Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos

Eva Benito Ruiz

6 de enero de 2026

Para muchos niños y niñas, el Día de Reyes es uno de los momentos más esperados del año. La noche del 5 de enero está llena de nervios, preguntas, cartas cuidadosamente escritas y la emoción de pensar que algo mágico está a punto de suceder. Los Reyes Magos representan ilusión, sorpresa y fantasía, elementos fundamentales en la infancia y en la forma en que los más pequeños comprenden el mundo que les rodea.

Más allá de los regalos, esta celebración tradicional ocupa un lugar especial en el desarrollo emocional y social de los niños. Vivirla acompañados por la familia contribuye a crear recuerdos duraderos y a fortalecer vínculos.

 

La ilusión como motor del desarrollo infantil

La ilusión es una emoción clave en la infancia. Esperar la llegada de los Reyes Magos enseña a los niños a gestionar la anticipación y la paciencia, algo especialmente relevante en un contexto marcado por la inmediatez. La espera se convierte en parte de la experiencia, ayudando a los más pequeños a comprender que no todo sucede de forma instantánea.

Esta ilusión no solo se vive la noche de Reyes, sino en los días previos: preparar la carta, pensar qué pedir, dejar agua para los camellos o comentar la Cabalgata. Todos estos gestos refuerzan la capacidad de disfrutar del proceso y no solo del resultado.

 

La carta a los Reyes Magos: expresar deseos y emociones

Escribir la carta a los Reyes Magos es uno de los momentos más significativos para los niños. A través de ella, aprenden a expresar deseos, ordenar ideas y comunicar emociones. En muchos hogares, este acto se acompaña de conversaciones sobre el esfuerzo, el comportamiento durante el año y la importancia de agradecer.

La carta también puede convertirse en una herramienta educativa. Ayuda a los niños a reflexionar sobre lo que realmente desean y a comprender que no siempre se puede recibir todo lo que se pide, favoreciendo así la tolerancia a la frustración.

 

Imaginación y creatividad: un espacio para soñar

La historia de Melchor, Gaspar y Baltasar alimenta la imaginación infantil. Los cuentos, las cabalgatas y los relatos asociados al Día de Reyes crean un universo simbólico que estimula la creatividad. Imaginar, inventar y creer forman parte del desarrollo cognitivo y emocional de los niños.

Lejos de ser algo superficial, la imaginación ayuda a los niños a interpretar la realidad, a expresar sentimientos y a desarrollar habilidades fundamentales para su crecimiento personal y social.

 

Una celebración compartida y comunitaria

El Día de Reyes no se vive de forma aislada. Las calles llenas durante las cabalgatas, la emoción compartida y las tradiciones comunes refuerzan el sentimiento de pertenencia. Para los niños, formar parte de una experiencia colectiva contribuye a su socialización y al aprendizaje de normas de convivencia. Esta dimensión comunitaria permite además que los niños entiendan que las celebraciones forman parte de la vida en sociedad y que se construyen entre todos.

 

Más allá de los regalos: valores que perduran

Aunque los regalos ocupan un lugar central, el Día de Reyes es una oportunidad para transmitir valores como la generosidad, el compartir y el cuidado de lo que se recibe. Muchas familias aprovechan esta fecha para hablar de realidades diferentes y fomentar la empatía hacia otros niños.

Asimismo, se refuerza la idea de que los regalos no son solo materiales. El tiempo compartido, los juegos en familia y los momentos de atención y afecto tienen un impacto profundo en el bienestar emocional infantil.

 

Tradición, cultura e identidad

El Día de Reyes es también una puerta de entrada a la cultura y a las tradiciones. Conocer su origen y su significado ayuda a los niños a entender que forman parte de una historia que se transmite de generación en generación. Esto contribuye a construir identidad, memoria colectiva y respeto por las costumbres compartidas.

 

Conclusión: cuidar la magia de la infancia

En definitiva, el Día de Reyes es mucho más que una fecha marcada en el calendario.

