Mordeduras de serpiente: Qué hacer y cómo actuar

Mordeduras de serpiente: Qué hacer y cómo actuar

Juan José Aguilón Leiva y Antonio Manuel Torres Pérez

19 de septiembre de 2025

Durante los últimos años, el elevado consumo de drogas de abuso y la expansión de la industria química y farmacéutica han determinado la naturaleza y la frecuencia de las exposiciones humanas a sustancias peligrosas. Pese a la continua irrupción de nuevos fármacos, drogas o compuestos químicos, es importante recordar que, la mayoría de estos venenos proceden del entorno natural y que, en realidad, las personas hemos convivido con ellos desde siempre, formando parte de nuestra historia y de nuestra relación con el medio que nos rodea.

 

Así, el binomio que forman el ser humano y la toxicología está repleto de anécdotas. Por citar algunos ejemplos, es posible recordar cómo acabó la historia de amor entre Romeo y Julieta o los fallecimientos de Sócrates, Cleopatra y otros muchos. En relación a la figura de la célebre y última reina de Egipto, según la tradición, eligió poner fin a su vida mediante una mordedura de una víbora, símbolo del poder letal que encierra la naturaleza.

 

En la actualidad, las mordeduras de serpiente representan una realidad muy diferente a la que marcó el destino de Cleopatra. En España, las urgencias relacionadas con un envenenamiento causado por la mordedura de una serpiente autóctona son poco frecuentes, aunque potencialmente graves. Cataluña se sitúa como la comunidad autónoma que concentra el mayor número de casos, con una media cercana a 130 al año. En contraste, otras regiones más pequeñas como Teruel registran tan solo entre 2 y 3 episodios anuales.

 

La mayor parte de estos contactos se concentran entre finales de marzo y comienzos de noviembre, especialmente durante los meses de verano, cuando las serpientes autóctonas se encuentran en plena actividad. El resto del año, en cambio, permanecen en un estado comparable a la hibernación de ciertos mamíferos.

 

La mayoría de los incidentes ocurren al caminar por el campo y cruzarse accidentalmente en la trayectoria de la serpiente, lo que suele provocar la mordedura en el pie o el tobillo. En otras ocasiones, se incurre en el error de acercarse demasiado para obtener una buena fotografía o, aún más arriesgado, al cogerlas con la mano. En ese caso, la mordedura suele localizarse en los dedos y con frecuencia hay 2-3 mordiscos, lo que incrementa considerablemente la gravedad potencial.

 

En España hay dos grandes familias de ofidios: las culebras (en su mayoría no son venenosas) y las víboras (todas venenosas). Entre las especies más conocidas destacan la culebra bastarda, la culebra de cogulla y, dentro de las víboras, la áspid, la hocicuda y la de Seoane. Conviene señalar que, una serpiente venenosa puede morder sin llegar a inyectar veneno (sustancia que es potencialmente neurotóxica), pues este se localiza en los colmillos posteriores, lo que obliga al animal a realizar varios intentos hasta conseguir inocularlo. En el escenario más favorable, si pasados 20-30 minutos, la zona afectada no muestra signos inflamatorios, edema ni dolor, es probable que se trate de una “mordedura seca”. En cambio, la presencia temprana de inflamación, edema y dolor intenso, tanto a la palpación como al movimiento, indica que el veneno sí ha sido inoculado.

 

Si una persona sufre la mordedura de una serpiente venenosa, es importante mantener la calma y buscar atención médica de forma inmediata. La persona afectada debe permanecer en reposo, inmovilizando la extremidad mordida para ralentizar la propagación del veneno, y aplicar frío local sin contacto directo con la piel. También es recomendable retirar anillos, pulseras o calzado, ya que el edema puede aumentar rápidamente y producirse un efecto torniquete. La herida no debe manipularse: basta con cubrirla de manera limpia y evitar movimientos innecesarios hasta llegar a un centro sanitario. En el caso de querer lavar y desinfectar la zona, es recomendable realizar una limpieza inicial suave de la herida con agua y jabón, seguido de un antiséptico incoloro, que no tiña la piel, y así no dificultar la evaluación posterior de la zona.

