplinares, y en países vecinos (Portugal, Francia o Inglaterra) nuestra figura forma parte habitual de los equipos escolares. En Estados Unidos, alrededor del 14 % de terapeutas ocupacionales trabaja en escuelas de educación primaria y secundaria, donde la intervención está reconocida como related servicepor la ley federal IDEA (Individuals with Disabilities Education Act).

 

La Terapia ocupacional escolar facilita la participación del estudiante en las ocupaciones de la escuela (aprender, jugar, autocuidado, movilidad, regulación, uso de tecnología), ajustando tareas y entornos, aportando adaptaciones, productos de apoyo, y colaborando con docentes y familias en el equipo del IEP (Plan Educativo Individualizado). Puede ofrecer apoyos universales (aula/centro), en pequeños grupos o individuales según necesidad educativa.

 

4. Sensibilización y visibilidad social

Promover el conocimiento de la profesión entre la ciudadanía es clave para reforzar su reconocimiento y fomentar la demanda de servicios de Terapia Ocupacional en todos los sectores. La comunicación efectiva, la divulgación científica y la presencia activa en medios y redes sociales son herramientas esenciales para aumentar la visibilidad y el impacto social de la profesión.

 

Conclusiones

 

Aragón ha sido, y continúa siendo, referente en la historia y el desarrollo de la Terapia Ocupacional en España. Desde la implantación universitaria en 1991 hasta la creación del COPTOA en 2001, la comunidad ha liderado procesos que han permitido profesionalizar, regular y dignificar esta disciplina.

 

Hoy, los y las terapeutas ocupacionales aragoneses afrontan un escenario cambiante que exige adaptabilidad, compromiso ético y actualización permanente. El futuro de la profesión pasa por fortalecer su base científica, consolidar su presencia en las políticas públicas y reivindicar el poder transformador de la ocupación significativa como medio para promover la salud, la participación y la justicia ocupacional.

 

El reto colectivo consiste en continuar avanzando hacia una sociedad más equitativa e inclusiva, donde cada persona tenga la oportunidad de participar plenamente en aquellas ocupaciones que dan sentido a su vida. En este camino, la Terapia Ocupacional aragonesa seguirá siendo un referente de innovación, compromiso y liderazgo profesional.

Alfabetización mediática para la salud: La vacuna contra la desinformación

Alfabetización mediática para la salud: La vacuna contra la desinformación

Carmen Marta Lazo

24 de octubre de 2025

La era hiperconectada y la pandemia de la mentira

 

Vivimos en una era hiperconectada donde la información circula más rápido que nuestra capacidad para digerirla. Las que bautizamos desde el Grupo de Investigación en Comunicación e Información Digital (GICID) de la Universidad de Zaragoza como “Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación” (TRIC) (Marta-Lazo & Gabelas, 2013) han transformado radicalmente el ecosistema mediático. La pluralidad de voces y el acceso abierto al conocimiento ha supuesto, en contrapartida, la puerta a un fenómeno cada vez más alarmante, la desinformación. Y lo que es más grave, cuando esta desinformación afecta al ámbito de la salud, sus consecuencias no solo confunden, sino que pueden costar vidas.

 

La alfabetización mediática para la salud es una necesidad urgente. Además de enseñar a consumir medios de manera crítica, se trata de dotar a la ciudadanía de herramientas para tomar decisiones informadas, basadas en evidencia científica y no en creencias virales. La “pandemia de la desinformación” afecta desde elecciones cotidianas relacionadas con la alimentación, el ejercicio o el descanso, hasta cuestiones complejas de salud pública como la vacunación, el uso responsable de medicamentos o la confianza en los sistemas sanitarios.

 

El impacto de la posverdad en la salud pública

 

En el actual ecosistema comunicativo, el fenómeno de la posverdad (los hechos objetivos tienen menos peso que las emociones o creencias personales) se manifiesta como una gran amenaza. En salud, esto se traduce en decisiones basadas en sensaciones relacionadas con «lo que vi en redes», en lugar de la evidencia contrastada y demostrada.