Para los niños, representa ilusión, aprendizaje y descubrimiento.

Acompañar esta celebración con atención y sensibilidad permite que la magia vaya más allá de los regalos y se convierta en una experiencia significativa que deja huella en su desarrollo emocional y social.

 

Nunca se está preparado. Aceptar la enfermedad descubriendo lo esencial

Nunca se está preparado. Aceptar la enfermedad descubriendo lo esencial

Javier

5 de enero de 2026

Esa podía haber sido una mañana cualquiera más de trabajo. Si no fuera porque mi condición de facultativo ya me había puesto en prevengan. Y la llamada de la hematóloga, y la celeridad en que esa misma mañana gris de viernes estaba haciendo todas las gestiones necesarias no auguraban nada bueno.

 

En diez días tenía ya el diagnóstico. Tengo un mieloma múltiple, un cáncer de la médula ósea, segunda neoplasia maligna hematológica más común, el 1% de todos los cánceres. Nunca se está preparado para este tipo de noticias. Nunca. Ni aun cuando se es sanitario y, día sí y día no, luchas por la salud y el bienestar de tus pacientes. Siempre es algo que sucede, ¡vaya mala suerte¡, a los demás.

 

Asumirlo es un reto, y también una necesidad. Y decirlo en tu entorno familiar más cercano, un absoluto y terrorífico desafío. Todo queda en la intimidad de cada uno, es un proceso personal que cada persona afrenta de una manera, según su propio carácter, su propia personalidad. Pero puedo decir que, para mí, es como un duelo, como la pérdida de un ser querido. Se pasa por las mismas cinco fases.

 

Primero, negación. No, esto no puede estar ocurriendo. Luego, te enfadas. Llega el momento de la ira, de preguntarte por qué a mí. Y empiezas a negociar, a intentar establecer límites y normas con la enfermedad. Pero sabes que no se van a cumplir. Entonces, te deprimes. Ves la futilidad de todos tus actos, de todos tus esfuerzos, tus desvelos, pasados y futuros. Piensas: “¿para qué?”, cuando al final la enfermedad te azota y va a ser ella la que dictamine y te haga escribir unos renglones en tu vida que no pensabas tener que redactar nunca. Y, por último, lo aceptas. Asumes que, desde ese momento, estás enfermo, y que tienes que convivir con ello.

 

La velocidad a la que cada persona deambula por cada una de estas fases puede determinar en gran medida, el éxito de la lucha que se nos viene encima. El superar una fase no implica no volver a ella, pero siempre de una manera fugaz, como de soslayo.

 

Ya la había aceptado. Y no se me ocurren dos palabras mejores para ilustrar mi vida desde entonces. Disciplina y determinación. Disciplina, hacer lo que se tiene que hacer sin importar lo que sea, por muy ingrato o por mucho que nos cueste o duela hacerlo. Si se tiene que hacer, se hace. Mi determinación es mi lucha contra la enfermedad. Levantarse golpe tras golpe, no dejar nunca los brazos abatidos, salvo ese insignificante instante en que tomamos aliento y los volvemos a subir.

 

La disciplina es algo íntimo de cada uno, que se trabaja con esfuerzo y constancia. Se puede inculcar, se puede hasta enseñar, se puede demostrar. Pero no se puede implantar. La determinación de luchar, para mí, tiene muchos más condicionantes externos. Porque es, precisamente, en estos momentos de batalla, cuando se destapan sentimientos y personas que no sabías que estaban ahí. Y que estaban ahí para ti, para, precisamente, florecer cuando más se los necesita.

 

Familia, en el sentido estricto. Eso que parece hoy en día estar vilipendiado, perseguido y acorralado, menospreciado. Tu pareja, tus hijos; tus padres, hermanos, sobrinos, primos… Esos que sientes tuyos pero que no albergan ningún lazo de sangre contigo. La primera fuente de fuerza viene siempre de lo más cercano, de lo que tenemos siempre a mano. Lamentablemente, no lo valoramos.