 

Por el contrario, nunca deben aplicarse torniquetes, ni realizar cortes o succión sobre la mordedura, ya que estas prácticas aumentan el riesgo de infección, suponen un riesgo añadido para el paciente y la persona que las realiza, así como una pérdida de tiempo. Tampoco conviene consumir alcohol, café u otros estimulantes, ni intentar capturar al animal a mano, pues se corre el riesgo de una segunda mordedura. En definitiva, actuar con serenidad, inmovilizar la zona y acudir lo antes posible a un hospital son las medidas más seguras y eficaces.

El deporte universitario: Una herramienta de salud a nuestro alcance

El deporte universitario: Una herramienta de salud a nuestro alcance

Alberto Calleja-Romero

18 de septiembre de 2025

El 20 de septiembre se celebra el Día Internacional del Deporte Universitario, una fecha que invita a reflexionar sobre la importancia de integrar la actividad física en la vida académica. No se trata solo de competir o mantenerse en forma, sino que hablamos de un recurso de salud pública muy a tener en cuenta, especialmente en un momento en el que la salud mental del estudiantado se encuentra en el punto de mira.

 

La evidencia científica es clara: la Organización Mundial de la Salud, tras revisar la globalidad de estudios publicados en este ámbito recomienda, al menos, 150 minutos semanales de actividad física moderada para las personas adultas. Sin embargo, en el entorno universitario este consejo adquiere un peso mayor, ya que la presión académica, la incertidumbre por el futuro y, en muchos casos, la soledad percibida, generan un caldo de cultivo para la ansiedad y la depresión. De hecho, en un estudio con más de mil estudiantes en Aragón se detectó que un 23,6% sufría síntomas de ansiedad y un 18,4% de depresión. Más aún, otros trabajos muestran que, según la muestra y el contexto, las prevalencias pueden ser incluso más altas. Una revisión sistemática estima que alrededor de un tercio del estudiantado universitario presenta síntomas relevantes de ansiedad.

 

Frente a este panorama, el deporte se revela como una de las intervenciones más accesibles y eficaces. No hablamos únicamente del sistema cardiovascular o de los músculos, el ejercicio regula neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la noradrenalina, todos ellos vinculados al bienestar emocional. Además, se ha demostrado que incrementa los niveles de BDNF, una proteína clave en la plasticidad cerebral y la prevención de trastornos depresivos.

 

En el contexto universitario, los datos refuerzan esta relación entre el deporte y la salud mental: un estudio mostró que el estudiantado universitario que participaba de manera activa en actividades deportivas mostró una menor prevalencia de depresión y mejores hábitos de salud que sus compañeros y compañeras no deportistas. Más allá de los números, lo que se observa es un círculo virtuoso: más deporte significa más bienestar, mejor rendimiento académico y mayor cohesión social.

 

La Universidad de Zaragoza constituye un ejemplo cercano y tangible. Su Servicio de Actividades Deportivas no se limita a ofrecer el uso libre de instalaciones deportivas, sino que impulsa programas para toda la comunidad: desde el estudiantado y el personal universitario hasta mayores de 55 años, que encuentran en la práctica física un medio de socialización y salud. Además, la institución ha sido reconocida en varias ocasiones con la medalla de oro de la iniciativa internacional Exercise is Medicine, que distingue a los campus comprometidos en promover la actividad física como herramienta de prevención y tratamiento de enfermedades.

 

No obstante, queda camino por recorrer. No se trata solo de disponer de instalaciones y organizar actividades deportivas, sino también de garantizar la inclusión de todos los colectivos: desde quienes se sienten menos hábiles físicamente hasta quienes, por motivos de identidad o discriminación, encuentran barreras adicionales.

 

En definitiva, el deporte universitario no es un lujo ni un capricho, sino una necesidad. No solo previene enfermedades cardiovasculares o metabólicas, también se posiciona como una herramienta de prevención real frente a la ansiedad, la depresión y el estrés. Reconocerlo y potenciarlo es apostar por una universidad más saludable, que entienda que la formación integral del estudiantado universitario debe combinar lo académico con el desarrollo de otras competencias y habilidades que se tienen que adquirir fuera del aula.