 

Las redes sociales, lejos de actuar como canales efectivos de información sanitaria, se han convertido en un terreno fértil para la circulación de bulos, teorías conspirativas y remedios peligrosos. Plataformas como TikTok, Instagram o YouTube están plagadas de “influencers” que, sin formación médica ni rigor, recomiendan dietas extremas, productos milagrosos o terapias alternativas sin base científica.

 

Durante la pandemia de COVID-19 lo vivimos con especial dramatismo, proliferaron tratamientos sin evidencia, teorías antivacunas, noticias falsas sobre efectos secundarios, pero el problema no terminó ahí, siguió con contenidos pseudocientíficos con apariencia de autoridad, relativizando el valor de décadas de investigación médica.

 

Cámaras de eco y el sesgo de confirmación

 

La manera en que consumimos información está fuertemente mediada por algoritmos. Las cámaras de eco alimentan nuestros sesgos cognitivos y nos hacen más vulnerables a aceptar informaciones que confirman lo que creemos, sin pasar por filtros racionales. En salud, esto puede llevar a rechazar tratamientos médicos validados o a adoptar conductas de riesgo, convencidos de que son «lo mejor» para nuestro cuerpo.

 

El resultado de estas dinámicas erróneas afecta a personas que autodiagnostican enfermedades graves siguiendo videos de treinta segundos, padres y madres que rechazan vacunar a sus hijos por miedo a efectos inventados, jóvenes que ponen en riesgo su salud física y mental por alcanzar estándares estéticos irreales promovidos en redes. De este modo, la salud, que supone un derecho fundamental, se ve amenazada no solo por virus o enfermedades, sino también por la ausencia de pensamiento crítico en el tratamiento informativo.

 

La alfabetización mediática como competencia esencial

 

Frente a esta «infodemia», la alfabetización mediática debe extenderse al terreno de la salud con la misma urgencia y sistematización con la que se promueven campañas de vacunación o prevención al tabaquismo. Saber identificar fuentes fiables, contrastar datos, entender el funcionamiento de los algoritmos, reconocer sesgos y detectar intenciones ocultas detrás de ciertos discursos debe formar parte del currículum educativo básico. Se trata de capacitar ciudadanos libres, críticos y responsables para potenciar el derecho a recibir información veraz en una sociedad democrática.

 

La alfabetización mediática para la salud puede definirse como la capacidad para acceder, comprender, evaluar críticamente y utilizar información de salud de manera eficaz. Esta capacitación implica entender cómo se construyen los discursos mediáticos, cómo circulan los contenidos en redes y cómo nuestra percepción puede ser moldeada por lo que consumimos.

 

La UNESCO plantea que la Alfabetización Mediática e Informacional (AMI/MIL) proporciona un conjunto de habilidades esenciales para hacer frente a los desafíos del siglo XXI. En el ámbito de la salud, no puede depender únicamente de campañas puntuales, es necesaria una estrategia educativa estructural, transversal y continua, que incorpore estas competencias desde la infancia hasta la formación universitaria y también en ámbitos de educación no formal. La alfabetización mediática debe considerarse una herramienta de salud pública.

 

Responsabilidad compartida entre medios, sistema educativo y ciudadanía

 

El problema de la desinformación en salud no puede combatirse desde un solo frente, requiere la articulación de varios actores sociales:

Los medios de comunicación, que deben recuperar su función pedagógica y priorizar el rigor frente al clic fácil. Los periodistas especializados en salud tienen la enorme responsabilidad de traducir el lenguaje técnico sin banalizar el contenido, contextualizar sin alarmar y verificar cada dato.

El sistema educativo, que debe incorporar la alfabetización mediática desde la infancia. Enseñar a los niños a desconfiar de los titulares sensacionalistas y a no compartir contenidos sin verificar, es tan importante como enseñar matemáticas o historia.

La ciudadanía, que debe asumir un rol activo como EMIREC (emisor-receptor), entendiendo que compartir información es una forma de intervenir en la salud colectiva. Cada mensaje difundido puede llegar a salvar o a perjudicar vidas. Por tanto, debemos actuar con responsabilidad, criterio y compromiso.