 

Familia, en un sentido más amplio. Los compañeros de trabajo con los que pasas más horas que un reloj. Con los que ríes y lloras, con los que luchas codo con codo, con los que tienes momentos de encuentro, y otros de encontronazos. Y que son familia tambiénporque te conocen hasta puntos en los que uno ni siquiera podría imaginar. Lamentablemente, tampoco lo valoramos.

 

Los amigos. Los cercanos, los lejanos. Los de siempre, los de ahora. Con los que compartes también tu vida, tus miedos, tus anhelos, tus ilusiones; interminables cenas y partidos de baloncesto afrontados con inquebrantable fe. Lamentablemente, tampoco lo valoramos.

 

La determinación nace de un campo ya sembrado, pero florece en gran medida por el cuidado y desvelo de todos ellos. Cada uno en su medida aporta su imprescindible y necesario granito. Y, entonces, lo valoramos.  Valoramos sentirnos… humanos. Sentirnos por una vez no “uno” más, sino “el” más.  Valoramos ese mensaje a deshora, esa llamada intempestiva, esa visita fugaz “porque solo quería verte”.

 

Llevo algo más de ocho meses de tratamiento. Ocho meses de desgaste en los que no he dejado que mi determinación por seguir la lucha hasta donde sea menester flaquease en ningún momento. Día a día, paso a paso, escalón tras escalón. ¿Agotador? Sí. ¿Merece la pena? Por supuesto.

 

Y no puedo terminar estas humildes líneas con mis reflexiones sin dar mi más sincero y profundo agradecimiento a todo el personal sanitario, compañeros todos, que han venido conmigo en este aún inacabado viaje. Sin ellos, me permito decirlo así, sin nosotros, sin la vocación, entrega y disposición de todos y cada uno de ellos, el trayecto hubiese sido mucho más penoso.

 

Hola. Me llamo Javier y tengo cáncer. Y si ahora tuviese que decir con una palabra como me siento, después de todo lo que os he contado en estas líneas, la elección me resultaría fácil. Agradecido. Me siento agradecido no por estar enfermo, si no por todo lo que la enfermedad me ha hecho descubrir. De mí y sobre mí. Como popularizó Viktor Frankl: “Quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”.

 

Día Internacional del niño: Un día para el acercamiento y la reflexión.

Día Internacional del niño: Un día para el acercamiento y la reflexión.

Natalia Barrio Forné

1 de enero de 2026

El 1 de enero es el Día Internacional del Niño, una cita marcada por la Iglesia Católica para impulsar el vínculo entre padres e hijos, con el objetivo de aumentar esos lazos familiares, favorecer el tiempo de calidad y el amor hacia la descendencia y, en definitiva, un día para recordar después de la Navidad que es posible el acercamiento sin la necesidad de dar regalos.

 

¿Porqué se eligió este día para conmemorar el día del hijo?

Se escogió esta fecha principalmente para aprovechar el día de Año Nuevo, día señalado como el inicio del año y de los buenos propósitos, momento en el que todos pretendemos ser mejores personas y tratar mejor al prójimo; y también día en el que ya ha pasado la Navidad y está cerca la vuelta a la rutina. Se debe aclarar además que como es un día marcado internacionalmente, no se tiene en cuenta el día de Reyes, a pesar de fomentarse desde la Iglesia Católica.

 

¿Qué propósitos presenta este día?

Los objetivos de este día se pueden englobar en 3 puntos principales. Por una parte, reforzar los vínculos entre padres e hijos. En este mundo caracterizado por la falta de tiempo, el estrés y la necesidad de ser productivo diariamente, aderezado con la presencia de los móviles, internet y redes sociales, las relaciones familiares cada vez son más escasas y el deterioro de la comunicación más frecuente. Es por ello que este día se alza como un punto de frenado y de reflexión sobre los lazos entre progenitores y descendencia, una forma de llamar la atención y de hacer hincapié en lo verdaderamente importante.

