Matronas que te acompañan hasta donde tú quieras

Matronas que te acompañan hasta donde tú quieras

Leyre Nagore González

5 de mayo de 2026

El próximo día 5 de mayo se celebra el Día Internacional de la Matrona para conmemorar el trabajo y papel vital que desempeñan estas profesionales sanitarias en el cuidado de la mujer y del recién nacido.

 

Si nos remontamos a sus raíces, la palabra “matrona” proviene del latín y es un derivado de mater (madre) y del sufijo –ona (que indica funciones de). Por ello, antiguamente hacía referencia a la “mujer distinguida y casada” mientras que, en la actualidad, este término se utiliza en España para designar a las profesionales sanitarias con competencias en el continuo de la atención sanitaria de la mujer durante toda su trayectoria vital y del recién nacido sano en el trascurso de su primer mes de vida.

 

 

Y os preguntaréis… ¿qué se necesita estudiar para ser matrona?

 

 

En nuestro país es requisito previo cursar el Grado en Enfermería y posteriormente especializarse mediante el sistema EIR (Enfermero Interno Residente) con una duración de dos años a tiempo completo para conseguir dicha especialidad en obstetricia y ginecología (matrona).

 

Es por esta formación reglada y amplia por lo que hay que dejar atrás el concepto de que las matronas ocupan solo paritorios y centros de salud y comprender el amplio potencial que pueden desarrollar cubriendo tanto el seguimiento de la gestación y atención al parto y postparto como otros campos en relación a la salud sexual y reproductiva de la mujer como la planificación familiar, el trabajo en salud ginecológica con cribados de cáncer ginecológico y prevención y detección de ITS, acompañamiento en casos de IVE, así como seguimiento a mujeres en su etapa de climaterio, entre otros ejemplos.

 

Ya no es cuestión de una profesión basada en la vocación de cuidar y acompañar a mujeres durante su gestación y parto; es hora de entender que son profesionales con un amplio potencial por desarrollar y con mucho conocimiento que aportar a la sociedad en general y a la mujer en particular.

 

Me gustaría igualmente hacer referencia a la profesión de la matrona desde un tono más cercano y personal ya que abarca gran parte de mi vida (al ser mi profesión) desde hace trece años. Es un trabajo que, si te apasiona, te permite estar en continuo crecimiento y aprendizaje; siempre hay un área o campo con posibilidades para explorar y seguir profundizando. En mi caso, además del momento de atender la llegada de la vida, y creo que puedo hablar en nombre de todos mis compañeros y compañeras reconociendo que es siempre único y que de todos te llevas una sensación diferente y única a casa. Es muy gratificante también cuando consigues proporcionar (en mitad del caótico y desesperante postparto) algo de alivio en una mujer angustiada por una lactancia dificultosa o a un padre lleno de dudas por los primeros cuidados de su bebé y que teme la vuelta a casa con tanta incertidumbre.

 

Es un trabajo que conlleva una gran responsabilidad y también un esfuerzo físico y psicológico; pero es cierto que pocas profesiones te aportan tanto sentimiento de gratitud y cariño de las familias y te hacen sentir tan bien cuando ves sus caras saliendo del hospital y despidiéndose de ti en el control; y quién sabe si en unos meses nos los encontraremos en el tranvía o dando una vuelta por la calle. Para nosotros serán una familia más pero para ellos siempre seremos parte de su “historia” y de algún modo partícipes de una de las etapas mas bonitas de sus vidas.

 

Me gustaría acabar este pequeño artículo con una reflexión popularizada por Michel Odent (médico francés y firme defensor del parto humanizado y respetado) con la frase “para cambiar el mundo es necesario cambiar la forma de nacer” y es cierto que ahí empieza todo, trabajando con rigor científico, pero siempre desde el respeto y la comprensión para conseguir personas con más y mejor salud.

 

Y ahora tú, ¿conocías todas las competencias del trabajo de la matrona? Aprovecha y aprende sobre salud junto a ella y deja que te acompañe en tu momento vital para disfrutar de una buena salud sexual y reproductiva y participar en este compromiso de cuidarnos y saber cuidar.