 

Además, urge exigir mayor transparencia a las plataformas digitales sobre sus algoritmos, así como fomentar políticas públicas que regulen la difusión de contenidos sanitarios falsos, protegiendo el derecho a la verdad.

 

Como sociedad, tenemos que entender que la verdad, especialmente cuando hablamos de salud, no es negociable. Educar en alfabetización mediática para la salud no es un lujo académico ni una moda educativa, es una vacuna social contra el virus de la mentira. Una vacuna que, como todas las que funcionan, debe llegar a todos y administrarse cuanto antes para protegernos de males como los bulos, las estafas u otros mecanismos de ciberdelincuencia.

 

La alfabetización mediática no solo nos protege del engaño, nos empodera como ciudadanos y nos ayuda a construir una sociedad más informada, crítica y sana.

Palabras atrapadas: La tartamudez en la infancia y sus desafíos educativos

Palabras atrapadas: La tartamudez en la infancia y sus desafíos educativos

Sara Alcaina Martínez y Yolanda Martínez Santos

22 de octubre de 2025

La tartamudez es un trastorno de la fluidez del habla caracterizado por interrupciones involuntarias en la comunicación oral, como repeticiones, prolongaciones o bloqueos. Se trata de un trastorno crónico del desarrollo neurológico que afecta al 1% de la población. Aunque puede aparecer en cualquier etapa de la vida, la mayoría de los casos comienzan en la infancia, entre los 2 y 6 años. Esta etapa coincide con un momento crucial del desarrollo del lenguaje, por lo que el impacto en la vida escolar y social puede ser significativo.

 

Cada 22 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Concienciación sobre la Tartamudez, impulsado por asociaciones internacionales con el fin de visibilizar este trastorno y promover la inclusión educativa y social.

 

Naturaleza y características de la tartamudez

 

Desde un punto de vista clínico, la tartamudez se manifiesta mediante tres tipos principales de disfluencias del habla: repeticiones de sílabas o palabras, prolongaciones de sonidos y bloqueos silenciosos. Aunque durante años se pensó que era un problema meramente psicológico, las investigaciones actuales coinciden en que es un trastorno multifactorial, donde convergen factores genéticos, neurobiológicos y ambientales.

Genética: hasta un 70 % de los casos presenta antecedentes familiares de tartamudez.

Neurología del lenguaje: se han identificado diferencias en la activación cerebral en áreas motoras y de procesamiento del habla.

Factores emocionales: la ansiedad y el estrés no originan la tartamudez, pero sí pueden agravarla.

 

En muchos niños la tartamudez desaparece de manera espontánea, pero en otros se mantiene y condiciona el desarrollo educativo y social.

 

Impacto en la educación

 

El ámbito escolar es un espacio clave donde la tartamudez puede generar consecuencias visibles. Aunque no afecta a la inteligencia ni a las capacidades cognitivas, sí condiciona la forma en que el niño participa, se comunica y se percibe a sí mismo

 

Comunicación oral en clase. Las actividades escolares demandan la expresión oral: leer en voz alta, participar en debates o responder preguntas. Para un niño con tartamudez, estas situaciones pueden ser fuentes de ansiedad, lo que incrementa la disfluencia y puede llevar a la evitación de la participación social.

 

Rendimiento académico. La tartamudez no reduce la capacidad intelectual, pero puede afectar indirectamente al rendimiento. El temor a ser evaluado negativamente o a sufrir burlas puede inhibir la participación y generar un bajo desempeño en actividades orales.

 

Autoestima y relaciones sociales. La burla o el acoso escolar son riesgos frecuentes. Esto deteriora la autoestima, genera retraimiento social y limita el aprendizaje cooperativo.

 

El papel de los docentes y compañeros. Las actitudes del entorno escolar son determinantes. La impaciencia, interrumpir al niño o completar sus frases refuerza su inseguridad. En contraste, un clima de respeto y tiempo suficiente para expresarse reduce la presión comunicativa.