Otro punto que quieren destacar es el tiempo de calidad. Es fundamental valorar el tiempo que vivimos junto a nuestro familiares, todas las actividades que realizamos junto a ellos, más allá de lo material y de los regalos aportados durante estos días de festividad.

En muchas ocasiones, sobre todo cuando hay niños pequeños en casa, pensamos en los regalos que les vamos a dar, en sí jugará con lo que le demos, si le gustará, si será la talla adecuada, pero pocas veces pensamos en el tiempo que vamos a pasar con esas personas ya seamos nosotros los padres o los hijos. Este día es para pensar que lo valioso de la vida no es lo material sino los momentos que vivimos. Lo que recordaremos con el paso del tiempo no será ese jersey tan bonito que nos regalaron, sino quien nos lo regaló y la sorpresa que nos dio al dárnoslo. Y, cuando somos las personas que regalamos, no nos acordaremos del presente que dimos, sino de su cara de felicidad al verlo y lo que disfruta con algo que nosotros hemos conseguido gracias al gasto de nuestro tiempo libre.

Y el tercer punto que se quiere exponer con este día es la unión familiar. Es la oportunidad para que el núcleo familiar inicie el nuevo año unido, favoreciendo la comunicación y el amor entre ellos. Es el momento de parar, levantar la cabeza del móvil y mirar a nuestro alrededor. Debemos tener en cuenta que el tiempo es finito, los momentos que estamos viviendo, sean buenos o malos, no los vamos a volver a vivir. Tenemos la ocasión de disfrutar de las personas que tenemos a nuestro lado, fomentar el cariño que tenemos a nuestros familiares y desarrollar ese amor a través del contacto y del vínculo con ellos.

 

Un toque de atención

Este día internacional es un día para la reflexión, una cita que nos añade un ítem más a nuestros buenos propósitos de Año Nuevo: el vínculo familiar. Es necesario parar en este mundo tan rápido y fijar nuestra atención en la comunicación, en la relación y en el cariño con nuestros padres e hijos. Debemos desconectar de lo artificial y de lo digital y centrarnos en conectar con lo que recordaremos siempre: la emoción, la afectividad y la relación familiar, características humanas indispensables y necesarias que deben marcar el rumbo de este nuevo año.

Alimentación y salud digestiva. Las preguntas más frecuentes

Alimentación y salud digestiva. Las preguntas más frecuentes

Yolanda Martínez Santos

29 de diciembre de 2025

La salud del aparato digestivo depende de múltiples factores, pero uno de los más determinantes es la alimentación. Desde la consulta de enfermería, es frecuente recibir preguntas relacionadas con qué alimentos ayudan o perjudican al sistema digestivo, cómo evitar molestias comunes como los gases o el estreñimiento, y si es posible mejorar ciertas patologías intestinales a través de la dieta. Este artículo responde a esas preguntas frecuentes, con base científica y una perspectiva clínica, para ofrecer recomendaciones aplicables a la vida diaria.

 

La influencia de la alimentación en el sistema digestivo

La dieta impacta directamente en la funcionalidad y el bienestar del aparato digestivo. Una alimentación desequilibrada puede favorecer la aparición de síntomas como hinchazón, dolor abdominal, digestiones pesadas, diarrea o estreñimiento. Asimismo, se ha observado que, determinadas pautas dietéticas, pueden influir en la aparición o el agravamiento de enfermedades como el síndrome del intestino irritable (SII), la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), el hígado graso no alcohólico o incluso el cáncer colorrectal.

 

Por otro lado, una dieta rica en fibra, adecuada en líquidos, baja en ultraprocesados y adaptada a las necesidades individuales puede contribuir a una mejor función intestinal y a una microbiota más equilibrada.