Día mundial de la malaria

Día mundial de la malaria

Mireya García-Gracia y Nadia Larumbe

25 de abril de 2026

¿Qué es y cómo se transmite?

 

La malaria (o paludismo) es una enfermedad infecciosa no transmisible de persona a persona. En 2024, la prevalencia ascendía a 282 millones de casos activos en el mundo y se produjeron 610.000 muertes debido a esta enfermedad. En las zonas geográficas donde la enfermedad es endémica hasta el 75% de las muertes son de niños y niñas menores de 5 años. Las principales regiones afectadas son las zonas tropicales y subtropicales del planeta. La región de África subsahariana presenta el mayor número de casos (265.000) y muertes (579.000) nuevos, seguida del Norte de África y el Levante Mediterráneo.

 

Los síntomas en las primeras etapas de la enfermedad son inespecíficos: dolor de cabeza y articular, fiebre y escalofríos; por lo que pueden confundirse con una gripe. Los síntomas aparecen, en general, entre 1 y 2 semanas después de la infección. Las personas que ya han pasado anteriormente por una infección pueden presentar sintomatología más leve; no obstante, existen formas graves de la enfermedad que incluyen los siguientes síntomas:

 

  • Fatiga extrema
  • Convulsiones
  • Dificultad respiratoria
  • Orina de color oscuro o con sangre
  • Ictericia (color amarillo en los ojos)

 

Las formas graves de la enfermedad pueden llegar a ocasionar la muerte de la persona y requieren cuidados de emergencia. La población de mayor riesgo incluye a lactantes y gestantes, menores de 5 años, viajeros y personas inmunodeprimidas, especialmente si viven con VIH o SIDA.

 

Esta enfermedad es causada por parásitos del género Plasmodium. Existen 5 especies diferentes del parásito, pero las más comunes en humanos son P. falciparum y P. vivax. La vía de entrada del parásito es a través de la picadura del mosquito Anopheles hembra. Este mosquito se encuentra distribuido por todos los continentes salvo la Antártida, pero el parásito no sobrevive a todos los ambientes. La transfusión de sangre infectada o el uso de jeringas contaminadas también pueden transmitir la malaria.

 

 

Impacto del cambio climático en la dispersión de la enfermedad

 

La temperatura óptima para el desarrollo del mosquito es de 29ºC de media, lo que permite sobrevivir a Plasmodium dentro de éste. Se estima que debido al aumento de temperatura, la intensidad en las precipitaciones y los cambios en la humedad ambiental, las poblaciones de mosquito se desarrollarán más rápido y de forma más abundante, lo que supondrá un aumento de las picaduras. Esto podría ocasionar que en zonas donde anteriormente el paludismo no era endémico comience a haber más casos.

 

Esta conclusión se encuentra en discusión, hay expertos que cuestionan su alcance y asocian un aumento de casos en zonas donde no era frecuente a lapsos en los programas sanitarios de control de vectores o a un aumento de la resistencia al tratamiento. Es relevante tener en cuenta que la epidemiología de esta enfermedad es compleja y multifactorial. La deforestación, que fomenta lluvias torrenciales y la presencia de aguas estancadas en las que proliferan las larvas del mosquito son factores importantes, como también lo es la desigualdad en el acceso a un sistema de salud que pueda dar respuesta a posibles nuevos brotes en las áreas geográficas afectadas.

 

 

Prevención y tratamiento

 

A pesar de su impacto, la malaria es una enfermedad prevenible y tratable. Las principales estrategias de prevención son simples y eficaces y se centran en evitar las picaduras, especialmente durante las horas de mayor actividad del mosquito: el atardecer y la noche. Entre ellas destacan:

 

  • Uso de mosquiteras, especialmente impregnadas con insecticidas.
  • Vestimenta con ropa adecuada: mangas largas, pantalones largos y calcetines, priorizando los colores claros.
  • Aplicación de repelentes en las partes expuestas del cuerpo, recordando también la reaplicación según las especificaciones del producto.
  • En interiores, siempre que sea posible, el uso de mosquiteras en puertas y ventanas, y la climatización de las habitaciones.
  • Para casos puntuales de viajes a zonas endémicas de malaria y en función de los factores de riesgo del paciente, se pueden pautar régimenes de quimioprofilaxis bajo supervisión médica.

