Mordeduras de serpiente: Qué hacer y cómo actuar
Mordeduras de serpiente: Qué hacer y cómo actuar
Juan José Aguilón Leiva y Antonio Manuel Torres Pérez
19 de septiembre de 2025
Durante los últimos años, el elevado consumo de drogas de abuso y la expansión de la industria química y farmacéutica han determinado la naturaleza y la frecuencia de las exposiciones humanas a sustancias peligrosas. Pese a la continua irrupción de nuevos fármacos, drogas o compuestos químicos, es importante recordar que, la mayoría de estos venenos proceden del entorno natural y que, en realidad, las personas hemos convivido con ellos desde siempre, formando parte de nuestra historia y de nuestra relación con el medio que nos rodea.
Así, el binomio que forman el ser humano y la toxicología está repleto de anécdotas. Por citar algunos ejemplos, es posible recordar cómo acabó la historia de amor entre Romeo y Julieta o los fallecimientos de Sócrates, Cleopatra y otros muchos. En relación a la figura de la célebre y última reina de Egipto, según la tradición, eligió poner fin a su vida mediante una mordedura de una víbora, símbolo del poder letal que encierra la naturaleza.
En la actualidad, las mordeduras de serpiente representan una realidad muy diferente a la que marcó el destino de Cleopatra. En España, las urgencias relacionadas con un envenenamiento causado por la mordedura de una serpiente autóctona son poco frecuentes, aunque potencialmente graves. Cataluña se sitúa como la comunidad autónoma que concentra el mayor número de casos, con una media cercana a 130 al año. En contraste, otras regiones más pequeñas como Teruel registran tan solo entre 2 y 3 episodios anuales.
La mayor parte de estos contactos se concentran entre finales de marzo y comienzos de noviembre, especialmente durante los meses de verano, cuando las serpientes autóctonas se encuentran en plena actividad. El resto del año, en cambio, permanecen en un estado comparable a la hibernación de ciertos mamíferos.
La mayoría de los incidentes ocurren al caminar por el campo y cruzarse accidentalmente en la trayectoria de la serpiente, lo que suele provocar la mordedura en el pie o el tobillo. En otras ocasiones, se incurre en el error de acercarse demasiado para obtener una buena fotografía o, aún más arriesgado, al cogerlas con la mano. En ese caso, la mordedura suele localizarse en los dedos y con frecuencia hay 2-3 mordiscos, lo que incrementa considerablemente la gravedad potencial.
En España hay dos grandes familias de ofidios: las culebras (en su mayoría no son venenosas) y las víboras (todas venenosas). Entre las especies más conocidas destacan la culebra bastarda, la culebra de cogulla y, dentro de las víboras, la áspid, la hocicuda y la de Seoane. Conviene señalar que, una serpiente venenosa puede morder sin llegar a inyectar veneno (sustancia que es potencialmente neurotóxica), pues este se localiza en los colmillos posteriores, lo que obliga al animal a realizar varios intentos hasta conseguir inocularlo. En el escenario más favorable, si pasados 20-30 minutos, la zona afectada no muestra signos inflamatorios, edema ni dolor, es probable que se trate de una “mordedura seca”. En cambio, la presencia temprana de inflamación, edema y dolor intenso, tanto a la palpación como al movimiento, indica que el veneno sí ha sido inoculado.
Si una persona sufre la mordedura de una serpiente venenosa, es importante mantener la calma y buscar atención médica de forma inmediata. La persona afectada debe permanecer en reposo, inmovilizando la extremidad mordida para ralentizar la propagación del veneno, y aplicar frío local sin contacto directo con la piel. También es recomendable retirar anillos, pulseras o calzado, ya que el edema puede aumentar rápidamente y producirse un efecto torniquete. La herida no debe manipularse: basta con cubrirla de manera limpia y evitar movimientos innecesarios hasta llegar a un centro sanitario. En el caso de querer lavar y desinfectar la zona, es recomendable realizar una limpieza inicial suave de la herida con agua y jabón, seguido de un antiséptico incoloro, que no tiña la piel, y así no dificultar la evaluación posterior de la zona.
Por el contrario, nunca deben aplicarse torniquetes, ni realizar cortes o succión sobre la mordedura, ya que estas prácticas aumentan el riesgo de infección, suponen un riesgo añadido para el paciente y la persona que las realiza, así como una pérdida de tiempo. Tampoco conviene consumir alcohol, café u otros estimulantes, ni intentar capturar al animal a mano, pues se corre el riesgo de una segunda mordedura. En definitiva, actuar con serenidad, inmovilizar la zona y acudir lo antes posible a un hospital son las medidas más seguras y eficaces.

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