Melanoma y otros cánceres de piel: Prevención desde la infancia a través de campañas comunitarias de fotoprotección

Melanoma y otros cánceres de piel: Prevención desde la infancia a través de campañas comunitarias de fotoprotección

Beatriz Viñuales, Nadia Hamam y Cristina Revenga

23 de mayo de 2025

En el año 2022, la Organización Mundial de Salud afirmó que, los cánceres de piel, son causados –principalmente– por la exposición a la radiación ultravioleta, ya sea de manera natural –a través del sol– o artificial –en camas bronceadoras–.  Según la Sociedad Española de Oncología Médica, en 2024 se diagnosticaron 7.881 casos nuevos de melanoma, lo que implica una incidencia de 15 casos por cada 100.000 personas al año. La incidencia de cánceres de piel, entre los que se incluye el carcinoma de células basales, de células escamosas y el melanoma, ha aumentado en un 40% en España, pronosticando que, en el año 2040, será el segundo tumor con más incidencia a nivel global.

 

El melanoma es uno de los tipos de cáncer de piel más agresivos y su incidencia ha aumentado en las últimas décadas. Aunque representa un porcentaje menor de los cánceres de piel, es responsable de la mayoría de las muertes relacionadas con estos tumores.

 

Exposición solar y cáncer de piel

La exposición excesiva a la radiación ultravioleta (UV), especialmente durante la infancia y adolescencia, es un factor de riesgo significativo para el desarrollo de melanoma y otros cánceres cutáneos, debido al efecto acumulativo de las radiaciones solares.  El 80% del daño causado por el sol ocurre antes de los 18 años, por ello, el daño solar en la infancia es determinante en problemas cutáneos en la edad adulta. La etiología apunta a que, una inmadurez del estado de la piel –siendo más vulnerable a la radiación UV–, hace que una quemadura producida en la infancia sea el doble de dañina que una producida en la edad adulta. Además, la exposición solar va ligada al comportamiento, siendo la población infantil la que pasa un mayor tiempo realizando actividades al aire libre, en comparación con los adultos.

 

En este contexto, parece pertinente la necesidad de incidir en la importancia de la fotoprotección desde la primera infancia. Por ello, la implementación de programas de educación y promoción de la salud que fomenten hábitos de protección solar es fundamental para reducir la incidencia de estos problemas de salud y mejorar el bienestar general de la población.

 

Importancia de la fotoprotección en la infancia

La promoción de medidas preventivas, como el uso de protectores solares, la utilización de ropa adecuada y la no exposición al sol durante las horas de mayor radiación, son intervenciones de salud pública efectivas y accesibles. Todas ellas han demostradoreducir la incidencia de cáncer de piel en diversos estudios epidemiológicos recientes determinando que, los mensajes educativos sobre protección solar en programas de salud escolar y comunitaria, puede lograr un impacto significativo en la adopción de prácticas preventivas y generar cambios de comportamiento a largo plazo.

 

En este contexto, los profesionales de la salud y, en particular, la enfermería familiar y comunitaria, juega un rol fundamental en la educación y motivación de la ciudadanía para adoptar conductas de protección solar. Las intervenciones educativas basadas en evidencia y lideradas por profesionales sanitarios, han mostrado ser efectivas para mejorar el conocimiento y reducir la exposición al sol. Por todo ello, implementar medidas de fotoprotección desde la infancia es crucial para reducir el riesgo de cáncer de piel en etapas posteriores de la vida. Estas medidas incluyen:

 

Uso de protector solar: La potencia de los rayos UV solares que llegan al suelo depende de varios factores: hora del día, temporada del año, altitud y formaciones nubosas. Es importante recalcar que, incluso en un día nublado, es indispensable aplicar diariamente un protector solar de amplio espectro con un SPF de, al menos 50, 30 minutos antes de la exposición al sol, y reaplicarlo cada dos horas, después de nadar o sudar y también en la montaña e incluso en los días nublados. Se recomienda usar las dosis adecuadas de 2 dedos de crema en la cara, 30ml para el cuerpo, 10 segundos de aplicación en caso de bruma y 7 pasadas si se utiliza en formato stick solar.

 

Utilizar ropa protectora: Vestir ropa de manga larga, sombreros de ala ancha y gafas de sol que bloqueen los rayos UVA y UVB. Utilizar telas claras y/o con filtro UV.

