Juego de apuestas: un problema de salud pública

Juego de apuestas: un problema de salud pública

Itxaso Cabrera Gil

18 de febrero de 2026

Cuando somos jóvenes estamos en plena evolución, en una constante lucha de equilibrio entre el control y el descontrol de los impulsos. Nuestras hormonas acechan y nos encanta experimentar planes y vivencias. Nos atrae lo nuevo y, si está prohibido, aún más. Y esto el sector de las apuestas lo sabe.

 

 

La industria de las apuestas no busca jóvenes que comiencen a invertir su dinero al cumplir los 18 años en las diversas ranuras del sector, lo que realmente persigue es que, al alcanzar la mayoría de edad, ya sepan hacerlo; más aún, que estén habituados. Que el deporte deje de ser simplemente jugar, en el sentido más puro de la palabra, y que los videojuegos tampoco lo sean. El objetivo es que estas prácticas se encadenen de forma progresiva hasta que, al dejar atrás la adolescencia, apostar forme parte de su rutina cotidiana, casi como una habilidad adquirida. No se trata de ocio: se trata de captación temprana donde las apuestas pueden impactar en la vida de quienes las hacen y de aquellas personas que les rodean. No es fútbol, son apuestas deportivas. No es una consola, son videojuegos infectados de cajas botín.

 

 

Desde el ámbito académico y la investigación científica, los datos son preocupantes. Nos centramos en Aragón donde el 60 % de jóvenes entre 16 y 25 años ha apostado alguna vez, o nos vamos al recientemente publicado informe sobre adicciones comportamentales dentro del Plan Nacional sobre Drogas y otros trastornos adictivos donde se señala un incremento del posible juego problemático entre los estudiantes de 14 a 18 años, fundamentalmente entre los chicos (8,4% en 2025 vs 6% en 2023) y entre quienes han jugado a juegos de azar online (27,7% en 2025 vs 23,5 % en 2023). En definitiva, es alarmante, una parte significativa de las y los jóvenes que apuestan lo hace de forma repetida, con riesgo de desarrollar un diagnóstico ligado al juego problemático o trastorno por juego de apuestas. La accesibilidad a las apuestas desde los dispositivos móviles o la facilidad tecnológica, así como el mantenimiento de las máquinas tragaperras en el sector de hostelería, donde es más que necesaria su eliminación o al menos un aumento del control de acceso, son el caldo de cultivo perfecto para un sector cuyo único fin es hacer negocio poniendo en riesgo a cientos de jóvenes.

 

 

Desde un punto de vista de salud, las apuestas no son ocio por mucho que escuchemos mensajes publicitarios como el famoso “bien jugado”. Las consecuencias no solo acechan el plano económico, sino que como si de un meteorito se tratase el impacto va desde lo psicológico hasta lo social, incluyendo culpa, vergüenza, problemas en las relaciones y alteración de la rutina diaria desde lo más básico (sueño o alimentación) hacia aquellas actividades más ligadas al beneficio personal. Estas repercusiones no son anecdóticas: reflejan que las apuestas pueden derivar en patrones de comportamiento compulsivo, pensamiento obsesivo y distorsiones cognitivas como el falso sentimiento de control (“ahora me toca”, “estoy de suerte”) conocidos como sesgos cognitivos, que mantienen el ciclo de apuestas pese a las consecuencias adversas. Finalmente, sí, es cierto: la máquina siempre gana. Los sentimientos de culpa o la ira, así como la ansiedad, aparecen tempranamente cuando el sector de las apuestas comienza a cumplir sus objetivos: ganar dinero. Y no solo se da un impacto en quienes desarrollan la enfermedad conocida popularmente como ludopatía, si no que alrededor de cinco personas del entorno cercano padecen dichas repercusiones, tomando, pues, la importancia que da título a estas líneas, lamentablemente estamos ante un problema de salud pública.

 

 

Y como problema de salud pública, el impacto del juego no es solo individual, sino que está condicionado por determinantes sociales, ambientales y comerciales que van desde publicidad dirigida hasta la omnipresencia de las «apps» de apuestas en el entorno digital de los jóvenes, y no tan jóvenes, dirigidas a modificar comportamientos que aumentan el desarrollo del daño de manera correlacional –sí, sorpresa de nuevo– a las ganancias del propio sector. Debemos reconocer sin tapujos que el sector de las apuestas gana la traducción de las pérdidas de quienes apuestan.