 

También es fundamental reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica, realizar un control de aguas estancadas que puedan suponer lugares de cría del mosquito, así como invertir en prevención y garantizar el acceso a tratamientos en las regiones más afectadas.

 

En cuanto al tratamiento, existen fármacos eficaces como la artemisina que permiten curar la enfermedad si se administran a tiempo. Sin embargo, al igual que ocurre con otros patógenos, la aparición de resistencias a los medicamentos es una preocupación creciente, haciendo que los tratamientos se compliquen y sean necesarias distintas combinaciones de terapias.

 

 

Conclusiones

 

La malaria no es solo un problema sanitario, sino también ambiental y social. Su persistencia y posible expansión están estrechamente ligadas a factores como el cambio climático, la desigualdad y el acceso a sistemas de salud.

 

En un mundo cada vez más interconectado, la lucha contra esta enfermedad sigue siendo un desafío global que requiere una acción coordinada y sostenida. La sensibilización, el apoyo a la investigación y la cooperación internacional son herramientas fundamentales para avanzar en el control de la enfermedad. Iniciativas globales han demostrado que es posible reducir significativamente los casos de malaria cuando se mantienen en el tiempo.

 

El Día mundial de la Malaria es una oportunidad para recordar que se trata de una enfermedad prevenible y tratable, pero aún no erradicada, cuyo control depende de un compromiso de Salud Global sostenido.

 

La alfabetización en salud como pilar de la seguridad del paciente

La alfabetización en salud como pilar de la seguridad del paciente

Andrea Ugencio Isarre

18 de abril de 2026

Según la RAE, el termino seguridad es la cualidad de seguro y es sinónimo de “ausencia de peligro” o  “imposibilidad de fallo”.

 

El concepto de seguridad del paciente hace referencia a “la ausencia de daños prevenibles en los pacientes y la reducción hasta un mínimo aceptable del riesgo de causarles innecesariamente daños al atenderlos”.

 

El 17 de septiembre se conmemora el día mundial de la seguridad del paciente. Y el tema escogido para este año 2025 es “Cuidados seguros para todos los recién nacidos y todos los niños”. La OMS tiene como objetivo sensibilizar a la comunidad con el lema “La seguridad del paciente desde el principio” e impulsar medidas para eliminar los daños y eventos adversos en la atención pediátrica y neonatal.

 

Al identificar las deficiencias, errores y factores de riesgo que conducen a un evento adverso, se pueden desarrollar medidas correctivas para prevenir errores similares. Las revisiones coinciden en que la vulnerabilidad pediátrica aumenta la probabilidad de error y los eventos adversos notificados con mayor frecuencia en las UCIN (Unidades cuidados Intensivos Neonatales) son los relacionados con medicamentos (incluida la nutrición), los errores de tratamiento, la identificación errónea del paciente  y los incidentes en los procedimientos de diagnóstico. Descubrir la causa de estos errores, así como brindar soluciones viables para evitarlos, es un desafío.

 

La intervención de las instituciones sanitarias para identificar estos errores internos y promover programas para su detección y corrección es fundamental, así como todos aquellos factores que los favorecen.

 

Pero existe un factor clave que se debe destacar para mejorar la seguridad, que es la participación del paciente. La educación y capacitación del paciente son esenciales para reducir el daño, por lo que la alfabetización en salud es un predictor poderoso de los resultados de atención.

 

La alfabetización en salud no se limita únicamente a leer información médica, sino que engloba las habilidades de comprender, evaluar e incluso cuestionarse las indicaciones sanitarias.

