Vacunarse es prevenir. Una responsabilidad individual con impacto colectivo

Vacunarse es prevenir. Una responsabilidad individual con impacto colectivo

 Ánxela Crestelo Vieitez 

 12 de noviembre de 2025 

En mi día a día como médica internista, veo con frecuencia cómo una decisión tan sencilla como vacunarse puede marcar la diferencia entre una vida saludable y una enfermedad grave. Las vacunas no solo protegen a quien las recibe, sino que también actúan como un escudo colectivo que resguarda a toda la comunidad.

 

La vacunación es una de las herramientas más eficaces que tenemos para prevenir enfermedades infecciosas. Gracias a ella, hemos logrado erradicar o controlar patologías que en el pasado causaban miles de muertes, como la viruela o la poliomielitis. Pero su valor va mucho más allá de la historia: hoy, en pleno siglo XXI, sigue siendo esencial para frenar enfermedades como la gripe, el COVID-19, el virus respiratorio sincitial (VRS) o la neumonía, especialmente en personas mayores o con enfermedades crónicas.

 

Con motivo del Día Mundial de la Neumonía, que se celebra el 12 de noviembre, es especialmente importante destacar la vacunación frente al neumococo, una de las principales causas de neumonía bacteriana. Esta vacuna es fundamental para prevenir infecciones graves, especialmente en personas mayores, niños pequeños y pacientes con enfermedades crónicas o inmunodeprimidos.

 

La prevención es el pilar de la medicina moderna. No se trata solo de evitar una infección, sino de impedir sus complicaciones: hospitalizaciones, secuelas a largo plazo o incluso la muerte. Las vacunas activan nuestras defensas naturales para que estén preparadas antes de que el virus o la bacteria nos ataque. Es como entrenar al sistema inmunitario para que reaccione con rapidez y eficacia.

 

Además, vacunarse es un acto de solidaridad. Al protegernos, reducimos la circulación de los patógenos y protegemos a quienes no pueden vacunarse por razones médicas. Es una forma de cuidar a nuestros mayores, a los bebés, a las personas inmunodeprimidas. Es, en definitiva, un compromiso con la salud pública.

 

Sé que a veces surgen dudas: ¿son seguras?, ¿realmente necesarias? La respuesta es sí. Las vacunas pasan por rigurosos controles científicos y su eficacia está ampliamente demostrada. Los efectos secundarios, cuando aparecen, suelen ser leves y pasajeros, muy inferiores a los riesgos de la enfermedad que previenen.

 

Por todo ello, mi mensaje es claro: vacúnate. Hazlo por ti, por tu familia, por tu comunidad. Porque prevenir es vivir con responsabilidad, con conciencia y con esperanza.

Las experiencias de la adopción: Caminos de encuentros y sueños compartidos

Las experiencias de la adopción: Caminos de encuentros y sueños compartidos

Ángel Gasch Gallén

9 de noviembre de 2025

Desde 2014 el 9 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Adopción. Aunque no existe una convención desde organismos internacionales, Naciones Unidas impulsó el mismo mes el Día Mundial de la Infancia, día destacado para defender y promover los derechos de todos los niños y niñas del mundo, incluido el derecho a crecer en un entorno familiar saludable. También es conocida la Convención sobre los Derechos del Niño del año 1989.

 

Pero el porqué de la falta de esta convención internacional específica sobre adopción podemos encontrarlo en las grandes diferencias que, sobre estos procesos, se dan entre los países. De hecho, esta es una de las primeras barreras que podemos encontrar a la hora de hablar y comprender qué significan los procesos de adopción.

 

En nuestro contexto, se trata de un proceso que se corresponde con una medida muy excepcional, que se da en el caso en el que la niña/o o adolescente ya no pueda permanecer con su familia. En este sentido, hay que destacar el derecho de las niñas y niños a tener una familia y evitar otro tipo de preconcepciones sobre el desarrollo personal, el derecho a la crianza u otros mitos de las personas adultas cuando buscan construir una familia.