 

 

Y claro, no todo el mundo apuesta de la misma manera. La perspectiva de género se convierte en la investigación y el tratamiento en una cuestión vital: hombres y mujeres lo hacen diferente. Ellos tienden a comenzar antes, buscan la emoción, la adrenalina, la experiencia en sí; mientras ellas, de evolución más rápida, suelen comenzar a hacerlo más tarde, asumiéndolo como una vía de escape a otros problemas, haciéndolo más aisladas.

 

 

Tendremos que ir más allá de la perspectiva de mujer y comenzar a salir de las investigaciones cuyo patrón responde a la de los hombres «cis» , y es que investigaciones recientes sugieren que jóvenes de identidades de género diversas pueden tener riesgos significativamente más altos de involucrarse en el juego problemático que sus pares cisgénero, lo cual comienza a evidenciar que la experiencia del daño no solo está mediada por el género, sino también por la interacción entre identidad, entorno social y estrés estructural.

 

 

Ver más allá nos permitirá no solo tratar, sino también prevenir desde una visión amplia y diversa. Implica abordar acciones concretas, estrategias pertinentes y políticas públicas orientadas a una salud que busque eliminar o reducir la probabilidad de que ocurra un problema, daño o enfermedad ligada a las apuestas. Asimismo, supone poner límites a un sector cuyos ingresos brutos anuales, solo en el último trimestre de 2025 en España, alcanzaron los 405,36 millones de euros, un 16,49 % más que en el mismo trimestre de 2024; o, al menos, minimizar sus efectos en caso de que la enfermedad llegue a desarrollarse. Y es que no es adicta la persona que consume sino, más bien, quien no puede dejar de hacerlo. En otras palabras, prevenir significa anticiparse a un riesgo y actuar antes de que se manifieste un daño. Deberemos seguir a la ciencia para que las apuestas dejen de acechar, ver con perspectiva de salud y diversidad el trastorno de juego de apuestas, una enfermedad de salud mental que nos puede ocurrir a cualquiera.

 

 

Si necesitas ayuda, puedes consultar la web de la Asociación Aragonesa de Jugadores de Azar en Rehabilitación.

¿Qué es el Ramadán?

¿Qué es el Ramadán?

Kaltoum El Maanawi Ben Hajjou

17 de febrero de 2026

El Ramadán es el noveno mes del calendario islámico, y uno de los más sagrados. No tiene fecha concreta, ya que depende de los ciclos lunares, pero podríamos decir que se presenta cada año un poquito antes.

 

 

Este mes, para los musulmanes, se centra en la práctica del «Sawm» que es el ayuno desde el alba hasta la puesta del sol, durante el cual no se permite el consumo de ningún alimento o bebida (el agua inclusive). Asimismo, es un periodo de intensa espiritualidad y devoción religiosa, durante el cual se incide en la solidaridad y empatía hacia los necesitados a través de la autodisciplina.

 

 

Un día de Ramadán se dividiría en: «Suhur», antes del amanecer; «Sawm», periodo de ayuno; e «Iftar» ruptura del ayuno. Se suelen realizar dos comidas principales, una durante el «suhur» y otra en el «Iftar», aunque en muchos casos se añade una tercera entre ambas.

 

 

¿Cómo repercute en nuestro cuerpo y estilo de vida?

 

El ayuno conlleva una reconfiguración fisiológica, que se refleja en el aumento de los niveles de proteínas que preservan la integridad estructural de la célula, aseguran el mantenimiento de su salud funcional e intervienen en procesos que promueven el uso eficaz de la glucosa y reducen el azúcar en la sangre.

 

 

La microbiota presenta un aumento de Lactobacillus y Bifidobacteria, lo que supone una mejora en la salud intestinal (como refuerzo inmunitario, protección frente a patógenos, etc.). Asimismo, incrementa la diversidad bacteriana, que se asocia a una disminución de la inflamación y aumento de la producción de los ácidos grasos de cadena corta. Esto supone una mejora de salud, sin embargo, no existe un consenso sólido en la evidencia científica actual, por lo que no se pueden establecer conclusiones definitivas.

 

 

En cuanto al ayuno intermitente (16 h de ayuno y 8 h de ingesta), se evidencia, a nivel cardiovascular, un enlentecimiento del progreso de la aterosclerosis y reducción de la presión arterial. El cuerpo comienza a utilizar ácidos grasos y cetonas como fuente de energía principal en lugar de la glucosa, lo cual no solo favorece la pérdida de peso, sino que reduce la concentración de colesterol total.