 

Evitar la exposición en las horas pico: Limitar las actividades al aire libre entre las 12 del medio día y las 4 de la tarde, cuando la radiación UV es más intensa.

 

Buscar sombra: Permanecer en áreas sombreadas siempre que sea posible durante las horas de mayor intensidad solar.

 

El papel de la enfermera especialista en familia y comunitaria

Las enfermeras especialistas en familia y comunitaria desempeñan un papel fundamental en la educación y promoción de hábitos saludables relacionados con la fotoprotección. Su principal labor pasa por trabajar con la comunidad a través de distintas acciones comunitarias, como puede ser la organización de talleres y charlas en escuelas, centros comunitarios y eventos locales para concienciar sobre la importancia de la protección solar; siempre basándose en las necesidades de la población y haciendo que la comunidad esté en el centro de todas las acciones.

 

En este sentido, el desarrollo de políticas escolares –en colaboración con instituciones educativas– posibilitan en la actualidad implementar estrategias para fomentar la fotoprotección. Dentro de ellas, la utilización de sombreros y protector solar durante las actividades al aire libre, el asesoramiento y la orientación a las familias sobre prácticas de fotoprotección adecuadas para niños y adolescentes, podrían ser algunas de las más usuales. También, la promoción de campañas de salud, locales y nacionales, que promuevan la prevención del cáncer de piel, adaptando los mensajes de salud a las características culturales y sociales de la comunidad.

 

Una de las funciones de la enfermera especialista es diseñar e implementar este tipo de programas e intervenciones. Resulta imprescindible pensar en que la gamificación debe plantearse como una herramienta fundamental a la hora de poner en práctica este tipo de trabajos que pretenden concienciar a los más jóvenes. En el panorama nacional existen distintos proyectos que siguen esta línea de actuación sobre fotoprotección, como la campaña solar llevada a cabo en la localidad oscense de Monzónpor el Centro de Salud y la Asociación Española Contra el Cáncer de Monzón Disfruta del sol de forma saludable. Sí al sol sí con protección.

 

En definitiva, la prevención del melanoma y otros cánceres de piel debe comenzar en la infancia, mediante la implementación de estrategias de fotoprotección efectivas y sostenibles. Las enfermeras especialistas en familia y comunitaria tienen un rol esencial en la promoción de estos hábitos saludables, trabajando en colaboración con escuelas, asociaciones, familias y comunidades para reducir la frecuencia y el impacto de este tipo de enfermedades.

El té: Una bebida milenaria con respaldo científico y beneficios para la salud

El té: una bebida milenaria con respaldo científico y beneficios para la salud

Sofía Pérez Calahorra

21 de mayo de 2025

 

Desde hace siglos, el té ha sido utilizado como una fuente natural de compuestos bioactivos para fortalecer el sistema inmunológico y prevenir enfermedades. Actualmente, esta práctica cuenta con respaldo científico en el campo de la nutrición funcional, destacándose como uno de los alimentos más consumidos del mundo después del agua.

El té proviene de la planta Camelia sinensis, y sus variedades principales como verde, negro y oolong, se diferencian principalmente por el grado de fermentación. Este proceso afecta directamente la cantidad de polifenoles y cafeína que contiene cada tipo. El té verde, al no estar fermentado, conserva más antioxidantes naturales (como la pigalocatequina-3-galato), mientras que el té negro, más fermentado, tiene mayor contenido de cafeína, pero menos catequinas. el té negro contiene de 2 a 3 veces más cafeína que el té verde y, por el contrario, menos polifenoles naturales, color y sabor diferente.

Por otro lado, la amplia gama de componentes del té aporta trazas de proteínas, carbohidratos, aminoácidos, lípidos, vitaminas y minerales, pero sobre todo polifenoles como catequinas, teaflavinas y tearubiginas. Gracias a estos compuestos, los polifenoles, son los responsables en mayor medida de los efectos positivos en la salud.

 

Entre los efectos más relevantes están las propiedades antioxidantes. El efecto de polifenoles del té ingeridos, estos neutralizan especies reactivas de oxígeno que dañan células y tejidos, y en consecuencia protegen el ADN, lípidos y proteínas contra el estrés oxidativo, lo cual puede prevenir la aparición de enfermedades crónicas. En concreto, el consumo de té nos puede ayudar en:

 

La salud cardiovascular

El té verde y negro parecen disminuir la presión arterial, mejorar la salud endotelial (los vasos sanguíneos), y reducir el riesgo de eventos cerebrovasculares y la enfermedad coronaria. El efecto parece estar atribuido a sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y de inhibición de la agregación plaquetaria.