 

Estrategias educativas de apoyo

 

La intervención temprana es clave para minimizar el impacto de la tartamudez en la vida académica. Entre las estrategias más destacadas están:

 

Terapia del lenguaje: los logopedas proporcionan técnicas que favorecen la fluidez y ayudan al niño a desarrollar confianza.

 

Capacitación docente: formar a los maestros para comprender el trastorno y fomentar prácticas inclusivas.

 

Adaptaciones escolares: ofrecer alternativas en exposiciones, como grabaciones o presentaciones en grupos pequeños.

 

Trabajo con las familias: evitar la presión por hablar “bien” y fomentar un ambiente comunicativo relajado.

 

Prevención del acoso escolar: promover programas de convivencia que incluyan información sobre la tartamudez.

 

¿Existe una medicación para el tratamiento de la tartamudez?

 

A lo largo de las últimas décadas se han explorado tratamientos farmacológicos para el tratamiento de la tartamudez, en particular fármacos que actúan sobre la dopamina, como los fármacos antipsicóticos atípicos como la risperidona u olanzapina. Algunos estudios clínicos han demostrado mejorías parciales en la fluidez, pero los resultados han sido variables y los efectos secundarios considerables.

 

Actualmente, no existe un tratamiento aprobado de forma generalizada para este trastorno.

 

La intervención logopedia para enseñar técnicas de fluidez, terapia cognitivo-conductual para abordar la ansiedad asociada, dispositivos electrónicos de ayuda y el apoyo familiar y educativo siguen siendo las herramientas más eficaces

 

En este contexto, se ha promovido un movimiento de desmedicalización. Dejar de considerar la tartamudez como una enfermedad que necesita una cura y comprenderla más bien como una condición de la comunicación. Este enfoque reduce el estigma, favorece la inclusión y pone el acento en la diversidad comunicativa.

 

Más allá del aula: un enfoque integral

 

El abordaje de la tartamudez debe trascender la escuela. Este trastorno influye en la identidad, las relaciones sociales y la elección de futuros estudios o profesiones. Un enfoque integral debe incluir: apoyo logopédico y psicológico, implicación activa de la familia, programas escolares inclusivos y concienciación social para eliminar prejuicios.

 

Cabe recordar que la tartamudez no limita el potencial de una persona. Figuras públicas como Winston Churchill, Marilyn Monroe o Ed Sheeran la han experimentado y aun así lograron destacarse en ámbitos donde la comunicación es central.

 

Reflexiones finales

 

La tartamudez infantil es un trastorno complejo de la fluidez verbal que, si bien no afecta la capacidad cognitiva, puede condicionar seriamente la vida escolar y emocional de los niños. La escuela juega un papel crucial: puede ser un espacio de exclusión y ansiedad, o un lugar de inclusión y confianza.

 

La intervención temprana, la sensibilización docente y la eliminación del estigma social son elementos fundamentales para garantizar que los niños con tartamudez puedan desarrollarse plenamente en el ámbito educativo y personal.

 

Durante siglos se ha querido curar la tartamudez. Hoy sabemos que no se trata de eliminarla, sino de comprenderla y de ofrecer un entorno en el que cada voz, con pausas o repeticiones, tenga el mismo derecho a ser escuchada.

¿Por qué trabajar no debería costar la salud?

¿Por qué trabajar no debería costar la salud?

Sergio Hijazo-Larrosa

22 de octubre de 2025

Vivir es un riesgo. Esta idea ha sido ampliamente tratada desde la filosofía y la psicología. En ese contexto, el riesgo se entiende como un elemento positivo, incluso como una oportunidad para definir qué es la vida y por qué debe asumirse. Sin embargo, el trabajo no puede ser un riesgo. En el ámbito laboral, el concepto de riesgo se asocia directamente con la causa de posibles daños. Y esas consecuencias, cuando afectan a la salud, son siempre negativas y conllevan un deterioro. Este artículo busca aclarar algunos aspectos sobre el trabajo y la seguridad laboral, así como explicar cómo se regula en España la normativa aplicable una vez que se ha producido un daño.