 

 

En conclusión, diversos estudios creen que el ayuno, como estrategia de manipulación del microbioma, podría resultar en una intervención rentable para combatir el incremento de trastornos metabólicos, ya que disminuye el peso, supone una mejora en enfermedades cardiovasculares, etc. Sin embargo, se precisan más estudios científicos para validar estas propuestas.

 

 

Esta transformación interna inevitablemente se refleja en las dinámicas cotidianas, priorizando el bienestar y la resistencia del organismo.

 

 

Los aspectos cognitivos (memoria y concentración) se mantienen sorprendentemente intactos, y solo en un 18% se ven alterados. En cuanto al bienestar emocional, predomina el mantenimiento del buen humor, e incluso en el descanso, que disminuye un 7% en tiempo, se mantiene su calidad.

 

 

En lo que respecta a hábitos saludables, el consumo de tabaco se reduce a la mitad, y se disminuye el consumo de bebidas excitantes, como el café o el té.

 

Por otro lado, aunque el consumo total de agua no varía, sí que se intensifica la sensación de sed. A esto se suma el incremento de problemas gastrointestinales (acidez estomacal y estreñimiento) por el cambio en la frecuencia de las comidas.

 

 

A nivel de rendimiento diario, aumenta la frecuencia de descansos para evitar la manifestación de cansancio y dolor de cabeza. La actividad física desciende un 22,5% o se realiza después del desayuno. Finalmente, aunque el estado anímico es generalmente bueno, en algunas personas incrementa la irritabilidad las horas previas a la ruptura del ayuno.

 

 

Estos cambios suelen ir disminuyendo progresivamente, lo cual podría atribuirse a la habituación, ya que el cuerpo necesita tiempo para acostumbrarse a usar cetonas en lugar de glucosa.

 

 

¿Quién está exento del Ramadán?

 

El Ramadán es de obligado cumplimiento para todos los musulmanes. Sin embargo, el ayuno puede comprometer la salud de determinadas personas, por ejemplo, existe mayor riesgo de cetoacidosis diabética en personas con diabetes (por la falta de insulina); riesgo de malformaciones en el feto, en mujeres embarazadas; o mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares en personas mayores, entre otros.

 

 

Ante estas situaciones de riesgo, la jurisprudencia islámica realiza excepciones: niños que aún no han alcanzado la pubertad; mujeres embarazadas, en periodo de lactancia, con la menstruación o en el postparto; personas enfermas (diabetes, afecciones cardíacas, …); personas de edad avanzada; y personas durante viajes de largas distancias.

 

 

En estos casos, se deben «recuperar» los días no ayunados, ya sea:

  • Ayunar un día por cada día perdido en cualquier momento del año antes de que comience el siguiente Ramadán (en casos de menstruación, viaje, etc.).
  • Realizar una donación para alimentar a una persona necesitada por cada día no ayunado (en personas de edad avanzada, enfermedades crónicas, etc.).

 

 

Conclusiones

 

Evidentemente, un factor determinante que define si el Ramadán o el Ayuno Intermitente tendrá una repercusión positiva o negativa en el organismo es la calidad nutricional. Una dieta adecuada y nutritiva favorecerá la quema de grasas, mejora la sensibilidad a la insulina, etc. Mientras que el consumo excesivo de ultra-procesados, azúcares o frituras, potenciará los problemas digestivos e inflamatorios, anulando cualquier beneficio que pudiese tener el ayuno.

 

 

Una buena hidratación en las horas permitidas y un descanso adecuado son igual de importantes para el transcurso adecuado del día. Por último, en caso de querer realizar el Ramadán o practicar ayuno intermitente teniendo una enfermedad crónica, estando embarazada, o contando con cualquier factor de riesgo, es necesario consultarlo con el médico, y, si es viable, realizar las adaptaciones necesarias.

La mujer en la ciencia: De invisibles a imprescindibles

La mujer en la ciencia: De invisibles a imprescindibles

Beatriz Benito Ruiz

11 de febrero de 2026

Durante siglos la ciencia ha avanzado describiendo el mundo con enorme precisión, pero con una perspectiva parcial. No fue porque faltaran mujeres científicas, sino porque faltó reconocerlas.

 

 

La historia de la mujer en la ciencia no es la historia de su incorporación reciente, sino la historia de su invisibilidad.