La calidad del agua y la salud

La calidad del agua y la salud

Mireya García-Gracia y Nadia Larumbe

18 de septiembre de 2025

El agua y su relevancia

 

El agua es un recurso fundamental para la supervivencia de los seres vivos. En la actualidad, pese a que su acceso ha aumentado, todavía hay millones de personas que no tienen cerca una fuente de agua potable, situación que se puede agravar si éstas terminan contaminadas debido a la existencia de escasas infraestructuras de saneamiento. Además, debido al cambio climático, las potenciales sequías y nuevos focos de contaminación por extensión de la zona endémica de parásitos y otros contaminantes biológicos, convierten el agua en un bien preciado por el que muchas personas se pueden ver forzadas a migrar en el futuro. En los países con PIB per cápita alto, es más habitual el acceso a fuentes de agua potable, pero no por ello están exentos de brotes infecciosos cuando no se atiende de forma adecuada a los controles de calidad.

 

Mecanismos de control calidad del agua: depuradoras y potabilizadoras

 

En España, para el abastecimiento de las poblaciones, el agua se potabiliza en las estaciones de tratamiento de aguas potables (ETAP), donde pasa por una serie de tratamientos hasta lograr una calidad y seguridad adecuada para el consumo humano. Tras su uso, las aguas residuales se dirigen a las estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR), donde se aplican las medidas oportunas para permitir su vertido nuevamente al medio acuático con una calidad suficientemente buena para no alterar la de los cursos de agua naturales. Debido a la escasez y al crecimiento de las poblaciones aumenta la demanda de agua, por lo que su reutilización es una práctica cada vez más frecuente. Para ello, tras la depuración de las aguas, estas pueden pasar por procesos adicionales que permiten su reutilización para fines agrícolas, industriales o recreativos, como aguas regeneradas.

 

De acuerdo con la normativa vigente, en las ETAP las aguas se someten a tratamientos fisicoquímicos para garantizar la seguridad química y microbiológica. Para medir su calidad se utilizan indicadores de contaminación fecal, como el recuento de coliformes totales, Escherichia coli, enterococos, y Clostridium perfringens. Se ha establecido un límite de Legionella presente en el agua potable, puesto que esta bacteria puede ocasionar infecciones respiratorias graves y se ha observado un aumento de los brotes de legionelosis, especialmente en los países mediterráneos. En ciertos casos se analiza la presencia de Cryptosporidium u otros microorganismos que señale la autoridad sanitaria por su implicación en brotes infecciosos.

 

En las EDAR, se controlan una serie de parámetros físicoquímicos que permiten un vertido seguro de las aguas de nuevo a su fuente original. Sin embargo, no se han marcado criterios de control microbiológico del agua, puesto que se asume que los patógenos fecales disminuyen su concentración al encontrarse fuera de su hábitat. En el caso de que el destino de las aguas vaya a ser la regeneración, sí que se deben cumplir una serie de requisitos microbiológicos para un reuso seguro. Entre estos parámetros encontramos sobre todo patógenos intestinales como nemátodos, Escherichia coli, Taenia saginata, Taenia solium y Salmonella, cuyo consumo puede producir enfermedades digestivas, o Legionella, cuando existe riesgo de aerosolización en el uso previsto del agua regenerada. En cualquier caso, los límites establecidos dependen del uso final del agua regenerada.

 

Contaminantes emergentes

 

En los últimos años han empezado a considerarse nuevos contaminantes que comprometen la salud de los seres vivos y del medioambiente, los denominados contaminantes emergentes, que se suman a los que se controlan habitualmente. No están contemplados en las normativas actuales, pero gracias a los avances en las técnicas de análisis químico y biológico, se pueden detectar en pequeñas concentraciones. Es relevante destacar que incluso a bajos niveles pueden causar importantes afecciones en la salud humana.

 

Como ejemplos de estos contaminantes encontramos los plaguicidas, algunos compuestos industriales y fármacos; en este último grupo son de especial relevancia los disruptores endocrinos y los antibióticos. Se encuentran en concentraciones muy pequeñas en las aguas, pero su presencia puede ocasionar problemas en la fauna que habita en los cursos de agua, en la población que la utiliza y en las bacterias del medio natural que generan resistencia a antibióticos y sufren selección de aquellas más resistentes. En hospitales y centros sanitarios, es especialmente importante esta problemática, y se vigila la presencia de bacterias como Pseudomonas aeruginosa, debido a su alta resistencia al tratamiento y su elevada patogenicidad en el sistema respiratorio.

 

Estos contaminantes no se eliminan por las técnicas convencionales de tratamiento del agua y pueden acumularse en la naturaleza tanto de forma libre como en reservorios ambientales, pudiendo ser después reconducidos de nuevo a las redes de suministro de agua de la población.