 

El interés superior del/la menor es el primer punto que se destaca desde que cualquier familia desea iniciar el proceso de acogimiento preadoptivo con fines de adopción, por lo que la frase “es posible que nunca llegue tu hijo/a”, está presente desde el comienzo, lo que no tiene porqué restarle ni una pizca de ilusión. También durante el proceso se disipan dudas en cuanto a la terminología (adopción, acogimiento, guarda con fines de adopción, entre otros conceptos) y también otros mitos sobre el tipo de adopción. Un ejemplo es la diferencia entre la adopción nacional y la internacional y ciertas leyendas sobre la comercialización. No se puede pagar por tener un hijo/a en este tipo de proceso, pero hay ocasiones en la adopción internacional en las que los acuerdos con las entidades intermediarias, los viajes requieren desembolsos económicos para este tipo de gastos. Es importante conocer claramente como es cada proceso, porque el desconocimiento produce un impacto social importante, nutrido a base de leyendas o suposiciones, que pueden generar malestar en las criaturas adoptadas y sus familias.

 

La adopción nacional es un proceso que se inicia con la documentación y solicitud, continuado por la realización de un curso vivencial y su seguimiento por parte de un equipo de profesionales de la administración, que tiene como fin otorgar, si se da el caso, lo que se conoce como el certificado de idoneidad.

 

Y lo más importante: mientras tanto, ¿dónde están los niños y las niñas? Esta pregunta debería estar siempre presente porque es clave ya que corresponde a veces con los primeros momentos de vida del/la hijo/a o con momentos de cambio decisivos en el futuro desarrollo. El trabajo de las familias de acogida es ingente e incalculable y los entornos que se crean, llenos de cariño y seguridad, son la base para el desarrollo del niño o la niña. Por eso estas experiencias deben ser visibilizadas en la medida de las necesidades y decisiones que poco a poco tomará el niño o la niña. Es imprescindible que se escuchen las voces de las niñas/os y adolescentes adoptados/as, por lo que toda persona que pueda tener relación con el acompañamiento a familias en los procesos de adopción debería estar informada sobre las demandas y actuaciones de entidades y asociaciones de personas adoptadas y de familias adoptivas. El derecho al respeto y conocimiento de la historia de vida y el acompañamiento en el impacto que esta historia puede tener en la construcción del proyecto vital del/la menor, es clave, pero en algunas ocasiones, quizás por desconocimiento, miedo o incomodidad, se tiende a construir una brecha con relación a “lo que pasó antes de la adopción”. Desde los acompañamientos a las familias se insiste en este derecho y se asesora sobre las mejores maneras de manejarlo en cada caso.

 

Otro de los mitos que existen sobre la adopción hace referencia a la naturaleza del vínculo en las relaciones de adopción. Aunque lógicamente las experiencias personales son diversas, la manifestación del vínculo en estas relaciones también surge desde la entraña. Es algo que sin saber cómo, va apareciendo en muy pocos días tras el inicio de la convivencia, resulta tan fácil quererse, cuidarse y preocuparse, que es casi imposible no incorporar estas experiencias. Hay que tener presente lógicamente que no todo es un campo de lavandas y hay momentos muy difíciles, con mochilas complicadísimas con las que hay que hacerse fuerte o, en los momentos necesarios, pedir ayuda.

 

Como puede observarse, los procesos de adopción, por su excepcionalidad entre todas las medidas de protección de la infancia que existen en nuestro país, son altamente controlados y los equipos de profesionales tienen competencias muy específicas y gran capacidad de manejo de la diversidad de casos. Otra cuestión son las lagunas que existen en la sociedad en general. Aparte de las ideas preconcebidas que se han comentado, es imprescindible que las y los profesionales de salud tengan una mirada activa de respeto y conocimiento, por lo que actuaciones como la formación intersectorial, que faciliten momentos de convivencia entre profesionales que trabajan con la infancia (protección de menores, educación y salud) se vuelve imprescindible.

 

Hay que tener muy presente que cada proceso de adopción y cada vida de un/a menor o adolescente adoptado/a es diferente y como sociedad tenemos el deber de acoger y acompañar, buscando romper con estereotipos que todavía existen sobre las familias. Estos estereotipos crean situaciones difíciles que pueden afectar negativamente a familias que pueden encontrarse en determinados momentos, en posiciones de mayor vulnerabilidad. Por ello, las familias adoptantes también son familias de madres solas, familias homoparentales, familias para las que los significados y vivencias de la adopción pueden ser muy diferentes.