 

 

Saber sin poder publicar

 

La participación de la mujer en la ciencia ha estado históricamente marcada por la exclusión institucional, la falta de visibilización del mérito y la segregación académica.

 

 

Durante mucho tiempo se ha dicho que las mujeres se habían incorporado tarde a la ciencia y no fue así. En realidad, lo que ocurrió es que la ciencia tardó en reconocerlas.

 

 

Las mujeres siempre observaron, midieron, curaron y enseñaron y lo hicieron en huertos, boticas, casas, partos y hospitales informales. Lo que no podían era firmar. Y la ciencia, igual que la historia, recuerda sobre todo a quien firma.

 

 

La entrada de las mujeres en la Universidad

 

Antes del siglo XIX, las mujeres no podían acceder a la universidad. Sin embargo, siempre generaron conocimiento. Es a partir del siglo XX, con su incorporación progresiva a la universidad y al ejercicio profesional sanitario, cuando se observa una transformación del panorama científico.

 

 

Con el acceso femenino a la educación superior a finales del siglo XIX, no cambió inmediatamente la ciencia, cambió primero la asistencia. Las mujeres comenzaron siendo profesionales del cuidado: docencia, enfermería y posteriormente medicina clínica. Pero la investigación permaneció jerárquica y aparece así un fenómeno que continúa hoy: feminización profesional sin feminización del poder científico.

 

 

Actualmente las mujeres son mayoría en muchas carreras sanitarias y científicas de base, pero minoría en cátedras, dirección de proyectos, producción científica, financiación y puestos de responsabilidad.

 

 

¿Por qué esto es tan importante científicamente?

 

Podría parecer solo un problema laboral o social, pero en realidad es un problema de conocimiento. Quien formula las preguntas científicas decide qué respuestas existen.

 

 

Durante décadas la investigación biomédica utilizó al varón adulto como modelo estándar. Era práctico: menos variabilidad hormonal y resultados estadísticos más limpios. Pero también incompleto y la medicina aprendió sobre un cuerpo medio que no era una representación de toda la población.

La decisión era metodológica y no ideológica. La consecuencia, sin embargo, sí fue clínica. Se describieron enfermedades con precisión, pero en una parte de la población y después se extrapolaron al resto.

 

 

Durante años los ensayos clínicos cardiovasculares incluyeron sobre todo hombres. El “síntoma típico” de infarto se enseñó como universal. Sin embargo, cuando una paciente llegaba con disnea, cansancio o náuseas, no encajaba en el patrón aprendido. La ciencia no estaba equivocada. Estaba incompleta.

 

 

Recuerdo una guardia de madrugada: mujer de 58 años, dolor epigástrico, náuseas y sudor frío. Venía convencida de que era una gastritis. Lo había buscado en internet y nada encajaba con el “dolor típico en el pecho”. El electrocardiograma mostró cambios isquémicos. No era el estómago. Era un infarto que no se parecía al que enseñan y describen los libros. El problema no era el cuerpo de la paciente; era el modelo previo que aparece en la literatura científica.

 

 

¿Qué impacto tiene esto en la medicina?

 

El resultado ha sido una medicina técnicamente correcta, pero biológicamente parcial. Se describieron enfermedades, síntomas y tratamientos que funcionaban bien en el modelo estudiado, pero peor fuera de él.

 

 

Las diferencias más relevantes que existen se han dado en presentaciones clínicas, metabolismos farmacológicos, respuestas inmunológicas y evolución de enfermedades. No porque hombres y mujeres sean “sistemas diferentes”, sino porque la variabilidad humana real es mayor que la estudiada.

 

 

Por todo esto, podemos decir que: “Cuando la ciencia amplía la muestra, mejora la precisión”.

 

 

¿Qué nos encontramos en lo cotidiano de nuestro día a día actual?

 

En consultas y urgencias sigue ocurriendo que un dolor torácico masculino activa antes protocolos que uno femenino. Que el dolor persistente en una mujer joven se interprete antes como ansiedad que como patología orgánica. Que algunos fármacos produzcan más efectos adversos de los previstos porque fueron ajustados en otra fisiología media. No son errores individuales, son inercias del conocimiento.

 

 

La medicina funciona con probabilidades aprendidas. Si la muestra histórica es parcial, la probabilidad también lo será.