 

Este tema es tan relevante que, a nivel de europeo, se están invirtiendo esfuerzos en detectar antibióticos y bacterias potencialmente resistentes, así como sus posibles reservorios ambientales en zonas clave para su vigilancia. En la Universidad de Zaragoza, el grupo Agua y Salud Ambiental participa en los proyectos EMERGENTcy (POCTEFA) e INPATBIOTICS (AEI), contribuyendo a investigar la presencia de estos contaminantes y su posible eliminación y los posibles reservorios en los sistemas acuáticos.

 

Mensaje para llevarse a casa

 

El agua tiene un rol esencial en la regulación del medioambiente y en la salud de humanos y animales. Es, por tanto, imprescindible que el control de su calidad se lleve a cabo por los cauces adecuados y sea lo más exhaustivo que las tecnologías y el sentido común permitan. Esto es una labor que ayuda a prevenir enfermedades, permite la reutilización de los recursos hídricos de forma segura y contribuye a paliar el deterioro medioambiental por el uso antropogénico del agua.

 

De esta forma, el control de la calidad del agua tiene un papel fundamental desde una perspectiva de Salud Global, ya que su impacto sobre el medioambiente influye directamente sobre la salud humana y animal. La regeneración de las aguas con un control de calidad adecuado permite la reutilización de este recurso limitado, consolidando su correcto aprovechamiento y disponibilidad para generaciones futuras

La alfabetización en salud como pilar de la seguridad del paciente

La alfabetización en salud como pilar de la seguridad del paciente

María Teresa Fernández Rodrigo

17 de septiembre de 2025

La seguridad, según la Real Academia Española de la Lengua, se define como “la cualidad de estar libre de peligro o la imposibilidad de fallo”. En el ámbito sanitario, el concepto de seguridad del paciente se refiere a “la ausencia de daños prevenibles durante la atención, así como a la reducción del riesgo de producir perjuicios innecesarios hasta un nivel considerado aceptable”.

 

Cada 17 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Seguridad del Paciente. En 2025, el lema escogido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es “Cuidados seguros para todos los recién nacidos y todos los niños”, con el objetivo de sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de garantizar una atención libre de daños desde el inicio de la vida y promover medidas específicas en el ámbito pediátrico y neonatal.

 

La literatura científica ha mostrado que la vulnerabilidad de los pacientes pediátricos incrementa la probabilidad de sufrir errores o eventos adversos, especialmente en las unidades de cuidados intensivos neonatales (UCIN). Los incidentes más reportados en este contexto incluyen errores de medicación —también en nutrición—, fallos en el tratamiento, problemas de identificación del paciente y complicaciones durante procedimientos diagnósticos. Identificar las causas de estos errores y diseñar estrategias eficaces para evitarlos constituye un desafío central para los sistemas de salud.

 

En este proceso, las instituciones sanitarias desempeñan un papel fundamental. Detectar errores internos, implementar programas de mejora y promover una cultura organizativa orientada a la seguridad resulta imprescindible. Sin embargo, existe un factor que merece especial atención: la participación activa del paciente y sus familias.

 

Alfabetización en salud:  más que información, una herramienta de seguridad

 

La alfabetización en salud se reconoce hoy como un elemento clave en la seguridad del paciente. No se limita a la capacidad de leer información médica, sino que abarca la comprensión, la evaluación crítica e incluso la posibilidad de cuestionar indicaciones clínicas.

 

Diversos estudios han demostrado que la ausencia de estrategias de comunicación adaptadas al nivel de alfabetización de pacientes y familias puede derivar en errores graves. Confusiones en los nombres de medicamentos, instrucciones poco claras, múltiples indicaciones contradictorias o dificultades para comprender el alta médica, son situaciones que incrementan el riesgo de incidentes. Estas barreras afectan especialmente a la población pediátrica, donde la seguridad depende de la correcta actuación de padres o cuidadores.

 

Por el contrario, cuando los pacientes y sus familias alcanzan un nivel adecuado de alfabetización en salud, aumenta su disposición a participar de forma activa: formulan preguntas, verifican información sobre medicamentos o procedimientos y, en algunos casos, llegan a detectar errores antes de que ocurran. Así, la alfabetización en salud se convierte en un mecanismo protectorque transforma al paciente en un agente corresponsable de su seguridad.