 

Lo que está claro es que los procesos de adopción, como pasa en los procesos de crianza, son muy diversos y las experiencias de las personas implicadas son únicas. Como sociedad también tenemos el reto pendiente de escuchar y legitimar las voces de la infancia, saber acompañar, aprender a criar y cuidar es algo que se produce a lo largo de toda la vida y las experiencias de las niñas, niños y adolescentes adoptados/as, nos ofrecen enseñanzas que tenemos que aprender a descodificar, para conseguir construir una sociedad más justa. 

Nuevos tiempos, nuevos retos: ¿mismos cuidados?

Nuevos tiempos, nuevos retos: ¿mismos cuidados?

Dolores Torres-Enamorado

7 de noviembre de 2025

Las transformaciones demográficas y sociales de las últimas décadas han generado nuevos desafíos en el ámbito del bienestar social y sanitario, especialmente en relación con el cuidado de las personas dependientes. El envejecimiento poblacional, la prolongación de la esperanza de vida y los cambios familiares han incrementado la demanda de cuidados en un contexto donde los servicios sociosanitarios resultan insuficientes.

 

El cuidado, entendido como las actividades orientadas al mantenimiento de la vida y la salud, ha sido históricamente invisibilizado, relegado al ámbito doméstico y atribuido casi en exclusiva a las mujeres. Actualmente, este trabajo —esencial para la sostenibilidad social y sanitaria— ocupa un lugar central en el debate público, aunque continúa siendo una labor poco reconocida y desigualmente distribuida. De ahí la necesidad de repensar los modelos tradicionales e incorporar estrategias que garanticen la equidad, la corresponsabilidad y el bienestar tanto de las personas cuidadas como de las cuidadoras.

 

La Organización Mundial de la Salud estima que, para 2030, una sexta parte de la población mundial tendrá más de 60 años, y esta cifra se duplicará en 2050. Este envejecimiento conlleva un aumento de la dependencia y una mayor demanda de cuidados familiares y comunitarios. Sin embargo, muchas personas mayores también asumen el rol de cuidadoras, especialmente abuelas y abuelos, lo que exige políticas públicas que promuevan su bienestar y eviten que el cuidado de otros implique el descuido propio.

 

El envejecimiento no es un proceso homogéneo: mientras algunas personas presentan limitaciones funcionales, otras mantienen una vida activa y contribuyen al sostenimiento familiar. Es necesario reconocer esta doble condición de receptoras y proveedoras de cuidados, y desarrollar políticas que prevengan el agotamiento derivado del cuidado prolongado.

 

Históricamente, el cuidado ha sido un trabajo no remunerado y feminizado, sostenido por mujeres en el ámbito doméstico. Este modelo tradicional, anclado en valores patriarcales, ha generado una profunda desigualdad de género al asumir que el cuidado es una extensión natural del rol femenino. Sin embargo, los cambios demográficos, la mayor inserción laboral de las mujeres y la creciente demanda de atención han impulsado la diversificación de los agentes del cuidado.

 

En este contexto, se observan tres tendencias principales. En primer lugar, la incorporación de los hombres al ámbito del cuidado, que supone un avance hacia la corresponsabilidad de género, aunque todavía limitado. El perfil más común del cuidador masculino es el de un varón urbano, casado, familiar de primer grado de la persona cuidada y sin formación específica en cuidados. La mayoría son jubilados o desempleados y cuidan a una única persona —generalmente una mujer— durante largos periodos, presentando más de la mitad síntomas de sobrecarga y afectación de su salud física y emocional.

 

A pesar de ello, los hombres cuidadores suelen valorar positivamente su relación con el sistema sanitario. Consideran el entorno familiar el espacio más idóneo para cuidar y muestran rechazo a la institucionalización. No obstante, persisten actitudes tradicionales: prefieren recibir ayuda femenina, perpetuando la división sexual de las tareas, y tienden a reproducir roles patriarcales que justifican su menor implicación directa en algunas actividades. Pese a estas limitaciones, su incorporación al cuidado representa una oportunidad para resignificar socialmente esta labor y avanzar hacia la igualdad.