 

¿Qué alimentos suelen recomendarse para mejorar la digestión?

Los alimentos que favorecen una buena salud digestiva comparten características como ser ricos en fibra soluble, fáciles de digerir y poco procesados. Entre los más aconsejados se encuentran:

Frutas como plátano maduro, manzana, pera o papaya.

Verduras cocidas como zanahoria, calabacín o calabaza.

Cereales integrales, especialmente la avena y el arroz integral.

Legumbres en cantidades moderadas y bien cocidas (por ejemplo, lentejas).

Alimentos fermentados como el yogur natural o el kéfir.

Agua, como parte fundamental para mantener el tránsito intestinal adecuado

 

El aumento de fibra debe realizarse de forma gradual para evitar molestias como gases o distensión abdominal, especialmente en personas no acostumbradas a consumirla en cantidad.

 

¿Qué alimentos conviene limitar o evitar?

Existen alimentos que, si bien no son perjudiciales para todas las personas, sí tienden a generar síntomas digestivos en una parte significativa de la población. Entre ellos destacan:

Fritos y alimentos con alto contenido graso.

Embutidos y carnes procesadas.

Bebidas carbonatadas y alcohólicas.

Café en exceso.

Lácteos enteros en personas con intolerancia a la lactosa.

Alimentos ultraprocesados ricos en azúcares añadidos.

 

También conviene tener precaución con ciertas verduras flatulentas como coles, brócoli o cebolla cruda, especialmente en personas con intestinos sensibles

 

¿Qué medidas pueden reducir los gases y la hinchazón?

La distensión abdominal y los gases son motivos de consulta muy habituales. Para reducir estos síntomas, se recomienda:

Comer despacio y masticar adecuadamente.

Evitar hablar mientras se come para reducir la aerofagia.

Suprimir el uso de chicles y pajitas.

Evitar bebidas con gas.

Introducir infusiones digestivas como anís, menta o hinojo.

 

Además, es posible evaluar la conveniencia de seguir una dieta baja en hidratos de carbono de cadena corta (comúnmente denominada dieta FODMAP, por sus siglas en inglés, que se refieren al grupo de oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables), especialmente en casos de síndrome de intestino irritable, siempre bajo supervisión profesional.

 

¿La fibra es siempre beneficiosa?

La fibra es fundamental para la salud intestinal, pero no todas las personas la toleran del mismo modo. Se diferencian dos tipos principales:

Fibra soluble: se disuelve en agua y forma un gel viscoso que ayuda a regular el tránsito intestinal. Se encuentra en alimentos como la avena, el plátano maduro y las zanahorias cocidas. Es mejor tolerada por personas con intestinos sensibles.

Fibra insoluble: acelera el tránsito y favorece el volumen fecal, pero puede irritar el intestino en personas con enfermedad inflamatoria o colitis. Está presente en el salvado, las verduras crudas o las legumbres con piel.

 

El incremento del consumo de fibra debe ir siempre acompañado de una buena hidratación.

 

¿Existe una dieta específica para cada enfermedad digestiva?

Sí. Aunque existen recomendaciones generales para mantener una buena salud intestinal, cada patología digestiva requiere un enfoque nutricional adaptado. Algunos ejemplos:

 

PatologíaEnfoque nutricional recomendado
Síndrome de intestino irritable (SII).Dieta baja en FODMAP bajo seguimiento profesional.
Enfermedad inflamatoria intestinal (EII): Enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa.Dieta baja en residuos durante los brotes inflamatorios.
Reflujo gastroesofágico.Evitar alimentos irritantes: café, alcohol, chocolate, cítricos.
Hígado graso no alcohólico.Dieta baja en azúcares y grasas saturadas; aumento de vegetales.
Estreñimiento funcional.Incremento de fibra soluble, líquidos y ejercicio físico.

 

La intervención de enfermería y nutrición puede mejorar significativamente la calidad de vida y la evolución clínica en estos casos.