 

El rol de las instituciones: hacia organizaciones alfabetizadas en salud

 

Las instituciones sanitarias tienen la responsabilidad de facilitar esta participación. El concepto de health literate organizationshace referencia a aquellas que se esfuerzan por comunicar de manera clara, accesible y adaptada a cada persona. Estrategias como el uso de lenguaje sencillo, apoyos visuales, el método teach-back (solicitar al paciente que repita con sus palabras las instrucciones recibidas) o el diseño de guías y listas de verificación para pacientes y familias han demostrado reducir errores de medicación y mejorar la adherencia a los tratamientos.

 

Alfabetización en salud en España

 

En España, se ha constituido una red de profesionales y organizaciones que promueven la alfabetización en salud, integrando a pacientes, ciudadanía, profesionales y gestores sanitarios. Aunque aún no existen hospitales oficialmente reconocidos como “health literate organizations”, algunas instituciones ya desarrollan proyectos para medir el nivel de alfabetización de pacientes y personal, además de programas de educación sanitaria destinados a familias.

 

Los estudios realizados en nuestro país indican que la alfabetización en salud está influida por factores como la edad, la presencia de enfermedades crónicas, el nivel educativo, la situación social y la percepción subjetiva de la propia salud. Se ha observado que las personas con menor nivel de alfabetización presentan mayor riesgo de sufrir eventos adversos, sobre todo aquellas con bajo nivel educativo, percepción negativa de su estado de salud, ausencia de ejercicio físico y escasa red de apoyo social.

 

Conclusión

 

La alfabetización en salud no debe entenderse como un complemento, sino como un componente esencial de la seguridad del paciente. Promoverla significa empoderar a las personas para que participen de forma informada en su cuidado, reducir la incidencia de eventos adversos prevenibles y avanzar hacia un modelo de atención más seguro, equitativo y centrado en el paciente. Generar una cultura sanitaria basada en información contrastada y accesible no solo fortalece la autonomía individual, sino que también refuerza la seguridad en el sistema sanitario en su conjunto.

La fisioterapia del siglo XXI: una disciplina en plena transformación

La fisioterapia del siglo XXI: Una disciplina en plena transformación

Sandra Calvo

08 de septiembre de 2025

El 8 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Fisioterapia, una fecha que cada año invita a reflexionar sobre la importancia de esta profesión y sobre cómo ha evolucionado en tiempos recientes. Durante décadas, gran parte de la sociedad identificó la fisioterapia casi exclusivamente con los masajes o con la recuperación después de una lesión deportiva. Sin embargo, la realidad actual es mucho más amplia y compleja: hoy la fisioterapia es una disciplina sanitaria con base científica, con un papel cada vez mayor en la prevención de enfermedades, en la mejora de la calidad de vida de pacientes crónicos y en la incorporación de innovaciones tecnológicas que están cambiando radicalmente la manera de entender el cuidado de la salud.

 

Uno de los cambios más notables de los últimos años es la ampliación del campo de acción. Tradicionalmente, el fisioterapeuta entraba en escena cuando el paciente ya había sufrido una lesión, una operación o una fractura. La misión principal era la rehabilitación: devolver movilidad, fuerza y funcionalidad. Esa función sigue siendo vital, pero hoy la fisioterapia ha asumido un rol también preventivo. Cada vez con más frecuencia los profesionales diseñan programas de ejercicio terapéutico orientados a evitar recaídas, trabajan en la prevención del dolor crónico y colaboran en campañas de salud pública para fomentar el ejercicio terapéutico en poblaciones vulnerables o en situación de cronicidad. La idea es clara: la fisioterapia se ha convertido en una herramienta estratégica en el manejo de patologías crónicas como la artrosis, o incluso en oncología.

 

La consolidación de la investigación científica ha sido otro de los motores de avance. La fisioterapia ya no se apoya únicamente en la experiencia clínica de sus profesionales, sino en una sólida base de estudios, ensayos clínicos y revisiones sistemáticas con metaanálisis que avalan las intervenciones. Grupos de investigación de Universidades e Institutos de Investigación de todo el mundo han multiplicado las publicaciones sobre ejercicio terapéutico, fisioterapia respiratoria, técnicas invasivas o intervenciones manuales, situando a la disciplina en el mismo nivel de exigencia científica que otras profesiones sanitarias. Esta transición hacia una práctica basada en la evidencia ha fortalecido el reconocimiento de la fisioterapia como ciencia, consolidando su credibilidad y rigor.