 

En segundo lugar, el papel de abuelas y abuelos como cuidadores intergeneracionales ha adquirido una relevancia creciente; contribuyendo al sostenimiento de las familias ofreciendo cuidado continuo a nietos o familiares dependientes. Este fenómeno ha amortiguado la falta de recursos asistenciales y de personal de apoyo, aunque con consecuencias sobre la salud y el bienestar de los cuidadores mayores. El reconocimiento de estas dinámicas exige la implementación de programas de apoyo y de políticas que valoren su contribución sin sobrecargarlos ni poner en riesgo su autonomía.

 

En tercer lugar, la población migrante se ha convertido en un pilar fundamental del actual sistema de cuidados, tanto en España como en otros países europeos. En su mayoría mujeres, las personas migrantes asumen tareas de cuidados en condiciones de precariedad laboral, con jornadas prolongadas y escasa protección social. Su papel, indispensable para sostener la red de cuidados, demanda un mayor reconocimiento institucional y la incorporación de políticas que garanticen derechos laborales, regularización administrativa y formación específica.

 

Por último, la teleformación o teleeducación en salud se perfila como una estrategia clave para afrontar las limitaciones del sistema actual. Las personas cuidadoras, especialmente las familiares, encuentran obstáculos para acceder a programas presenciales de formación y apoyo por falta de tiempo, incompatibilidades horarias o barreras geográficas. En este contexto, las herramientas digitales —plataformas en línea, foros virtuales, clases síncronas y recursos educativos asíncronos— se presentan como alternativas eficaces que facilitan la adquisición de competencias, la comunicación entre cuidadores y el acompañamiento profesional a distancia.

 

La teleformación favorece la equidad, permitiendo que cualquier persona cuidadora, independientemente de su edad, ubicación o nivel socioeconómico, acceda a recursos de calidad. Además, contribuye a reducir la sobrecarga emocional y el aislamiento social al ofrecer espacios de aprendizaje, intercambio y apoyo mutuo. No obstante, se requiere seguir investigando sobre la eficacia y sostenibilidad de estas intervenciones, así como sobre su adaptación a las diversas realidades culturales y tecnológicas de las personas cuidadoras.

 

En definitiva, los cambios demográficos y sociales contemporáneos exigen repensar el modelo de cuidados desde una perspectiva más inclusiva, corresponsable y sostenible. El incremento de la dependencia, la insuficiencia del sistema sociosanitario y la feminización histórica del cuidado han revelado la urgencia de desarrollar estrategias innovadoras que respondan a las nuevas necesidades.

 

Entre las líneas prioritarias de acción se identifican: la incorporación progresiva de los hombres al cuidado familiar, que contribuye a redistribuir responsabilidades y desafiar los roles de género tradicionales; el reconocimiento y apoyo al papel de abuelos y abuelas como cuidadores intergeneracionales; la protección y valorización del trabajo de la población migrante, que constituye una fuerza esencial en el ámbito doméstico; y la implementación de programas de teleformación que promuevan el autocuidado, la capacitación y el acompañamiento de las personas cuidadoras.

Los cuidados enfermeros: Dos triángulos para la reflexión

Los cuidados enfermeros: Dos triángulos para la reflexión

Concha Germán Bes

5 de noviembre de 2025

La palabra cuidado proviene del latín curare, que significa atender, preocuparse por, tratar o sanar. Hacer las cosas con cuidado significa actuar con atención, diligencia, prudencia y esmero para evitar errores, daños o accidentes. Implica poner la concentración necesaria en la tarea para realizarla de manera correcta y segura. Ejemplos en el trabajo: Un cirujano que realiza una operación, un electricista que manipula cables o un contable que revisa una auditoría actúan con cuidado para evitar errores graves. Con las personas: hablar con cuidado a alguien que está en un momento vulnerable demuestra empatía y evita herir sus sentimientos. Tratar con tacto a una persona enojada implica un cuidado especial en las palabras. Conducir con cuidado en una carretera helada es crucial para prevenir accidentes.

 

El cuidado enfermero es la esencia y el pilar fundamental de la profesión de enfermería. Va más allá de una simple atención o el cumplimiento de un protocolo; es un proceso complejo que abarca la atención integral de la persona, la familia y la comunidad, ya sea en un estado de dolencia, enfermedad y en promover la salud. 

