Salud sexual en el posparto: una dimensión olvidada del cuidado integral de la mujer
Salud sexual en el posparto: una dimensión olvidada del cuidado integral de la mujer
Claudia Salete García
7 de diciembre de 2025
La importancia de hablar de sexualidad tras el parto
La salud sexual forma parte esencial del bienestar físico, emocional y social de las mujeres. Sin embargo, tras el parto, este aspecto suele quedar relegado ante otras prioridades asistenciales. La recuperación posparto no solo implica la involución uterina o la cicatrización de heridas, sino también la adaptación emocional y sexual a una nueva etapa vital. La evidencia científica muestra que alrededor del 35% de las mujeres experimenta dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales) después del parto, y en un 22% los síntomas persisten hasta el año. Estas cifras reflejan la magnitud de un problema que con frecuencia pasa inadvertido en las consultas de atención primaria y ginecología.
Cambios físicos, emocionales y relacionales
Durante el puerperio, el cuerpo femenino atraviesa modificaciones que pueden repercutir directamente en la sexualidad:
- Cambios físicos: descenso de estrógenos y progesterona, cicatrización perineal o abdominal, alteraciones del suelo pélvico.
- Cambios emocionales: cansancio, falta de sueño, disminución de autoestima, temor al dolor o a un nuevo embarazo.
- Cambios en la relación de pareja: reajuste de roles, falta de tiempo para la intimidad y cambios en la comunicación afectiva.
Todos estos factores son fisiológicos y adaptativos, pero cuando se prolongan o generan malestar, requieren una valoración clínica.
Factores obstétricos y riesgo de disfunción sexual
Ciertos aspectos del parto y la lactancia pueden incrementar la probabilidad de disfunción sexual:
- Lactancia materna: por el descenso de estrógenos, puede favorecer sequedad vaginal y disminuir el deseo sexual.
- Trauma perineal: los desgarros de tercer y cuarto grado y las episiotomías se asocian a mayor incidencia de dolor en las relaciones.
- Tipo de parto: la cesárea implica una recuperación más lenta y puede afectar la autoimagen; el parto vaginal puede alterar el tono muscular del suelo pélvico.
Las disfunciones sexuales más frecuentes
Las disfunciones sexuales más comunes en el posparto son:
- Deseo sexual hipoactivo: la más prevalente. Tiene un origen multifactorial —biológico, psicológico y relacional— y se ve influido por el cansancio, el estrés y la dinámica de pareja.
- Dispareunia o dolor genitopélvico: puede deberse a cicatrices, sequedad o tensión muscular.
- Disminución de la excitación o dificultad para alcanzar el orgasmo: a menudo secundaria a dolor o desconexión emocional.
El abordaje terapéutico debe ser individualizado, considerando la vivencia subjetiva de la mujer y su contexto vital.
Evaluación y detección precoz en consulta
En la revisión posparto (entre las 6 y 12 semanas), los profesionales sanitarios deberían incluir una pregunta sencilla pero clave: “¿Ha notado cambios o dolor en su vida sexual desde el parto?”. En función de la respuesta, pueden utilizarse herramientas de cribado como el Índice de Función Sexual Femenina (FSFI) o el cuestionario DESEA, además de evaluar el estado emocional con la Escala de Depresión Posnatal de Edimburgo (EPDS).
Abordaje multidisciplinar y recomendaciones prácticas
La atención a la salud sexual posparto debe integrar a ginecólogos, matronas, fisioterapeutas del suelo pélvico, psicólogos y sexólogos. Algunas recomendaciones clave son:
- No minimizar los síntomas de dolor o falta de deseo.
- Favorecer la comunicación con la pareja y la educación sexual postnatal.
- Ofrecer lubricantes o humectantes en casos de sequedad vaginal.
- Recomendar ejercicios de suelo pélvico y autocuidado físico.
- Derivar a especialistas en casos persistentes o con repercusión emocional.
Lo que no debemos normalizar
No es normal sentir dolor persistente, perder la sensibilidad, ni experimentar rechazo hacia el sexo si antes no ocurría. Tampoco debe asumirse como “normal” la falta total de deseo o placer. Estas manifestaciones son señales de alarma que merecen atención profesional.
Conclusión
Abordar la salud sexual en el posparto es una necesidad sanitaria, no un lujo. Implica mejorar la calidad de vida, prevenir complicaciones físicas y emocionales, y fortalecer el vínculo de pareja. La sexualidad es un reflejo de la salud integral de la mujer, y el posparto, lejos de ser un punto final, debe considerarse una etapa de adaptación, acompañamiento y cuidado.
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