 

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo establece los riesgos existentes agrupados en las siguientes categorías: riesgos derivados de la seguridad en el trabajo, riesgos ergonómicos, riesgos psicosociales, riesgos químicos, riesgos biológicos y riesgos físicos. En 1995 se redactó la actual Ley de Prevención de Riesgos Laborales (Ley 31/1995 de 08 de noviembre) que, por primera vez, intentaba no sólo corregir las situaciones donde ya se presentaban esos riesgos, sino enfrentarlos en su origen con el fin de llegar a minimizarlos o, de hecho, eliminarlos antes de que ocurrieran. La aparición de esta Ley inició un proceso de transformación en la forma de ver y pensar la prevención y la salud laboral en las empresas, las personas trabajadoras y la Administración General. Tras un recorrido de 30 años, está ya en el punto de mira de una próxima reforma.

 

Cuando los daños para la salud ya se han producido, su clasificación está regulada en la ley. Estas normas se apoyan, por un lado, en una amplia evidencia que demuestra la relación entre el riesgo existente y el daño causado y, por otro, en los principios clínicos que responden a las condiciones actuales de trabajo. En este sentido, es importante señalar que la Administración se basa también en el conocimiento aportado por sociedades científicas. Se trata de asociaciones de profesionales de diferentes ámbitos —como la ingeniería, la medicina o la enfermería— que contribuyen al desarrollo de la prevención de riesgos laborales.

 

Las situaciones asociadas al desempeño de un trabajo o actividad por cuenta ajena son denominadas contingencias profesionales. Estas contingencias se dividen en dos categorías, accidente de trabajo y enfermedad profesional.

 

El accidente de trabajo se entiende como toda lesión corporal que la persona trabajadora sufre con ocasión o por consecuencia del trabajo que realiza. Es, en definitiva, un hecho puntual, un suceso repentino que ocurre durante el desarrollo de la actividad laboral. Actuaciones como ir o volver del trabajo, o el agravamiento de enfermedades previas a consecuencia de la lesión constitutiva del accidente, se consideran también en este epígrafe.

 

Por otro lado, la definición existente de enfermedad profesional se recoge en el artículo 157 Real Decreto Legislativo 8/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General de la Seguridad Social. Esta definición indica que se entenderá como enfermedad profesional toda aquella que sea contraída a consecuencia del trabajo efectuado por cuenta ajena en las actividades que se especifiquen y que esté provocada por la acción de los elementos o sustancias que se indiquen para cada enfermedad profesional. Es decir, precisa que la persona trabajadora esté expuesta prolongadamente al riesgo que la genera. Por tanto, la aparición de la sintomatología que la caracteriza es mucho más lenta. Aquellas enfermedades que se producen en el desarrollo de la actividad laboral pero que no están contempladas como profesionales, ni tienen como riesgos asociados los recogidos en el listado de las enfermedades profesionales serán consideradas como enfermedades del trabajo, y se agrupan en la clasificación de accidentes de trabajo.

 

En la actualidad, todas estas características están recogidas en el Real Decreto 1299/2006 de 10 de noviembre.

 

La indicación de estas contingencias está reconocida por el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), las Mutuas de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales o las empresas colaboradoras en la gestión de dichas contingencias. Cuando se está en disconformidad con la declaración, habitualmente el no reconocimiento del accidente de trabajo o la enfermedad profesional, la persona interesada puede solicitar por escrito la iniciación de un procedimiento de determinación o aclaración de la contingencia ante la Dirección Provincial del INSS. Si la resolución de esta Dirección también fuera contraria a los intereses o creencias de la persona, esta puede iniciar una demanda ante el Juzgado de lo Social.

 

Una vez vista la vía de la estructura legal del daño, se antoja necesario volver a hablar del riesgo. En este sentido, eliminarlo, o al menos minimizar sus consecuencias también depende de la percepción individual del mismo. Conocer y seguir las recomendaciones en materia de prevención y ser consecuente con las normas de seguridad son actitudes precisas y necesarias para intentar conseguir que el trabajar no implique perjuicios en la salud de las personas.