 

Aspectos clave del cuidado enfermero

 

Proceso de Atención de Enfermería (PAE): Es la metodología científica que guía el trabajo del personal de enfermería. Permite evaluar las necesidades del paciente, establecer diagnósticos enfermeros, planificar intervenciones y evaluar los resultadospara mejorar el estado de salud del paciente, la familia o la comunidad.

 

Prevención y promoción de la salud: El cuidado enfermero no solo se enfoca en la recuperación de la enfermedad, sino también en educar al paciente y a la comunidad sobre prácticas saludables y autocuidados para prevenir futuras complicaciones.

 

Toma de decisiones clínicas: El profesional de enfermería emite juicios clínicos basados en su conocimiento y experiencia para responder de manera adecuada a los problemas de salud reales o potenciales del paciente.

 

Colaboración interdisciplinaria: Las enfermeras y enfermeros trabajan en equipo con otros profesionales de la salud (médicos, fisioterapeutas, psicólogos etc.) para ofrecer la mejor atención posible a los pacientes.

 

En resumen, el cuidado enfermero es una actividad profesional integral, basada en la ciencia y en la empatía, cuyo objetivo primordial es acompañar, apoyar y mejorar la salud y el bienestar de los seres humanos en sus diferentes etapas de la vida.

 

Primer Triangulo: Vigilancia clínica, bienestar y autocuidados

 

El primer grupo de investigación enfermero de la Universidad de Zaragoza Aurora Mas diseñó el Triángulo de la vigilancia y seguridad clínica, el bienestar físico, emocional, sociocultural y espiritual y los autocuidados (Aurora Mas fue una de las enfermeras becada en 1933 en la Fundación Rockefeller con el apoyo del CSIC dirigido por D. Santiago Ramon y Cajal).

 

Vigilancia y seguridad clínica

Primera valoración que se hace cuando se atiende a una persona bien sea en la continuidad del cuidado hospitalario, en las visitas a domicilio, en consulta y en la calle cuando es algo urgente. Requiere de conocimientos, habilidades y procedimientos de enfermería para proporcionar una atención segura y eficaz.

 

Esto incluye la administración de medicamentos, la realización de curas, control de signos vitales y el uso de tecnología, siempre siguiendo protocolos y guías estandarizadas. La enfermera/o siempre valora e informa y/o deriva al médico/a según la evolución clínica. A continuación, valora el Bienestar.

 

Bienestar físico, emocional, sociocultural y espiritual

Los profesionales de enfermería reconocen que el estado emocional del paciente influye directamente en su recuperación y bienestar general. Son componentes muy complejos, amplios, que van desde la ayuda a la higiene personal hasta sus características espirituales. Cuidar a un ser humano requiere escucha y confianza.

 

Escucha y Confianza 

Al establecer una relación de confianza y respeto, el profesional de enfermería crea un ambiente donde el paciente se siente seguro y cómodo para abrirse emocionalmente. Esto se logra con un trato cálido, la validación de sus sentimientos y la demostración de paciencia. Nunca ignora o minimiza las emociones del paciente sino comprende que el miedo, la ira o la frustración son respuestas normales ante la enfermedad o el proceso de hospitalización, la enfermera ayuda a la persona a sentirse más segura.

 

Comunicación no verbal 

Un tono de voz tranquilizador, un contacto físico apropiado (como un toque en la mano) y el mantenimiento del contacto visual son herramientas que utiliza la enfermera para transmitir empatía, calmar la ansiedad y ofrecer consuelo.

 

Manejo del estrés y la ansiedad 

La enfermera está capacitada para identificar los signos de angustia emocional y aplicar técnicas de apoyo psicológico para calmar al paciente, lo que es una prioridad en la atención. Informar al paciente sobre su condición y tratamiento ayuda a reducir la ansiedad que genera lo desconocido, brindándole una sensación de control. También en momentos clave: El apoyo emocional es crucial al final de la vida o en enfermedades crónicas.

 

Coordinación interdisciplinaria

En casos más complejos, la enfermera trabaja en conjunto con otros profesionales. Las enfermeras de cuidados paliativos, por ejemplo, brindan apoyo emocional al paciente y a su familia, e incluso ofrecen terapia de duelo cuando es necesario.