 

 

Con más presencia, mejor ciencia

 

En las últimas décadas la situación cambia rápido. La participación femenina en investigación aumenta y, con ella, las preguntas. Aparecen líneas nuevas: medicina personalizada, diferencias farmacológicas, presentación clínica variable, impacto del entorno social en la salud.

 

 

Y no se trata de crear una “medicina para mujeres”. Se trata de entender mejor la biología humana.

 

 

Como científica y clínica, mi responsabilidad no es defender una identidad, sino mejorar la precisión del conocimiento que aplico cada día a personas reales.

 

 

Cuando la muestra estudiada se parece más a la población real, los resultados mejoran para todos y el conocimiento se vuelve más preciso, no más ideológico.

 

 

¿Y qué es lo que realmente está cambiando?

 

A menudo el debate se plantea como igualdad frente a mérito. En ciencia, la dicotomía es falsa. La diversidad no sustituye la excelencia, la facilita.

 

 

Los equipos homogéneos toman decisiones más rápidas. Los equipos diversos cometen menos errores. Y la investigación necesita ambas cosas, pero durante siglos solo tuvo la primera.

 

 

La incorporación plena de la mujer no añade una perspectiva externa: corrige un sesgo interno del método científico. Amplía la muestra humana sobre la que construimos evidencia.

 

 

Una historia todavía en curso

 

Hoy nadie discute que las mujeres puedan ser científicas. La cuestión pendiente es cuánto influyen en qué ciencia se hace. Porque el conocimiento no depende solo de quién investiga, sino de qué decide investigar. Y las prioridades científicas determinan las prioridades sanitarias.

 

 

La historia de la mujer en la ciencia no es únicamente un relato de derechos civiles; es también una historia sobre cómo mejora el conocimiento cuando se parece más a la realidad que pretende explicar.

 

 

Conclusión

 

Durante siglos la humanidad investigó una muestra parcial y llamó universal a lo particular. Funcionó razonablemente bien, pero dejó “zonas borrosas”.

 

 

La presencia creciente de mujeres en ciencia no solo corrige una desigualdad histórica: aumenta la definición de la imagen y mejora la precisión científica.

 

 

La ciencia no cambia por ser más justa. Se vuelve más justa porque cambia. Y al hacerlo, sobre todo, se vuelve más exacta.

 

 

Una ciencia más representativa no es una ciencia más ideológica: es una ciencia más global y completa.

 

 

La historia de la mujer en la ciencia no trata únicamente de justicia social ni de igualdad laboral. Trata de calidad del conocimiento.

Cáncer de próstata: Prevención o secuelas

Cáncer de próstata: Prevención o secuelas

Francisco Javier Reula Vargas

4 de febrero de 2026

Uno de cada dos hombres escuchará la palabra “cáncer” como diagnóstico a lo largo de su vida.

 

Yo soy uno de esos.

 

Cuando te diagnostican la enfermedad, entras en «shock». Lo poco que sabes es que tendrás que pelear mucho y que los tratamientos que recibirás tendrán serias consecuencias para tu cuerpo y mente. Tomas conciencia de que el tiempo ya corre en tu contra.

 

En marzo de 2023, me intervinieron quirúrgicamente para la extirpación total de la próstata mediante laparotomía, una incisión que va desde el pene hasta el ombligo. Al despertar, vi que salían tres sondas de mi cuerpo hacia bolsas diferentes. Dos de ellas las retiran en el hospital, pero la tercera, la que va desde la vejiga hasta una bolsa donde alojas la orina, la anudas al gemelo de tu pierna y te la llevas puesta a casa por unas semanas. Ahí entendí que la que era mi vida de siempre había dado un giro importante.

 

Al retirarme la sonda, era incapaz de retener la orina y empecé a necesitar el uso de pañales durante muchos meses, con la esperanza de poder recuperar en algún momento la musculatura del suelo pélvico. Ni qué decir que durante este tiempo (si no más), se sufre disfunción eréctil y compruebas que tu pene ha disminuido de tamaño tras la cirugía.

Pocos meses después de la intervención, comencé mi tratamiento con quimioterapia. En mi caso, fueron 6 sesiones espaciadas cada 3 semanas, acompañadas de otros fármacos como la cortisona e inhibidores de testosterona.