Más allá del diagnóstico: el camino de Cristina durante el cáncer de mama

Más allá del diagnóstico: el camino de Cristina durante el cáncer de mama

Cristina Caudevilla García

19 de octubre de 2025

A los 37 años, Cristina Caudevilla trabajaba como técnico de Educación Infantil y cuidaba de sus dos hijas pequeñas. La rutina diaria transcurría entre el trabajo, la familia y los planes cotidianos, hasta que en enero de 2024 un diagnóstico de cáncer de mama interrumpió su normalidad.

Actuar ante las señales

“En septiembre me noté un bulto, pero pensé que era por la lactancia”, recuerda Cristina. Su hija pequeña tenía apenas siete meses, y ella seguía con lactancia materna. Esperó unos meses, pero el bulto no desapareció. En diciembre acudió a su médico de cabecera, quién solicitó una ecografía preferente. Sin embargo, los plazos se alargaban.

“Era Navidad, y hablando con la familia decidí pedir cita en un centro privado. Me dieron cita el 3 de enero, me hicieron eco y mamografía todo el mismo día… y me dijeron que no pintaba bien”.

Acudió sola. Salió de allí llorando y tomó un taxi a casa para contarlo a su familia, quién le acompañó al hospital público con los informes en la mano y logró que la atendieran de inmediato en la Unidad de Mama. “Ese mismo día viendo el informe me hicieron las tres biopsias. El 9 de enero me confirmaron el diagnóstico: cáncer de mama. Tenía 37 años”.

Esa rapidez fue clave: “Mi primera quimio fue el 25 de enero, un día después de mi cumpleaños. Si me hubiera esperado a la cita del hospital público prevista para el 15 de febrero, habría empezado el tratamiento casi dos meses más tarde”.

Cristina insiste en la importancia del diagnóstico precoz: “A veces el sistema va más lento de lo que debería. Por eso es fundamental que las mujeres aprendan a explorarse y acudan al médico ante cualquier duda. Yo no estaba en edad de cribado; por protocolo, las mamografías empiezan a los 50. Si no llego a actuar por iniciativa propia, quizá habría sido demasiado tarde.”

Su experiencia ha tenido un efecto de concienciación en su entorno: “Ahora todas mis amigas cada vez que se notan un bulto o algo, están concienciadas. Me dicen: ‘Cris, esto…’ `Cris, lo otro …’. Todas han empezado a explorarse, a ir a los médicos, a hacerse revisiones. Antes era algo que dejabas pasar.”

Recibir la noticia: gestionar el impacto emocional

Recibir un diagnóstico de cáncer nunca es fácil. Cristina recuerda aquel momento como “un shock”, pero sorprende su serenidad al contarlo. “Nunca pensé en la muerte. Siempre confié en los médicos y fui paso a paso. Lo más difícil fue pensar en mis hijas: cómo decírselo, cómo reorganizarlo todo.”

La menor no tenía todavía el año, y la lactancia tuvo que interrumpirse de inmediato. “Pasó al biberón sin problema. Tomé la pastilla para cortar la leche y seguimos adelante. La mayor tenía tres años, y ahí fue más complicado: cómo explicarle que mamá ya no iba a trabajar y que iba a llevar un pañuelo en la cabeza”.

En ese punto, Cristina y su marido buscaron apoyo psicológico en la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). “Fui a la AECC enseguida, porque necesitaba saber cómo afrontar la situación en casa. Nos atendió una psicóloga que nos ayudó a cómo hablar con la niña. Nos dio pautas, libros y consejos muy útiles. No hicieron falta más sesiones: lo gestionamos en casa con naturalidad, pero su ayuda fue esencial al principio.”

Además del apoyo psicológico, Cristina recibió orientación de la trabajadora social de la asociación. “Ella nos explicó los recursos disponibles, las ayudas económicas y los permisos laborales. Desde el hospital público no te dan esa información. Si no lo buscas tú, no sabes que existen”.