 

La Obesidad

El consumo de té verde, negro y oolong ayuda a reducir significativamente el peso corporal, el colesterol y la grasa acumulada, según estudios en animales. Estos efectos parecen deberse a las catequinas y a la cafeína, que inhiben la formación de grasa y su acumulación.

 

La Diabetes

Diversos estudios han indicado como el consumo regular de té negro, especialmente la variedad Broken Orange Pekoe Fannings de Sri Lanka, se asocia con una menor prevalencia de diabetes y ayuda a controlar los niveles de glucosa en sangre. Sus compuestos activos, como catequinas, teaflavinas y polifenoles como el flavonol y miricetina presentes en esta infusión de té negro, inhiben enzimas que digieren carbohidratos y mejoran la sensibilidad a la insulina, la alta liberación de insulina tras la estimulación de las células pancreáticas y el aumento de la lipogénesis.

 

Ayuda en la neurotransmisión y en reducir el deterioro cognitivo

La teanina, un aminoácido presente en el té verde favorece la relajación y disminuye la presión arterial al actuar como neurotransmisor, generando ondas cerebrales alfa. Además, la pigalocatequina-3-galato del té inhibe la formación de agregados proteicos tóxicos implicados en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, el Parkinson y la enfermedad de Huntington, ayudando así a prevenir el deterioro cognitivo.

 

Prevención del Cáncer

El té, especialmente el verde, posee compuestos antioxidantes que ayudan a prevenir el cáncer al reducir el daño oxidativo y proteger el ADN celular. Sus polifenoles inducen enzimas desintoxicantes y tienen efectos antimutagénicos, lo que disminuye el riesgo de carcinogénesis. Además, parece ser que el extracto de té negro y las teaflavinas inhiben proteínas asociadas a la resistencia a tratamientos contra el cáncer, contribuyendo también a su efecto protector, pero se necesita más investigación.

 

Protección con la artritis

El té verde parece que protege contra la artritis reumatoide al modular la respuesta inmunitaria, según un estudio en ratas. Suprime tanto la citocina IL-17 (una sustancia inflamatoria) como los anticuerpos contra Bhsp65 (una proteína inductora de artritis), y aumenta la citocina IL-10 (una sustancia antiinflamatoria).

 

Tratamiento de verrugas anogenitales

Uno de los compuestos presentes en el té verde, las sinecatequinas, un extracto estandarizado, es utilizado como principio activo en tratamientos tópicos han demostrado ser eficaces y seguras para tratar verrugas anogenitales. En un estudio clínico, participaron 502 adultos con entre 2 y 30 verrugas anogenitales, en una intervención de más de 4 meses de duración, y demostró que más de la mitad de los pacientes tratados con una pomada a base de sinecatequinas lograron la eliminación total de las verrugas, y un 78 % presentó mejoría parcial. Las formulaciones a diferentes concentraciones fueron bien toleradas y mostraron pocos efectos secundarios.

Colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn. Entendiendo la enfermedad inflamatoria intestinal

Colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn. Entendiendo la enfermedad inflamatoria intestinal

Patricia Camo Monterde

19 de mayo de 2025

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) representa un desafío médico y social debido a su carácter crónico y su impacto en la calidad de vida de los pacientes. ​ Este término engloba dos patologías principales: la Enfermedad de Crohn (EC) y la Colitis Ulcerosa (CU) que, aunque comparten características clínicas, se diferencian en la localización y el tipo de inflamación que generan. ​En las últimas décadas ha dejado de considerarse una enfermedad poco frecuente, puesto que se estima que más de 10 millones de personas en el mundo conviven con ella y, además, el número de casos aumenta progresivamente, sobre todo en países industrializados. En España se considera que entre 100.000 y 150.000 personas la padecen, siendo más comúnmente diagnosticada en adultos jóvenes. No obstante, hasta en un 30% de los casos se diagnostican en mayores de 60 años.