 

El avance tecnológico ha sido otro gran protagonista en esta transformación. La pandemia de COVID-19 aceleró la implantación de la tele-rehabilitación, un recurso que permite que muchos pacientes puedan realizar sus ejercicios de recuperación desde casa, con la supervisión remota de su fisioterapeuta. En paralelo, herramientas como la realidad virtual convierten la rehabilitación en un proceso más interactivo y motivador. La robótica aplicada a la rehabilitación y el uso de sensores portátiles, capaces de medir la marcha, la postura o la fuerza, permite personalizar y objetivar los tratamientos. Todo ello no sustituye al profesional, pero amplía su arsenal de herramientas y posibilita intervenciones más precisas.

 

Al mismo tiempo, la fisioterapia ha conquistado nuevos espacios que hasta hace poco parecían lejanos. Hoy encontramos fisioterapeutas trabajando en oncología para ayudar a los pacientes a reducir la fatiga, prevenir la pérdida de masa muscular y mejorar su movilidad. También tienen un papel clave en la salud mental, abordando el dolor crónico, la ansiedad y la depresión desde una perspectiva integradora que conecta cuerpo y mente. En geriatría, los programas de ejercicio diseñados por fisioterapeutas se han demostrado fundamentales para prevenir caídas, mantener la autonomía y mejorar la calidad de vida en personas mayores. Y en el deporte, tanto profesional como amateur, la fisioterapia ha pasado de ser una herramienta de recuperación tras la lesión a convertirse en un recurso para co-diseñar programas de prevención personalizados junto a otros profesionales.

 

Este abanico creciente de áreas de actuación está vinculado a un cambio de enfoque profundo que lleva años desarrollándose: el paso del modelo biomédico tradicional al modelo biopsicosocial. En otras palabras, la fisioterapia contemporánea entiende que el dolor y la discapacidad no se explican únicamente por factores físicos, sino también por variables psicológicas, como el miedo al movimiento o la ansiedad ante el dolor, y sociales, como el entorno laboral o familiar. Hoy el fisioterapeuta no solo trabaja músculos y articulaciones, sino que también escucha, educa y acompaña al paciente. Estrategias como la educación en neurociencia del dolor, las técnicas de autocuidado o cultivar la autoeficacia son parte esencial de la práctica clínica diaria. Se trata de devolver no solo movimiento, sino también confianza y autonomía.

 

A pesar de estos avances, los retos siguen siendo numerosos. Uno de ellos es la accesibilidad: no todos los pacientes pueden beneficiarse de programas de fisioterapia de calidad, especialmente en regiones con menos recursos o en sistemas de salud saturados. Otro desafío es el reconocimiento profesional: lograr las especialidades en Fisioterapia. También el envejecimiento poblacional plantea una presión creciente: a medida que las personas viven más años, aumenta la necesidad de intervenciones que mantengan la independencia funcional. Y no hay que olvidar la importancia de la formación continua, ya que el fisioterapeuta del siglo XXI necesita actualizarse constantemente para integrar nuevas tecnologías y avances científicos.

 

El Día Mundial de la Fisioterapia, promovido por la Confederación Mundial de Fisioterapia, es una ocasión para visibilizar estos avances y desafíos. El objetivo es claro: recordar que la fisioterapia no es un lujo, sino un recurso esencial para mejorar la calidad de vida de millones de personas en todo el mundo.

 

En definitiva, la fisioterapia ha dejado de ser vista únicamente como una herramienta de rehabilitación. Hoy es una disciplina científica, tecnológica y profundamente humana, capaz de acompañar a las personas en casi todas las etapas de la vida y en un sinfín de situaciones clínicas. En un mundo cada vez más sedentario, envejecido y aquejado de enfermedades crónicas, la fisioterapia se presenta como una aliada imprescindible. Su mensaje central podría resumirse en una sencilla verdad: el movimiento es salud.

 

Este 8 de septiembre, cuando celebremos el Día Mundial de la Fisioterapia, conviene reconocer el esfuerzo de miles de profesionales que trabajan cada día para devolvernos algo tan valioso como la capacidad de movernos, prevenir la enfermedad y vivir con calidad. Porque en cada paso, en cada gesto y en cada respiración, la fisioterapia nos recuerda que cuidar del cuerpo es también cuidar de la vida.