Cristina añade: “Cuando te dan el diagnóstico, te cambian la vida de golpe. No sabes qué va a pasar ni cómo se va a reorganizar todo, pero poco a poco vas avanzando.”

Una red que sostiene

“En todo momento estuve acompañada”, cuenta Cristina. Su marido no faltó a ninguna cita, y sus padres, su hermana y sus suegros se volcaron en el cuidado de las niñas. “Vivimos todos en Zaragoza, y eso ha sido una suerte. Los abuelos se turnaban para recogerlas, darles de cenar o quedarse con ellas si yo tenía pruebas que implicaban aislamiento. En casa nunca estuvimos solos.”

También el entorno laboral tuvo un papel relevante. Cristina llevaba solo tres meses en su nuevo trabajo cuando tuvo que coger la baja. “Se lo comuniqué ese mismo día. No fue fácil, pero era inviable seguir trabajando con bebés mientras hacía pruebas o quimio. No es un trabajo que se pueda adaptar al teletrabajo”.

Desde entonces, mantiene el contacto con sus compañeras: “Siempre ha habido buen trato. Ahora mismo sigo de baja, y estoy deseando volver a trabajar con niños cuando esté al cien por cien”.

Además del apoyo familiar y laboral, Cristina ha encontrado un nuevo espacio de comprensión mutua “Ahora mismo tengo un grupo de cuatro personas con las que quedo una vez al mes, de diferentes edades y todas con diferentes tipos de cáncer de mama. Hablamos tanto de la enfermedad como de nuestra vida. Nos desahogamos entre nosotras.”

Durante el proceso, Cristina aprendió algo fundamental: aceptar ayuda. “Al principio me costaba aceptar ayuda, pero entendí que no podía con todo. Aprendí a dejarme cuidar, a delegar”, cuenta Cristina. “Mis padres, mi marido, mis suegros, mi hermana… todos querían ayudar, y poco a poco fui soltando. Antes quería controlarlo todo, pero con la enfermedad eso cambia. Te das cuenta de que no pasa nada por dejarte ayudar, aunque las cosas no se hagan exactamente como a ti te gustaría. Lo importante es que se hagan”

También destaca el valor del acompañamiento en las consultas médicas: “Yo recomiendo venir siempre acompañado. Escuchan más cuatro orejas que dos. Estás nerviosa y no retienes todo, así que tener a alguien contigo es fundamental.”

El apoyo fuera del sistema sanitario

Gran parte del apoyo emocional y físico que Cristina ha recibido ha venido de fuera del sistema sanitario. Tras los primeros meses de tratamiento, acudió también a AMAC GEMA, una asociación aragonesa de mujeres con cáncer de mama y ginecológico: “Me informaron desde el principio, pero me hice socia después de la operación. Allí he encontrado atención de fisioterapia para el linfedema, talleres, ejercicio terapéutico y compañía.”

En la actualidad, Cristina también colabora como voluntaria. “Formo parte del programa Contigo, donde visitamos institutos y colegios para contar nuestra experiencia y concienciar a los jóvenes. Es una manera de devolver lo que he recibido. Si mi testimonio sirve para que alguien se haga una revisión o sepa cómo actuar ante un diagnóstico, ya merece la pena.”

Lo que no se ve

Más allá de los tratamientos, la enfermedad implica muchos cambios invisibles: en el cuerpo, en la rutina y en la percepción social. “Tu aspecto cambia, y debes decidir si te pones peluca, pañuelo o nada. Yo no dejé de hacer vida normal, aunque fuera con camiseta en la playa. No hay que esconderse.”

Su mayor deseo es que la sociedad entienda que vivir con cáncer no significa rendirse ni aislarse, sino adaptarse y seguir adelante. “Yo nunca me he ocultado. Hablo con todo el mundo, en la sala de espera, en los talleres… ahora tengo un grupo de cuatro nuevas amigas que nos vemos cada mes. Hablamos de la enfermedad, pero también de la vida.”

Entrevista realizada por Alba Medina Castillo