 

 

Etiología Multifactorial

La EII no tiene una única causa sino que se debe a la confluencia de varios factores:

Genéticos: La predisposición genética juega un papel importante, especialmente en individuos con familiares de primer grado afectados. ​

Sistema inmunológico: Una respuesta inmunitaria descontrolada frente a estímulos en la luz intestinal contribuye al daño tisular.

Microbiota intestinal: En el intestino existen millones de bacterias que deben estar en equilibrio. El desequilibrio en la composición bacteriana del intestino puede favorecer la inflamación. ​

Factores ambientales: El consumo de alimentos ultraprocesados, el tabaquismo (especialmente en EC), el abuso de antibióticos en la infancia y ciertas infecciones gastrointestinales son desencadenantes potenciales en individuos predispuestos. ​

 

 

Manifestaciones clínicas

Los síntomas de la EII son variados y dependen del tipo de la enfermedad, pero los más frecuentes y habituales son:

Diarrea crónica, muchas veces acompañada de exteriorización de sangre roja, especialmente en la CU

Dolor abdominal y cólicos que pueden acompañarse de pérdida de apetito y de peso.

Fatiga y cansancio constante.

En algunos casos puede aparecer fiebre no muy alta, sobre todo en el caso de la EC –que puede producir infecciones abdominales–.

Urgencia para defecar con sensación de evacuación incompleta.

 

En la EC puede haber afectación de cualquier tramo del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, pudiendo producir dolor en la boca del estómago, nauseas o vómitos.

 

Además de los síntomas digestivos, algunos pacientes pueden desarrollar lo que se conoce como manifestaciones extraintestinales, que son afecciones y síntomas en otros órganos, como los ojos, las articulaciones o la piel, de tal forma que, muchas veces, los síntomas digestivos pueden aparecer posteriormente.

 

Los síntomas de la enfermedad evolucionan en forma de brotes, donde se alternan periodos de estabilidad en los que el paciente no presenta ningún tipo de síntoma, con otros en los que aparecen todos o algunos de los síntomas descritos anteriormente, variando su intensidad o frecuencia. Aunque es frecuente que estos brotes desaparezcan paulatinamente solos, es necesario una correcta valoración médica y diagnóstico, puesto que la inflamación crónica de cualquier órgano del cuerpo puede traer consecuencias más graves.

 

 

Diagnóstico

El diagnóstico de la EII requiere una evaluación exhaustiva mediante estudios endoscópicos, generalmente una colonoscopia y gastroscopia, si se sospecha una EC con afectación gástrica o de esófago, acompañados de biopsias para confirmar la inflamación y las lesiones. ​ En casos de afectación del intestino delgado se emplean técnicas como la resonancia magnética y la cápsula endoscópica. ​

 

 

Opciones terapéuticas

El tratamiento de la EII es multidisciplinar y se adapta a la gravedad y características de cada caso:

Aminosalicilatos (mesalazina), generalmente más usados en la colitis ulcerosa leve.

Corticoides, usados únicamente en los brotes graves para reducir y mitigar la inflamación de forma crónica, pero que no pueden ni deben mantenerse a largo plazo por los efectos secundarios que tienen.

Fármacos inmunosupresores, como azatioprina y metotrexato, en aquellos casos en los que no se responde correctamente a corticoide y mesalazina.

Fármacos biológicos, como el infliximab o el adalimumab, que son fármacos dirigidos contra las moléculas que producen la inflamación del intestino.

Nuevas moléculas, como los inhibidores de la JAK, que son fármacos orales de rápida acción y que se pueden mantener a largo plazo.

La cirugía está indicada en casos de complicaciones (como inflamaciones segmentarias intestinales o infecciones que provocan accesos). También en caso de falta de respuesta al tratamiento médico. ​

Cambios en el estilo de vida como dejar de fumar y adaptar la alimentación son medidas clave para evitar los brotes y mejorar la calidad de vida.

 

 

Conclusión

La enfermedad inflamatoria intestinal, aunque desafiante, no debe ser vista como una limitación definitiva. Gracias a los avances en el diagnóstico y tratamiento, muchas personas con EII llevan una vida activa y plena. ​ En el Día Mundial de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal, es fundamental promover el conocimiento y visibilizar esta condición para mejorar la atención y el apoyo a quienes la padecen.