 

Diversos estudios concluyen que la falta constante de estrategias de alfabetización en salud al comunicarse con pacientes y familias conduce a errores de seguridad. La mala comprensión de los nombres de los medicamentos, las indicaciones poco claras, múltiples instrucciones y las dificultades para comprender y ejecutar las instrucciones del alta, conduce a errores. Estas situaciones se agravan en poblaciones vulnerables, como es la pediátrica, ya que se requiere de la actuación de los padres o cuidadores.

 

Por el contrario, cuando los pacientes o sus familias poseen un nivel adecuado de alfabetización en salud, se incrementa su disposición a participar de manera activa en los procesos de atención, a realizar preguntas, a verificar la información sobre medicación o procedimientos, e incluso a detectar posibles errores antes de que lleguen al paciente. De este modo, la alfabetización en salud actúa como un mecanismo protector, que convierte al paciente en un agente corresponsable de su seguridad.

 

Las instituciones sanitarias también juegan un papel central en este ámbito. La creación de entornos considerados como “health literate organizations” —organizaciones que se esfuerzan en comunicar de forma clara, accesible y adaptada al nivel de comprensión de cada persona— favorece que la información crítica sea entendida y aplicada correctamente. Estrategias como el uso de lenguaje claro, materiales visuales, el método teach-back (que consiste en pedir al paciente que repita con sus palabras las instrucciones recibidas) o el diseño de guías y checklists dirigidas a pacientes y familias han mostrado resultados positivos en la reducción de errores de medicación y en la mejora de la adherencia terapéutica.

 

En definitiva, la alfabetización en salud no debe considerarse un complemento, sino un componente esencial de la seguridad del paciente. Favorecerla implica empoderar a las personas para que participen de forma informada en su cuidado, reducir la ocurrencia de incidentes prevenibles y avanzar hacia un modelo de atención más seguro, equitativo y centrado en el paciente.

 

 

Red Española de Alfabetización para la Salud

 

Es una red de profesionales con interés en promover alfabetización en salud, integrando pacientes, población general, profesionales y organizaciones.

 

Actualmente, no hay registrados de forma oficial hospitales españoles como “Health Literate Organizations” y que contengan todos los requisitos establecidos para ello. Sin embargo, varios hospitales:

 

  • Ya han comenzado con estudios/iniciativas relevantes.
  • Miden el nivel de alfabetización en salud en personal y pacientes.
  • Implementan programas de educación de pacientes/familias.

La otra medicación

María empieza quimioterapia para un cáncer de mama. En casa, cada mañana, añade cúrcuma a su infusión. Se lo recomendó alguien con buena intención. No lo comenta en consulta. No lo considera importante. “No es un medicamento”, piensa, “es algo natural”.

 

En oncología, esta escena se repite más de lo que imaginamos. Diversas revisiones sistemáticas estiman que entre un 30 y un 50 % de las personas con cáncer utilizan terapias complementarias durante el tratamiento activo. Muchas no lo comunican al equipo sanitario. No siempre por desconfianza: a veces porque nadie lo pregunta, otras porque creen que “lo natural” queda fuera de la historia clínica.

 

Las razones suelen ser profundamente humanas: el deseo de participar activamente en el proceso, de no quedarse inmóvil ante la enfermedad; la necesidad de sentir que uno hace algo más por sí mismo; la esperanza depositada en aquello que suena menos agresivo que la palabra quimioterapia.

 

Sin embargo, el organismo no distingue entre lo que se prescribe y lo que se compra por iniciativa propia. Todo lo que ingerimos atraviesa los mismos sistemas que metabolizan los fármacos antineoplásicos. Algunas plantas medicinales o suplementos pueden modificar la concentración de los tratamientos al interferir en su metabolismo o eliminación, un riesgo descrito también en revisiones recientes sobre interacciones planta-fármaco en oncología.

 

Existen ejemplos bien documentados. La hierba de San Juan puede reducir las concentraciones plasmáticas de irinotecán al inducir enzimas metabólicas. El zumo de pomelo puede aumentar niveles de fármacos metabolizados por CYP3A4 al inhibir su degradación intestinal. Extractos concentrados de té verde han mostrado interferencias con terapias como el bortezomib.     En los últimos años también se ha estudiado la curcumina —presente en la cúrcuma— por su capacidad para modular enzimas y transportadores implicados en el metabolismo de fármacos, lo que refuerza la importancia de comentar su uso durante tratamientos oncológicos.