 

El autocuidado

La educación y empoderamiento: Informar al paciente sobre su condición y tratamiento ayuda a reducir la ansiedad que genera lo desconocido, brindándole una sensación de control. La enfermera también educa a pacientes y familiares sobre cómo manejar los problemas de salud mental y promueve el autocuidado.

 

A las dimensiones Bienestar y del Autocuidado les llamamos Cuidados Invisibles, esto requiere otra reflexión que no nos cabe en este trabajo. Importantes Requisitos: Tener un entorno físico y ambiental en el que se brinda el cuidado, procurando que sea seguro, cómodo y privado para el paciente. Tener un tiempo para estos cuidados. Espacio privado y tiempo son los dos puntos claves que deben mejorarse en la mayoría de los casos de los enfermos hospitalizados.

 

Segundo triángulo: reconocimiento, retribución y representación

 

Las tres palabras, 3 R, son los tres pilares de la teoría de la justicia de Nancy Fraser. El reconocimiento se ocupa de la injusticia cultural y simbólica, buscando revalorizar las identidades denigradas. ¿Está suficientemente reconocido el valor de los cuidados enfermeros?

 

La redistribución aborda la injusticia económica mediante la reestructuración de la división del trabajo y la distribución de recursos. Según te reconocen así te pagan. El Grado Universitario en Enfermería desde 2008 ¿Está suficientemente reconocido el salario? ¿Por qué las enfermeras y enfermeros necesitan meses, años para lograr un puesto de trabajo estable?

 

 La representación significa que la justicia requiere no solo la redistribución de la riqueza (justicia económica), sino también el reconocimiento cultural (estatus social igualitario) y la participación en la toma de decisiones políticas. Fraser sostiene que para lograr la paridad participativa es necesario superar los obstáculos institucionales que impiden a ciertas personas participar en igualdad de condiciones. ¿Hay suficientes enfermeras en las políticas sanitarias?

 

La enfermería ha contribuido de manera decisiva en el campo de la investigación fenomenológica y hermenéutica través de la producción de evidencia científica que orienta políticas públicas, impulsa procesos formativos en los niveles de pregrado y posgrado, y también la toma de decisiones estratégicas dentro de instituciones de salud.

De la cancha a la vida diaria: El impacto del baloncesto inclusivo

De la cancha a la vida diaria: El impacto del baloncesto inclusivo

Esther Molina Cerdán

3 de noviembre de 2025

La Federación Mundial de Terapeutas Ocupacionales (WFOT, por sus siglas en inglés) define la terapia ocupacional como una profesión que promueve la salud y el bienestar al apoyar la participación en ocupaciones significativas que las personas desean, necesitan o se espera que realicen. Las y los terapeutas ocupacionales trabajan con personas y comunidades para mejorar su capacidad de participar en ocupaciones significativas o adaptando la ocupación y el entorno para favorecer su compromiso ocupacional.

 

Lo expuesto anteriormente permite justificar la relevancia de organizar, desde la terapia ocupacional, el I Campeonato Nacional Inclusivo de Baloncesto para personas con problemas de salud mental. Una iniciativa que tuvo como objetivo promover la salud y el bienestar a través de un evento significativo, favoreciendo la motivación, la participación social, el sentimiento de pertenencia y la autoeficacia mediante el deporte y la experiencia compartida en equipo.

 

En este contexto se desarrolló, en primer lugar, un campeonato nacional en Benicarló, recogiendo la demanda de los jugadores de participar en una liga, una meta a la que poder aspirar al realizar entrenamientos semanales de baloncesto sin ningún propósito cercano durante varios años. Además, con posterioridad, se jugaría otro campeonato en Calatayud, lo que permitiría ofrecer un espacio, dentro del entorno rural, para actividades de sensibilización, participación y disfrute personal, incluyendo también un partido con adolescentes para promover la concienciación y ruptura del estigma desde edades tempranas.

 

La importancia de la terapia ocupacional en la organización de este tipo de eventos o actividades radica en su capacidad para promover la salud y el bienestar de personas, colectivos y comunidades, al participar en ocupaciones. El terapeuta ocupacional es el profesional idóneo para recoger necesidades individuales y colectivas de participación y desarrollar propuestas de intervención adaptadas a la situación de las personas con las que interviene, con o sin patología.