Consentir, cuidar, disfrutar: así es la salud sexual

Consentir, cuidar, disfrutar: así es la salud sexual

Piedad Gómez Torres

4 de septiembre de 2025

Cada 4 de septiembre mucha gente habla de salud sexual. Suena grande, pero va de lo cotidiano: cómo nos sentimos con nuestro cuerpo, cómo nos relacionamos, cómo decidimos, cómo nos cuidamos. No es solo un “tema de adultos”: es parte de la vida, en todas las etapas. Aquí va una explicación sin sermones y con foco en lo útil.

¿Qué es “salud sexual”?

 

Es bienestar, no solo “no tener una infección” o “evitar un embarazo”. La sexualidad no es un examen. Es un proceso: cambian los gustos, cambian las dudas, cambia lo que necesitas. Por eso se habla de aprendizaje a lo largo de la vida y de un enfoque positivo y respetuoso, que permita experiencias placenteras y seguras, libres de coerción y discriminación. Incluye cuatro piezas conectadas:

  • Física: conocer el propio cuerpo, los cambios de la pubertad, la anticoncepción, las infecciones de transmisión sexual (ITS), las vacunas que nos protegen (como VPH o hepatitis B) y el acceso a atención cuando hace falta.
  • Emocional y mental: cómo te ves, qué te gusta o no te gusta, cómo manejas nervios, presión o vergüenza; qué te hace sentir seguro/a.
  • Social: cómo te relacionas con otras personas, cómo se acuerdan límites, qué expectativas circulan en tu grupo y en internet.
  • Derechos: poder decidir libremente sobre tu vida sexual, con información fiable y sin discriminación.

 

Piezas clave para una salud sexual integral

 

  1. Consentimiento. Es el punto de partida. Consiste en un acuerdo explícito y libre entre quienes participan. No vale la presión, el silencio incómodo ni el “bueno…”. Es reversible: decir “sí” no obliga para siempre; se puede parar cuando algo deja de cuadrar.
  2. Prevención y reducción de riesgos. Hay herramientas para bajar riesgos: condón, barreras bucales, pruebas de ITS, anticoncepción según necesidades, y, en algunos casos indicados por personal sanitario, profilaxis frente al VIH (PEP – después de una exposición: ideal cuanto antes y hasta 72 horas / PrEP – antes, como opción adicional para quien la elija). No existe el riesgo cero, pero sí existen decisiones informadas.
  3. Placer y bienestar. La salud sexual también tiene que ver con el disfrute y la intimidad. Hablar de lo que gusta, de lo que incomoda, de ritmos y expectativas, ayuda a que la experiencia sea mejor y más segura.
  4. Diversidad. Orientaciones (hetero, bi, gay, asexual, etc.), identidades de género (cis, trans, no binarias, etc.) y cuerpos diversos forman parte de la realidad humana. Conocer esta diversidad reduce dudas y miedos y mejora el acceso a cuidados.
  5. Relaciones y comunicación. Poner en palabras límites, deseos y miedos evita malentendidos. Frases como “¿te apetece…?”, “prefiero esto así”, “hasta aquí” son herramientas de cuidado.
  6. Entorno digital. La vida también pasa por el móvil: sexting, redes, chats. El consentimiento se aplica igual en pantalla que fuera de ella. Compartir una imagen íntima implica riesgos de reenvío o captura; entender privacidad, huella digital y opciones de denuncia es parte del kit de seguridad.
  7. Violencias y seguridad. Existen situaciones como coacciones, chantaje, grooming o difusión no consentida de imágenes. Aprender a identificarlas temprano y saber a dónde acudir acelera la ayuda.
  8. Salud mental. Autoestima, ansiedad, imagen corporal… Todo esto influye en la vida sexual. Pedir apoyo psicológico cuando algo pesa no es “exagerar”: es cuidarse.
  9. Acceso a servicios. Centros de salud, recursos juveniles, líneas de ayuda y profesionales formados son clave. La atención debe ser confidencial y respetuosa, si no es así, pide otro/a profesional.

 

Enfoques para hablar de la salud sexual que se complementan (con mirada positiva)

No hay un único “modelo correcto”. Diferentes miradas aportan piezas distintas. Hablar de salud sexual en clave positiva significa centrarse en el bienestar, el consentimiento, el placer, la diversidad y los derechos. No se trata de asustar, sino de dar información útil para decidir.