Amimefuncionismo y gluten

Amimefuncionismo y gluten

Izaskun Martín Cabrejas
16 de mayo de 2025
“Llevo meses sin comer gluten y no veas si he perdido peso…”

Seguro que esta frase podría resonar a unas cuántas de las personas que lean este artículo. Pobre gluten, qué mala fama tiene, no sé si se la merece…

 

Y, ¿habéis oído hablar sobre el amimefuncionismo? Se trata de un neologismo que describe la tendencia a creer que algo funciona solo porque a alguien se lo han dicho o porque le ha funcionado personalmente, sin tener en cuenta la evidencia científica o la posibilidad de otros factores que podrían haber influido en el resultado.

 

¿Qué es el gluten?

 

Las proteínas de los alimentos son las principales causantes de buena parte de las restricciones alimentarias de origen clínico (amén de otras metabolopatías) que todos y todas conocemos. El gluten, como podéis imaginar, también es una proteína. Luego existen otras como la proteína de la leche de vaca o la proteína transportadora de lípidos (o LTP) presente en multitud de vegetales como frutas, verduras y frutos secos y que ocasiona múltiples alergias.

 

¿Cuáles son las patologías clínicas relacionadas con el consumo de gluten?

 

Lo primero que hay que recalcar es que la intolerancia al gluten no existe, aunque escuchemos hablar de ella, es un término obsoleto que la sociedad debería poner en desuso.

La enfermedad celiaca es una patología multisistémica, es decir, además del sistema digestivo, otros sistemas como el sistema neurológico, reproductivo, endocrino, la piel, etc. podrían verse afectados. Esta patología tiene base autoinmune y está provocada por la ingesta de gluten (presente en el trigo) y otras prolaminas (que son unas proteínas dañinas presentes en otros cereales como centeno y cebada) y únicamente aparece en individuos genéticamente susceptibles. Las personas celiacas suelen presentar al momento del diagnóstico daño intestinal, concretamente atrofia en las vellosidades, comprometiéndose la correcta absorción de nutrientes y pudiendo aparecer carencias tipo anemia, osteoporosis o desórdenes tiroideos, entre otras. O incluso otros problemas asociados menos conocidos como abortos de repetición, estreñimiento, depresión, dolores de cabeza o retraso en el crecimiento en edad temprana. Aunque sean síntomas muy dispares, encajan con los efectos causados en personas con esta condición. Por algo la llaman el camaleón de las enfermedades. Además, es una condición infradiagnosticada, es decir se estima que un porcentaje elevado de personas celiacas todavía no saben que lo son, ya que el diagnóstico es complejo.

 

La sensibilidad al gluten/trigo no celiaca es una condición caracterizada por síntomas gastrointestinales y extraintestinales que aparecen tras el consumo de gluten en personas sin enfermedad celíaca ni alergia al trigo, y mejoran al eliminar el gluten, aunque su mecanismo aún no se comprende completamente.

 

La alergia al gluten o a los cereales que lo contienen es una reacción poco frecuente mediada por el sistema inmunitario y puede causar síntomas como urticaria, dificultad respiratoria o anafilaxia tras la ingestión, inhalación o contacto con cereales como trigo, cebada o centeno, y requiere diagnóstico clínico específico.

 

Personas que suprimen el gluten de su dieta sin motivo clínico

 

Sin embargo, y a pesar de la evidencia científica y clínica, muchas personas deciden, sin estar enmarcadas en ninguno de estos tres diagnósticos, eliminar el gluten de su dieta. ¿Cuál podría ser el motivo? Una hipótesis es porque han oído, han leído, les han asegurado (amimefuncionismo) que esta desdichada proteína no aporta ningún beneficio. Es más, podría ser el causante de su hinchazón, su malestar, sus supuestos kilos de más, entre otros problemas.  Esta realidad implica según un informe reciente de la Academia Española de Nutrición y Dietética que un 8 % de la población española sigue una dieta sin gluten, y de estos, un 72 % lo hace sin una causa justificada. Esta tendencia se extiende en otros países, un análisis del Biobanco del Reino Unido con más de 124,000 participantes encontró que el 1,4% seguía una dieta sin gluten sin tener enfermedad celiaca.

Pero ¡cuidado!, quitarse el gluten puede conllevar una limitación social relevante, un deterioro en la salud y además un pequeño agujero en el bolsillo.