 

A continuación se describen las vivencias de los jugadores de un equipo de baloncesto inclusivo que participaron en el I Campeonato Nacional Inclusivo de Baloncesto. Personas con problemas de salud mental o sufrimiento psíquico cuyos testimonios reflejan los beneficios alcanzados y ayudan a comprender el valor de estas actividades organizadas desde la terapia ocupacional.

 

Hacer deporte ha sido una salvación para salir del mundo de las drogas. Hacer deporte durante un ingreso me salvó la vida. Me moría. Ahora continúo haciendo deporte, algo que me encanta.”

Haciendo deporte me abstraigo. Entro en otro mundo en el que estoy concentrado, fuera de mis pensamientos, solamente centrado en lo que estoy haciendo.”

“Participar en estos campeonatos me ha hecho recordar deportes que practicaba de pequeña. El bádminton, el baloncesto… he recordado mi infancia y he recuperado actividades de esa etapa.”

“Me lo estoy pasando muy bien.”

“Hace muchos años que no venía a la playa. Igual hacía más de 10 años que no venía y no me bañaba”. Esta afirmación, denota la importancia de que las personas recuperen sensaciones significativas.

La práctica del deporte me ha ayudado en mi bienestar después de un proceso de sufrimiento para coordinar pensamiento y movimiento. Tienes que mantener una concentración mínima para poder pensar antes de ejecutar un movimiento, y ese trabajo lo extrapolaba a mis actividades de la vida diaria. Veía que la concentración que me requería el deporte a la hora de calcular para encestar el balón, me repercutía en actividades que cuestan en un proceso de sufrimiento, como hacer la cama, cocinar, ducharme, afeitarme, ir a la compra… y que el resultado no fuera desastroso”.

Hacer deporte te mantiene activo. Vas viendo tú mismo cómo poco a poco vas logrando pequeñas metas. Aguantas más de pie, andando, etc. Incluso te animas a practicar algún deporte en equipo, aumentando las relaciones y las habilidades sociales. Esta actividad te mantiene tonificado y activo mentalmente y físicamente. Te ayuda, con el paso de los días, a tener una motivación para seguir adelante en la vida. Actualmente… el deporte diría que me ayuda a superarme.”

Además de estas experiencias subjetivas, se han apreciado avances en la autonomía de los jugadores, como en la actividad básica de la higiene y la imagen personal (M ha ido a la peluquería y se ha puesto ropa diferente para estos eventos), la gestión de la alimentación (saltándose su rutina marcada y platos conocidos, explorando nuevas opciones) y aptitudes como la puntualidad y el trabajo en equipo. Incluso se fortaleció la relación familiar (varios jugadores compartían con ilusión sus experiencias con sus seres queridos). Todo ello señala, también, un aumento de interés en este deporte, de la motivación y del sentimiento de equipo.

 

Conclusiones

 

La perspectiva que proporciona la terapia ocupacional resulta estratégica en el desarrollo de proyectos inclusivos, como la celebración del I Campeonato Nacional Inclusivo de Baloncesto, al promover la participación en ocupaciones significativas que impactan en la salud y el bienestar.

 

Las experiencias de los jugadores muestran cómo el deporte favorece la motivación, la autoestima, la inclusión social y el bienestar. En este sentido, la implicación de terapeutas ocupacionales en este tipo de actividades es altamente recomendable, debido al valor añadido que aporta su participación profesional.

Dietas Vegetarianas: Qué aportan y qué precauciones se deben tomar

Dietas vegetarianas: qué aportan y qué precauciones se deben tomar

Sofía Pérez Calahorra

2 de noviembre de 2025

Las dietas vegetarianas o también conocidas como dietas basadas en plantas son cada vez más populares gracias a sus posibles beneficios para la salud y, más recientemente, por su impacto ambiental positivo y ética animal.