 

Mi cuerpo se hinchó hasta el punto de no querer mirarme en el espejo, pues no me reconocía. Engordé 16 kilos. Perdí todo el pelo y mis venas se endurecieron tanto que tenían que colocarme las vías para la medicación cada vez en un punto diferente. El dolor en las articulaciones era difícil de soportar. Tuve vómitos, diarreas y náuseas. No era capaz de distinguir los alimentos pues todo tenía sabor a metal. Me fatigaba enormemente con el esfuerzo más liviano y sufrí además un infarto pulmonar. Durante meses, sientes que tu vida se paraliza sin previo aviso y no sabes siquiera si podrás reanudarla.

 

Realmente duro.

 

Dicen que la actitud es muy importante, y aunque la actitud no te va a curar, te ayudará siempre a llevar con entereza y dignidad la lucha que has de afrontar.

 

De momento he frenado el avance del cáncer y toca seguir sin rendición.

 

Vayan por delante mi respeto y cariño a todos los pacientes oncológicos que estén en estos momentos librando su batalla personal. Cada caso es un mundo. Mucha suerte y mucho ánimo, de corazón.

 

Recordad que una simple analítica en sangre del PSA y una visita a tiempo al urólogo ayudan a un diagnóstico precoz en el cáncer de próstata evitando muchos problemas.

 

Mi agradecimiento a los equipos de Urología y de Oncología del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, por el exquisito trato médico y humano recibido. Gracias por regalarme VIDA.

 

Gracias a TheMoveMen.org por vuestro esfuerzo y dedicación, dando visibilidad al cáncer masculino.

 

También mi agradecimiento a la Asociación Española Contra el Cancer por su trabajo y acompañamiento en todo este proceso.

 

Educación para la salud ¿interesa a la sociedad?

Educación para la salud ¿interesa a la sociedad?

Mª Ángeles Ferrer Pascual

25 de enero de 2026

En la actualidad se celebran numerosos “Días Mundiales” dedicados a distintos temas. Sin embargo, la Educación para la Salud (EpS) no tiene una fecha concreta, sino que se vincula al Día Mundial de la Salud y al Día Internacional de la Educación. Estos se celebran, respectivamente, los días 7 de abril y 24 de enero. El primero conmemora la creación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y su compromiso histórico con los retos de la Salud Pública, especialmente con el objetivo de la “Salud para todos”. En cambio, el segundo, en lo que se refiere a la EpS, pone énfasis en la necesidad de la alfabetización en salud, siendo la educación la herramienta fundamental para dicho propósito. Este hecho debe hacer reflexionar sobre la importancia que tiene la EpS en la sociedad actual.

 

 

¿Qué es realmente la EpS?

 

El interés por la EpS surgió a comienzos del siglo pasado cuando nació la primera organización profesional, The Public Health Education, relacionada con este concepto y vinculada a la Asociación Americana de Salud Pública.

 

En aquella época Wood (1926) redactó la primera definición de EpS como “la suma de experiencias que influyen favorablemente sobre los hábitos, actitudes y conocimientos relacionados con la salud del individuo y de la comunidad”. Con el paso del tiempo, autores como Sepilli (1958) ampliaron esta visión al introducir conceptos como “intervención social, modificación consciente y duradera de comportamientos”; mientras que Green (1992) puso énfasis en el “aprendizaje planificado y voluntario para el cambio de comportamientos”. La OMS, en 1998, define la Eps en el glosario sobre Promoción de la Salud como “las oportunidades de aprendizaje creadas conscientemente que suponen una forma de comunicación destinada a mejorar la alfabetización sanitaria, incluida la mejora del conocimiento de la población en relación con la salud y el desarrollo de habilidades personales que conduzcan a la salud individual y de la comunidad”. El término alfabetización no se limita a la adquisición de conocimientos y habilidades en salud, sino que también favorece el empoderamiento de la población para tomar decisiones razonadas a nivel individual y colectivo potenciando la conciencia social.

 

Se puede decir por tanto que, la EpS es un instrumento fundamental en el desarrollo de la Promoción de la Salud. Esta ha evolucionado a lo largo del tiempo marcando claramente dos periodos. El primero, más clásico, con una educación cimentada en acciones dirigidas al individuo, responsabilizándolo de sus comportamientos, basada en un aprendizaje pasivo cuya finalidad era modificar conductas insanas. El segundo periodo, a partir de finales del siglo pasado, se centra en una EpS con una perspectiva más comunitaria, teniendo en cuenta aquellos factores externos al individuo, donde la educación supone un proceso de intervención social y donde los sujetos adquieren más implicación en el proceso de aprendizaje, capacitándolos para una participación activa que les permita tomar decisiones razonadas no solo en el ámbito individual, sino también en el social e incluso el político. Así, se puede considerar que la EpS es un proceso transversal que va a influir en la salud y los problemas de la población, en los determinantes sociales que influyen en las condiciones de vida de los individuos, y en las gestiones y políticas que se aplican para mejorar el bienestar, no solo individual sino de manera colectiva.