 

Sin evidencia científica de las bondades de la dieta sin gluten (sin tener ninguna patología relacionada)

 

Debido a esta tendencia se han realizado varios estudios que han analizado los efectos de seguir una dieta sin gluten en personas sin las patologías asociadas a su consumo. A continuación, se resumen algunas de sus conclusiones.

Según una investigación de 2021 que evaluó a mujeres sanas que siguieron una dieta sin gluten durante seis semanas, no se observaron cambios en el peso corporal ni en el gasto energético. Es más, la dieta sin gluten (no asesorada por un dietista-nutricionista) resultó en una menor ingesta de fibra y vitaminas B1, B6, B12 y folato, y un aumento en el consumo de grasas y sodio. Esto condujo a una mayor carga inflamatoria en la dieta, lo que sugiere que eliminar el gluten sin necesidad médica puede deteriorar la calidad nutricional y aumentar el potencial inflamatorio de la alimentación.

Los participantes de una investigación australiana publicada en 2024 dónde se centraban en personas que reportaban sensibilidad al gluten sin ser celiacas fueron sorprendentes. Los sujetos del estudio experimentaron síntomas gastrointestinales similares tanto al consumir gluten como al consumir un placebo, sin diferencias en los marcadores inflamatorios estudiados. Esto sugiere que los síntomas podrían deberse a un efecto nocebo (expectativa negativa, lo contrario a placebo) o a otros componentes del trigo, como los fructanos, en lugar del gluten en sí.

Por último, investigadoras europeas estudiaron por qué individuos sanos eligen dietas sin gluten, hallando que a menudo se debe a razones emocionales y una percepción de bienestar, no por necesidad médica. Esta conducta puede generar una «dependencia» psicológica de productos sin gluten, pese a la falta de beneficios probados para la salud en quienes no tienen trastornos relacionados con el gluten.

 

Así, el auge de dietas sin gluten entre personas sanas, posiblemente impulsado por la fe ciega en testimonios y la desinformación (amimefuncionismo), no solo es innecesario, sino que podría ser perjudicial para su salud y su bolsillo, desmintiendo la falsa panacea.

Día del niño hospitalizado. Cuando la vida se pone en pausa

Día del niño hospitalizado. Cuando la vida se pone en pausa

Diana Merino Leiva

13 de mayo de 2025

El 13 de mayo se celebra el día del niño hospitalizado con el objetivo de reconocer y sensibilizar a la población en este tema en concreto. Para nosotros, los que trabajamos a su lado, es un recordatorio de que nuestros pequeños siguen siendo eso: pequeños. Aunque se encuentren entre paredes blancas –quizá si hay suerte con algún dibujo de elefantes–, sábanas más frías que las de su cama y rodeados de olores extraños que distan de parecerse a los que desprenden las cazuelas de mamá en la cocina.

 

¿Cómo nos ven ellos?

 

A veces su paso por el hospital es breve y no tienen tiempo de acostumbrarse a la presencia de tanta gente vestida de blanco que entra y sale de la habitación en la que se encuentran. Sin embargo, en otras ocasiones, los de blanco acaban siendo personas como Loli, la que siempre entra cantando; Pilar que le trae natillas de chocolate porque sabe que no le gusta el yogur que le ha tocado; o Miguel, que de vez en cuando le lleva de paseo hasta la máquina de las fotos, esa que hace ruido.

 

¿Cómo lo vemos nosotros?

 

Como profesionales aprendemos a normalizar esta situación, nos acostumbramos a verles con pijamas de hospital y cables que nos preocupa que se quiten, nos resulta habitual ver a mamá o a papá sentado en un sofá sujetando un cuento con aspecto de cansado, enmascarando su inquietud y su miedo con voz de Nuna, la amiga del Monstruo de colores, o cantando como Frozen si el día ha sido difícil.

 

¿Qué podemos mejorar?

 

Hacemos cotidiano lo que para el niño y su familia es un inciso, una interrupción de su actividad habitual: del colegio, del trabajo, de las extraescolares, de las cenas en el salón o de los domingos en casa de la abuela. Y lo hacemos, la mayoría de las veces, dando la mejor de nuestras versiones. Sin embargo, en algunas ocasiones, las menos, nos olvidamos de que hay situaciones en las que es necesario hacer una excepción, dejar la normativa a un lado y mirar para el otro, personalizar y humanizar, porque esto último no siempre consiste en dotar con las últimas tecnologías las estancias clínicas, de disponer de una cama para la pernocta del acompañante o de servir una comida al progenitor.