 

El eje intestino-cerebro: cómo influyen las emociones

La conexión entre el sistema nervioso y el aparato digestivo es cada vez más reconocida en la literatura científica. El llamado «eje intestino-cerebro» permite explicar por qué situaciones de estrés, ansiedad o fatiga pueden manifestarse con síntomas digestivos como diarrea, dolor abdominal o sensación de nudo en el estómago.

 

El cuidado del intestino debe incluir también estrategias para mejorar el bienestar emocional: descanso adecuado, actividad física regular, alimentación consciente y, cuando sea necesario, apoyo psicológico.

 

Conclusiones

La salud digestiva está profundamente relacionada con los hábitos alimentarios y el estilo de vida. Adoptar una dieta basada en alimentos frescos, fibra soluble, fermentados naturales y baja en ultraprocesados puede prevenir y aliviar numerosos trastornos digestivos.

 

Además, un enfoque personalizado, adaptado a cada caso clínico, y acompañado de profesionales sanitarios (como enfermería especializada y dietistas-nutricionistas), permite lograr resultados duraderos y mejorar la calidad de vida del paciente.

Cuando la navidad ilumina la ausencia: Hablemos de soledad no deseada

Cuando la navidad ilumina la ausencia: Hablemos de soledad no deseada

Virginia Salinas Pérez

26 de diciembre de 2025

Diciembre es un mes paradójico. Mientras el calendario se llena de luces y melodías pegadizas que imponen una narrativa de felicidad infinita —reuniones familiares multitudinarias, comidas y brindis ruidosos, un calor humano que parece, por decreto social, inextinguible—, también se convierte en un tiempo especialmente duro para quienes viven la soledad no deseada.

 

Y aunque hay quienes piensan que la soledad es siempre una elección, esta conclusión parte de una visión excesivamente simplificada de la realidad. Sobre todo, porque estar solo y sentirse solo no son lo mismo. En ocasiones, la soledad buscada puede ser un refugio fértil para la reflexión y el crecimiento personal; pero cuando se convierte en una condición no deseada, impuesta por las circunstancias, la experiencia es radicalmente distinta.

La soledad es, en realidad, un fenómeno poliédrico, tan complejo como humano. No hablamos de un estado único, sino de múltiples soledades que se entrecruzan con la edad, la cultura, el género, la salud o la situación económica. Es un fenómeno difícil de conceptualizar, con un fuerte componente afectivo, pero también con dimensiones cognitivas, perceptivas y conductuales. Por un lado, existe una dimensión emocional, vinculada a sentimientos de vacío, carencia o privación en la necesidad de relación social: ese dolor social del que cada vez habla más la ciencia. Por otro lado, una dimensión cognitiva, relacionada con la discrepancia entre las relaciones sociales que una persona tiene y las que desearía tener; es decir, la sensación de no contar con vínculos significativos o de no sentirse satisfecha con los existentes, y sentirse sola aun cuando se está rodeada de otras personas.

 

La soledad no deseada no distingue edades. Los jóvenes, paradójicamente hiperconectados a través de las redes sociales, también se sienten abandonados y desconectados. Las personas mayores la padecen tras la pérdida de seres queridos, la partida de los hijos o hijas o la disminución de la movilidad. Nadie elige perder a su pareja, quedarse viudo o viuda, migrar por necesidad, envejecer con una red social que se reduce, vivir con una discapacidad que dificulta la vida social o ser excluido por su identidad o su situación económica. En todos estos casos, la soledad no es una decisión, sino una consecuencia. Pensar que “quien está solo es porque quiere” desplaza la responsabilidad exclusivamente al individuo y borra los factores sociales y estructurales que influyen: horarios laborales incompatibles con la vida social, ciudades poco amables para el encuentro, familias fragmentadas, precariedad, edadismo o un modelo de vida cada vez más individualista.