 

 

¿Qué valor se otorga a la EpS en los planes de estudio de los Grados de Enfermería y Medicina?

 

De lo comentado anteriormente parece necesario educar a la población en materia de salud. Esto implica una formación exhaustiva de todos los agentes que intervienen en el bienestar común. Por ello, la EpS no debe limitarse al ámbito sanitario, sino que debe transcender también a los ámbitos familiar, educativo, social, laboral y de gestión.

 

Por otro lado, según se desprende de la concepción actual de la EpS, esta implica la formación de profesionales capaces de diseñar estrategias educativas que conduzcan a un aprendizaje activo. Su desarrollo debe integrar programas con metodologías que faciliten el análisis de necesidades, y/o problemas; que favorezcan la reflexión en la búsqueda de recursos y/o soluciones y que ayuden a la alfabetización de la población. En ellos es necesario incluir la evaluación de lo conseguido y no solo la impartición de conceptos teóricos sobre la salud.

 

Teniendo en cuenta estos aspectos, la formación en EpS debería contemplarse especialmente en los planes de estudio de las disciplinas de Ciencias de la Salud.

 

Un análisis sencillo de la realidad actual de la materia EpS, dentro de los planes de estudio de los Grados de Enfermería y Medicina, en treinta Facultades Públicas de las diferentes Comunidades autónomas de España, muestra que:

 

  • En el Grado de Enfermería, solo el 26,6% de los planes tienen una asignatura denominada EpS, de 6 créditos, excepto una con 3 créditos. El 68,2% de las que no tienen asignatura específica, integran en otras asignaturas uno o varios temas sobre EpS, la mayor parte en Enfermería Comunitaria y las menos en Salud Pública y Promoción de la Salud. En el resto no se han encontrado contenidos relacionados con una formación concreta en EpS.
  • En cuanto al Grado de Medicina, la situación es todavía más deficitaria, ya que ninguna tiene una materia denominada EpS y solo en una facultad existe una asignatura que se aproxima a esta denominada “Promoción de la Salud”. Tan solo el 26% de las facultades revisadas tienen algún tema relacionado con la EpS desarrollado en otras asignaturas.

Esta situación debe hacer pensar sobre la poca importancia que se le da a la EpS dentro de los estudios universitarios. Los profesionales de la salud deberían adquirir competencias necesarias para desarrollar una adecuada EpS, y así conseguir los objetivos que anteriormente se han mencionado.

 

Las competencias ligadas al desarrollo de estrategias y habilidades para la comunicación y la motivación o el diseño de programas de EpS dirigidos a individuos, familias y/o grupos de la comunidad son complejas y para poder alcanzarlas no es suficiente con el estudio de conceptos teóricos desarrollados en unos pocos temas a lo largo de toda una carrera. Se requiere de una educación práctica adecuada que implica más tiempo y mayor dedicación. Más grave aún es la inexistencia de esta materia en la preparación de quienes tienen una responsabilidad clave en la salud de la población.

 

 

¿Cuál debería ser el valor de la EpS en la sociedad?

 

La sociedad actual vive un momento muy convulso a nivel global. Existen multitud de escenarios inquietantes y dramáticos, en los que se puede observar que el valor de la salud carece de importancia. Por otra parte, los problemas de salud aumentan y se cronifican y las condiciones de vida, de gran parte de la población, están lejos de considerarse saludables, creciendo cada día más la desigualdad social. Esto supone una pérdida de los valores que deben guiar a la sociedad. Esta decadencia tiene que ver con la mala organización y gestión de los recursos, y con las políticas que se aplican, que están lejos de favorecer el bienestar de la comunidad. Hay que salir de esta situación, implicando a las personas, tanto de forma individual como colectiva, y a todos los responsables de la salud, de la educación, de la gestión, y de la política para conseguir que la salud sea considerada el mayor valor patrimonial que puede tener una sociedad. Una población bien educada en salud está capacitada para exigir las necesidades que favorezcan su bienestar.