 

No se trata de generar alarma. Se trata de recordar que lo natural también tiene actividad biológica. El verdadero problema rara vez es la infusión. Es el silencio.

 

Una revisión sistemática sobre divulgación del uso de terapias complementarias muestra que muchas personas no informan por miedo a la desaprobación o porque creen que no es relevante mencionarlo. Cuando el equipo sanitario desconoce todo lo que una persona está tomando, trabaja con información incompleta. Y la seguridad terapéutica depende, en gran medida, de conocer la historia completa.

 

Como residente de Enfermería Familiar y Comunitaria, he aprendido que muchas decisiones sanitarias no nacen en la consulta, sino en la intimidad del hogar: en una conversación con un familiar, en un vídeo viral, en una recomendación bienintencionada. Si no preguntamos de forma abierta y sin juicio, es fácil que esas prácticas queden fuera del relato clínico. Y cuando no aparecen en la conversación, tampoco entran en la toma de decisiones compartida.

 

Las principales sociedades científicas recomiendan preguntar de forma explícita y sistemática por el uso de terapias complementarias durante el tratamiento oncológico, integrando esta conversación en la práctica clínica habitual. No como un interrogatorio ni como un juicio, sino como una estrategia de seguridad y de confianza.

 

Nombrar “la otra medicación” no significa prohibirla. Significa ampliar la mirada clínica para incluir todo aquello que influye en la salud de una persona. Porque a veces la intervención más eficaz es abrir una pregunta sencilla: “¿Estás tomando algo más que creas que puede ser importante contarme?”.

 

En un contexto donde la desinformación en salud circula con rapidez, la conversación honesta se convierte también en una herramienta terapéutica. La seguridad empieza en el laboratorio, pero no termina en la prescripción: continúa cuando alguien se siente escuchado.     Y quizá ahí esté el verdadero reto de quienes cuidamos: no sólo saber qué productos naturales toma María, sino crear el espacio adecuado para que quiera contarlo.

Prevención del cáncer de cuello de útero: la importancia del cribado y la citología

Prevención del cáncer de cuello de útero: la importancia del cribado y la citología

Natalia Costas Ramón
26 de marzo de 2026
El cáncer de cuello de útero, también conocido como cáncer de cérvix, constituye un importante problema de salud pública a nivel mundial. Sin embargo, se trata de uno de los tumores más prevenibles gracias a la combinación de estrategias como la vacunación frente al virus del papiloma humano (VPH) y los programas de cribado poblacional. En España, la incidencia de este cáncer es relativamente baja en comparación con otros países europeos, situándose en torno a 5,2 casos por cada 100.000 mujeres al año, aunque sigue siendo el cuarto cáncer más frecuente entre mujeres jóvenes de 15 a 44 años.

 

La principal causa del cáncer de cuello uterino es la infección persistente por el VPH, una infección de transmisión sexual muy común. Aunque la mayoría de las infecciones por VPH se resuelven espontáneamente, algunas pueden provocar alteraciones celulares que, con el tiempo, evolucionan hacia lesiones precancerosas y, eventualmente, cáncer invasivo.

 

En este contexto, la prevención secundaria mediante el cribado adquiere un papel fundamental. El objetivo de estos programas es detectar lesiones precancerosas antes de que progresen a cáncer, permitiendo así un tratamiento precoz y eficaz. De hecho, el cribado ha demostrado reducir tanto la incidencia como la mortalidad asociada a este tumor.

 

A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud lanzó en 2020 una estrategia global para impulsar la eliminación del cáncer de cuello uterino como problema de salud pública. Esta iniciativa establece los conocidos objetivos “90-70-90” para el año 2030: que el 90% de las niñas estén vacunadas frente al VPH antes de los 15 años, que el 70% de las mujeres sean sometidas a pruebas de cribado de alta precisión a lo largo de su vida (preferentemente a los 35 y 45 años), y que el 90% de las mujeres con lesiones precancerosas o cáncer reciban el tratamiento adecuado. Esta estrategia refuerza la importancia de combinar prevención primaria (vacunación) y secundaria (cribado) para lograr una reducción significativa de la incidencia y mortalidad a nivel global.