Este tipo de dietas son aquellas en las que la mayor parte o la totalidad de los alimentos provienen de fuentes vegetales, y que excluyen la carne y los productos derivados del sacrificio animal (carne de res, cerdo, cordero, pollo y otras aves). Dentro de esta manera de alimentación, existen diferentes tipos:

  1. Dieta vegana, es un alimentación 100% vegetal, donde excluye todo tipo de alimentos de origen animal como carne, pescado, mariscos, huevos, leche y derivados lácteos. Su base alimentaria está compuesta exclusivamente por cereales integrales, legumbres, verduras, frutas, frutos secos y semillas.
  2. Dieta lacto-ovo vegetariana, es principalmente vegetal, pero incluye el consumo de productos lácteos y huevos y excluye todas las carnes y pescados. Es el tipo de dieta vegetariana más común en estudios de cohortes y la sigue un número de personas mayor.    
  3. Dieta pesco-vegetariana o pescetariana, es aquella que se basa principalmente en alimentos vegetales, pero permite el consumo de pescado y mariscos, con o sin huevo o lácteos. La mayor parte de los expertos la consideran la dieta más flexible dentro de las dietas basadas en plantas, en parte porque permite equilibrar la ingesta de ciertos nutrientes como el omega 3, hierro y la vitamina B12.

Todo tipo de alimentación sea la dieta que sea, cuando se estructura de manera adecuada permite conseguir aporte nutricional necesario, pero en especial las dietas basadas en plantas han demostrado que son una estrategia de prevención de enfermedades crónicas, como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2, la hipertensión, la obesidad y algunos tipos de cáncer. La evidencia es clara al respecto a su efecto protector.

¿Y cuáles son sus efectos beneficiosos?

Entre los posible beneficios de tener una dieta basada en plantas uno de los principales beneficios observados es la mejora del perfil metabólico general, con reducciones en colesterol LDL, de la presión arterial, de la glucosa e índice de masa corporal, principalmente vinculado al menor perímetro de la cintura, menor peso global, entre otros factores

La ciencia sugiere que las personas que siguen patrones vegetarianos equilibrados muestran una mejor sensibilidad a la insulina y control de la glucosa, lo que se asocia con una reducción del riesgo de diabetes tipo 2, entre 38% y 62%, especialmente en dietas veganas.
Ensayos clínicos han confirmado descensos significativos en HbA1c, colesterol LDL y peso corporal, junto con una menor necesidad de medicación hipoglucemiante.

Estos efectos beneficiosos se atribuyen a que es una alimentación rica en fibra, vitaminas antioxidantes (C, E, betacarotenos), minerales como selenio, potasio y magnesio, y fitoquímicos.

En cuanto a la salud cardiovascular, las investigaciones indican reducciones promedio de 0.3–0.7 mmol/L en colesterol total y LDL y de 4–7 mmHg en la presión arterial. Esto se traduce a que la mortalidad por cardiopatía coronaria es un 26–34% menor en vegetarianos y pesco-vegetarianos que en omnívoros. No obstante, la ciencia aclara que el beneficio depende en gran medida de la calidad nutricional de la dieta vegetal, más que de la mera exclusión de productos animales.

Además, las dietas vegetales influyen positivamente sobre la microbiota intestinal, aumentando la producción de ácidos grasos de cadena corta con efectos beneficiosos sobre la tensión arterial, la glucemia y la función inmunitaria.

Sin embargo, no todas las dietas vegetales son saludables. Aquellas que incluyen alto contenido de azúcares, harinas refinadas, grasas trans o productos Utraprocesados que sabemos que aumentan el riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares, al igual que sucede con dietas occidentalizadas modernas, lo que conduce a neutralizar o diluir los efectos beneficiosos de una alimentación basada en plantas.

También es necesario indicar que las dietas excesivamente restrictivas o mal diseñadas pueden generar deficiencias nutricionales, en particular en nutrientes como la vitamina B12, el hierro, zinc, calcio y la riboflavina (B2).
La carencia de vitamina B12 —ausente en fuentes vegetales biodisponibles— puede provocar anemia megaloblástica y neuropatías.

En resumen, una dieta vegetariana o vegana variada, equilibrada y centrada en alimentos naturales e integrales puede favorecer de forma significativa la salud cardiometabólica y general, siempre que se asegure un aporte adecuado de micronutrientes y una correcta suplementación. El mayor beneficio se observa en los patrones vegetarianos saludables y mínimamente procesados, no en los basados en ultraprocesados o excesivamente restrictivos.