 

Esta soledad no deseada afecta a millones de personas en todo el mundo y, cuando se cronifica, la evidencia científica muestra que tiene efectos reales sobre la salud física y mental. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera una de las mayores amenazas para la salud pública del siglo XXI: un problema urgente, con un fuerte impacto en la calidad de vida y un aumento de la morbimortalidad comparable al del tabaquismo, el sedentarismo o la obesidad.

 

Diciembre incorpora, además, una novedad relevante. España impulsa ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la declaración del 16 de diciembre como Día Internacional de la Soledad No Deseada, a través de la Fundación Padre Ángel y con el compromiso del Gobierno de España, en línea con la OMS y con países pioneros como Reino Unido o Japón. Se trata de un paso importante, porque la soledad no deseada sigue siendo invisible y estigmatizada. Contar con un día internacional permite hacerla visible, sacarla del ámbito privado y situarla en la agenda pública, mediática, social y política. Nombrarla sin culpa ni vergüenza es una condición necesaria para movilizar a la sociedad y promover la implicación de administraciones públicas, entidades sociales, empresas, centros educativos y ciudadanía en alianzas y acciones sostenidas contra la soledad.

 

La elección del 16 de diciembre tiene, además, un fuerte valor simbólico. Por un lado, coincide con el aniversario del nacimiento de Ludwig van Beethoven, compositor que padeció aislamiento social debido a su discapacidad auditiva, sin que ello le impidiera crear obras tan significativas como la Oda a la Alegría, un himno a la fraternidad, la unión y la esperanza que sigue emocionando al mundo.

 

Por otro, la fecha precede a la Navidad. Y no se trata de dramatizar, sino de comprender el contexto emocional. Las fechas señaladas actúan como un amplificador: cuando el entorno insiste en la unión, la felicidad y la celebración compartida, la ausencia se vuelve más visible y más dolorosa. No es que la Navidad cree la soledad, es que la hace más consciente. Para quienes cuentan con redes familiares y sociales sólidas, estas fiestas refuerzan la sensación de pertenencia; para quienes viven la soledad no deseada, pueden intensificar el vacío. Es la paradoja de unas celebraciones que exaltan la compañía y, al mismo tiempo, revelan la ausencia.

 

Por eso, la Navidad debería entenderse como una oportunidad ética y social. No basta con adornar las casas y las calles o consumir más. La verdadera esencia de estas fechas está en la solidaridad, en ese principio que la bioética europea reivindica como compromiso colectivo, donde la empatía y la compasión no son gestos aislados, sino responsabilidades compartidas.

 

El reto está en transformar el espíritu navideño en una acción comunitaria permanente: en programas que tejan redes de apoyo intergeneracional y comunitario. Si la Navidad tiene la capacidad de movilizar emociones y voluntades, puede ser también el momento idóneo para reforzar estas iniciativas y recordar que nadie debería vivir la soledad como un fracaso personal. La soledad no deseada es un problema colectivo y, si estas fiestas significan algo, debería ser la certeza de que nadie se salva solo. Convertir la solidaridad en práctica cotidiana —una llamada, una visita, un espacio compartido— puede ser el gesto más sencillo y, quizá, el más transformador. Tal vez ahí resida el verdadero milagro navideño: recordar que, en un mundo cada vez más individualista, la compañía sigue siendo el mejor regalo.

Cuando Lucía llegó. Una historia de amor, descubrimiento y coraje

Cuando Lucía llegó. Una historia de amor, descubrimiento y coraje

Rafa y Pili

22 de diciembre de 2025

Éramos nuevos en esto. Ese día, duró dos días. Ella lo aguantó como una jabata. Yo era y soy el marido-cónyuge-pareja-compañero o como se quiera decir, más orgulloso y feliz del mundo. Ella también. Íbamos a tener a nuestra primera y querida hija. El parto fue largo y cansado, y yo participé como artista invitado.