 

 

La citología cervical como herramienta clave

 

La citología cervical ha sido durante décadas la técnica principal de cribado del cáncer de cuello de útero. Consiste en la obtención de una muestra de células del cuello uterino mediante una espátula o un pequeño cepillo, que posteriormente se analizan en el laboratorio para detectar posibles alteraciones celulares. Se trata de una prueba sencilla, rápida y generalmente indolora. Para realizarla, se introduce un espéculo en la vagina con el fin de visualizar el cuello uterino y recoger la muestra. El procedimiento dura unos minutos y no requiere preparación compleja, lo que facilita su implementación en programas de salud pública.

 

La citología permite identificar cambios celulares en fases muy tempranas, incluso antes de que aparezcan síntomas. Esto es clave, ya que el cáncer de cuello uterino suele desarrollarse lentamente, pasando por etapas precancerosas que pueden durar años.

 

 

¿Cuándo y con qué frecuencia realizar la citología?

 

Las recomendaciones sobre la periodicidad del cribado pueden variar ligeramente según las guías clínicas. En España, existen pautas establecidas en torno a la edad:

 

  • Entre los 25 y 29 años: se recomienda realizar una citología cada 3 años.
  • Entre los 30 y 65 años: el cribado se basa preferentemente en la detección del VPH de alto riesgo cada 5 años, aunque la citología sigue siendo una alternativa válida en algunos contextos.
  • A partir de los 65 años: puede suspenderse el cribado si los controles previos han sido normales.

 

Estas recomendaciones responden a la evidencia científica que demuestra que la repetición periódica de las pruebas permite detectar de forma eficaz las lesiones precursoras.

 

 

Población diana del cribado

 

El cribado del cáncer de cuello de útero está dirigido principalmente a mujeres entre los 25 y 65 años, independientemente de si presentan síntomas. Esto se debe a que las lesiones precursoras suelen ser asintomáticas, y su detección depende exclusivamente de las pruebas de cribado.

 

Las mujeres que han sido sometidas a una histerectomía total por causas benignas y sin antecedentes de lesiones cervicales de alto grado no requieren continuar con el cribado. Asimismo, en mujeres vacunadas frente al VPH, las recomendaciones pueden adaptarse ligeramente, aunque en general se mantiene la necesidad de participar en los programas de cribado, ya que la vacuna no cubre todos los tipos de virus oncogénicos.

 

 

Otras técnicas complementarias

 

En los últimos años, el cribado del cáncer de cuello uterino ha evolucionado incorporando nuevas técnicas, especialmente la detección del ADN del VPH. Esta prueba permite identificar la presencia de los tipos de virus con mayor capacidad oncogénica y se utiliza cada vez más como método principal en mujeres mayores de 30 años.

 

Cuando la citología o la prueba del VPH muestran resultados anormales, se recurre a técnicas diagnósticas complementarias como la colposcopia, que permite examinar el cuello uterino con mayor detalle y realizar biopsias si fuera necesario.

 

 

Conceptos claves en torno a la prevención y diagnóstico

 

La prevención del cáncer de cuello de útero es un ejemplo claro de éxito en salud pública. Gracias al conocimiento de su causa principal —la infección por el VPH— y al desarrollo de programas de cribado eficaces, es posible detectar la enfermedad en fases tempranas o incluso evitar su aparición.

 

La citología cervical sigue siendo una herramienta fundamental en este proceso. La participación activa en los programas de cribado y el cumplimiento de las recomendaciones de periodicidad son esenciales para reducir la incidencia y la mortalidad de este cáncer en la población. En definitiva, el cáncer de cuello de útero es en gran medida prevenible, y la clave reside en la combinación de educación sanitaria, vacunación y diagnóstico precoz mediante técnicas como la citología.

 

This work is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International