  1. Biomédico. Este enfoque aporta herramientas concretas: anticoncepción según preferencias, condón como aliado, pruebas de ITS y vacunas. La clave está en presentar opciones y acompañar la elección pensando también en comodidad y disfrute, no solo en “evitar problemas”.

 

  1. Mira emociones, autoestima y habilidades para la vida. Entrena a pedir y dar consentimiento, a poner límites y a comunicar deseos. Sirve para entender por qué a veces cuesta decir “no” o pedir lo que necesitas, y para practicar cómo hacerlo sin vergüenza.

 

  1. Educación Sexual Integral. Propone aprender de forma continua y con participación real del alumnado. Incluye cuerpo, afectos, género, placer, prevención y vida digital (privacidad, consentimiento en imágenes). No ordena “cómo debe ser” la sexualidad: ofrece herramientas para decidir mejor.

 

  1. Derechos humanos. Recuerda que la sexualidad se vive con dignidad: confidencialidad, trato respetuoso y acceso a servicios sin discriminación, también en la adolescencia. Las decisiones deben ser libres e informadas, incluyendo el “no” y el “ahora no”.

 

  1. Género. Revisa cómo los estereotipos (“ellos siempre quieren”, “ellas deben complacer”) afectan a la seguridad, al placer y a la autonomía. Promueve relaciones más justas, donde nadie tenga que ceder por presión.

 

  1. Reconoce que las creencias y costumbres influyen. La idea es dialogar, adaptar lenguaje y ejemplos, sumar a las familias cuando toque… sin ceder en derechos básicos ni justificar violencias.

 

  1. Reducción de daños. Si hay conductas con riesgo, se puede bajar la probabilidad de daño: uso correcto del condón, testeo regular, acuerdos en pareja, consumo responsable si hay alcohol y, cuando corresponda por indicación profesional. También aplica online: cuidar la privacidad y el consentimiento en imágenes.

 

  1. Informado por trauma. Algunas personas han vivido situaciones difíciles. Este enfoque prioriza seguridad y control: explicar cada paso en consulta, pedir permiso antes de explorar, ofrecer alternativas y nunca presionar para contar más de lo que se quiere.

 

  1. Ciclo de vida y modelo socioecológico. Lo que necesita alguien de 13 años no es igual que a los 17. Además, no todo depende de “ponerse las pilas”: influyen la familia, la escuela, el barrio y las normas. Por eso conviene coordinar apoyos y horarios accesibles.

Checklist exprés de enfoque positivo Habla de bienestar y placer (no solo de riesgos), incluye consentimiento claro y reversible, ofrece varias opciones sin juicios, usa ejemplos diversos, dice dónde acudir, propone habilidades prácticas (comunicación, negociación, cuidado online) y reconoce barreras reales de acceso. Pequeños cambios de mensaje:

  • En vez de “evita el sexting” → “Si decides compartir, hazlo con herramientas para proteger tu privacidad.”
  • En vez de “no tengas relaciones sin condón” → “El condón te cuida y te da tranquilidad.”
  • En vez de “piensa mejor” → “Decide a tu ritmo: puedes decir que sí, que no o parar.”

 

Señales de que vas por buen camino

  • Tomar decisiones con calma y sin presiones externas.
  • Sentirte capaz de pedir y dar consentimiento de forma clara.
  • Tener información para escoger métodos y saber dónde hacerte pruebas.
  • Poder hablar de límites y deseos sin miedo.
  • Identificar recursos cercanos (profesionales, centros, líneas de ayuda).
  • Pedir apoyo si algo te preocupa o te hace daño.

 

Ideas para llevarte hoy

  • La salud sexual no es solo evitar riesgos: también es conocimiento, consentimiento, placer y respeto.
  • La diversidad existe; reconocerla y contar con ella mejora el bienestar de todas las personas.
  • En internet también hay límites y consentimiento.
  • Hacerte preguntas, informarte y pedir ayuda es una forma concreta de cuidarte.

Hablar de salud sexual y sexualidad con claridad no “provoca” nada por sí mismo: protege, informa y abre opciones. El Día Mundial de la Salud Sexual es una buena excusa para empezar, seguir preguntando y decidir con más seguridad.