 

Cuando Lucía apareció, parecía que viniese ya con la tarea hecha. Nos sorprendió lo espabilada que era, pero notamos algo raro, porque tenía los ojos algo achinados, pero claro, éramos nuevos en esto.

 

Sin embargo, noté en el equipo de profesionales que asistían el parto de Pili algo raro. A Lucía le hacen el test de Apgar y el resultado era absolutamente sorprendente, máxima puntuación. ¡Ala!, yo pensé, no es necesario que nos la envuelvan para regalo, que nos la llevamos puesta. Pero nunca más lejos de la realidad.

 

Se la llevaron, y al ratito me llamaron a mí. El médico, con una gran profesionalidad, comenzó a despejar la incógnita de por qué Lucía se parecía tanto a Pili y a mí, pero también a un oriental. Yo tenía dudas de que él estuviera equivocado, es la reacción natural, pero empezó a detallar una serie de indicios, claros rasgos de las personas con síndrome de Down, sus meñiques asomando hacia fuera, sus ojos, su cuello corto, su cabecita menuda, pies y manos pequeños, su bajo tono muscular y un sin fin de detalles que estarían por venir. Esto es exactamente lo mismo que cuando uno tiene un hijo, es la lotería de la vida, pero con Lucía llevábamos más boletos.

 

Los primeros años fueron muy duros, muchas visitas a médicos por el propio protocolo, cada niño en sí es un mundo, y hay que controlar todos los parámetros. Finalmente y, tras un soplo en el corazón, un reflujo a los cuatro años con hospitalización incluida y una operación de ambas rodillas simultáneamente por una hiperlaxitud, en la que la doctora Barón hizo magia, Lucía dejó de ser Forrest Gump, ya que hasta los cinco años se caía al ponerse de pie y nunca alcanzó los diez kilos de peso hasta que la operaron. Hasta aquí, Pili y yo nos animábamos entre nosotros por los pequeñísimos progresos y avances que tanto, tantísimo valorábamos para no caer en la desesperación. Los comparábamos con los de su hermana pequeña, Elisa, y valorábamos y agradecíamos que con ella todo fuese más fácil.

 

A partir de ahí todo empezó a remontar, cada año un logro, Lucía fue aprendiendo muy lentamente en el cole a leer y escribir, no hay que obsesionarse por estos avances, el de la felicidad es pleno.

 

Poco a poco empezamos a conocer a más familias con hijos con síndrome de Down. Empiezas entonces a pertenecer a un grupo humano que se caracteriza por su humanidad, felicidad y generosidad y, como todos, con sus altibajos. Pero somos elegidos, estamos orgullosos.

 

Ahora el problema era que Lucía se hacía mayor y tenía pocos amigos. La quiere todo el mundo, conocidos y extraños, porque concretamente ella tiene mucho liderazgo y carisma, pero llegaban los fines de semana y el verano, y para ver a sus amigos teníamos que hacer pandilla con sus padres. Esto condiciona mucho y al principio era un poco artificial y forzado, porque no es tan fácil quedar con familias desconocidas, aunque han terminado siendo nuestra familia.

 

Lucía es todo superación, no dudes que cada día te sorprende y, finalmente, hoy en día tiene su nutrida pandilla con la que entra y sale a la calle, hacen sus planes, y es feliz. El siguiente paso será su búsqueda de empleo.

 

Yo soy de los que cree que en tu vida harás cosas bien y mal, pero considero que tener hijos es hacer las cosas bien. En este mundo, estamos acostumbrados a elegir todo a la carta, con gusto exquisito y exigente, pero la vida no es eso. La vida es sacrificio, respeto, amor y entrega. Esto se aprende y se tiene con los hijos, son tus semejantes.

 

En nuestro caso, es un tremendo orgullo saber que tenemos un corazón henchido de amor gracias a nuestras hijas Lucía y Elisa. Si una es así o asá, no es lo importante. Solo la felicidad y la salud lo son.