 

Humanizar puede ser conocer el nombre de la mamá desmaquillada que camina por la habitación de hospital con zapatillas de andar por casa. Puede ser permitirle dormir con la manta de su cama, quizá una visita de su hermano pequeño o, mucho más alcanzable aún, saberse su historia completa, conocer cuántas veces ha sido ingresado, qué ocurre cuando se queda dormido sin la máscara puesta o por qué no podemos hidratarle la piel con la crema del bote verde.

 

Porque humanizar también puede ser hacer ver a esos papás que pueden irse a desayunar tranquilos, es mirar a María, la mamá de Lucas, después de pasar la noche con la cabeza apoyada en la cama de su hijo y susurrarle “buenos días María, ¿Lucas ha dormido bien?” Humanizar está en nuestra mano con mucha más frecuencia de la que somos conscientes.

 

¿Qué celebramos?

 

La fecha, 13 de mayo, conmemora la publicación, en 1986, de la Carta Europea de los Derechos del niño hospitalizado en la que se proclaman, entre otros, los siguientes:

 

“Derecho a estar acompañado de sus padres o de la persona que los sustituya el máximo de tiempo posible durante su permanencia en el hospital, no como espectadores pasivos sino como elementos activos de la vida hospitalaria, sin que eso comporte costes adicionales; el ejercicio de este derecho no debe perjudicar en modo alguno ni obstaculizar la aplicación de los tratamientos a los que hay que someter al niño”.

 

“Derecho del niño a una recepción y seguimiento individuales destinándose en la medida de lo posible los mismos enfermeros y auxiliares para dicha recepción y los cuidados necesarios.”

 

Hacemos cumplir estos derechos mucho mejor que hace casi 40 años, cuando fueron plasmados en un papel, cuando los padres venían tan sólo un ratito al día y lejos estaban de involucrarse en los cuidados, y lo haremos mucho mejor dentro de otros 30 cuando, además de nuestra empatía, vayamos acompañados de unas infraestructuras acordes a lo que nuestros pequeños y sus familias necesitan.

 

Mientras tanto, sigamos mejorando, escuchando y cuidando, porque muchos de estos niños nos dejan huellas que no olvidamos a su paso por nuestro hospital, pero nosotros, los profesionales que les acompañamos, también les dejamos la nuestra. Hagamos de este 13 de mayo un día especial a los niños que duermen aquí y recordemos que la infancia no se queda en la puerta al ingresar en un hospital.

La realidad del cáncer de ovario

La realidad del cáncer de ovario

Natalia Barrio Forné

08 de mayo de 2025

El cáncer de ovario es la primera causa de muerte por cáncer ginecológico y el quinto más frecuente en España. El subtipo más prevalente es de origen epitelial y su localización más habitual es el extremo fimbriado de la Trompa de Falopio. Se ha objetivado que, el 71,3% de los cánceres de ovario diagnosticados en estados avanzados pertenecen a esta variante, el cual crece de forma constante. Es por ello que se estudian cada vez más las formas de prevención y/o detección precoz.

 

Se ha comprobado que, el desarrollo del cáncer de ovario está relacionado con la expresión de los genes BCRA1 y BCRA2, los cuales también están asociados al cáncer de mama. De estos, el BCRA1 es que el gen que más frecuentemente se detecta en los casos de cáncer de ovario. Además, se ha descrito que ambos genes son precursores de otros cánceres. El BCRA1 puede desencadenar cáncer de endometrio y el BCRA2 cáncer de páncreas, cáncer de próstata y melanoma.

 

Además, existen otros factores de riesgo asociados al cáncer de ovario, como la edad (siendo la población más joven la más proclive), el síndrome de Lynch (una condición genética que aumenta el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer), la infertilidad, la multiparidad y el uso de terapia hormonal en la postmenopausia. En este último caso, se ha corroborado que aumenta el riesgo un 22%, por lo que solo debería establecerse en los casos de sintomatología muy intensa.

 

Inicialmente, los síntomas del cáncer de ovario suelen ser muy inespecíficos: disfunción gastrointestinal, distensión abdominal, dolor abdominal y/o pélvico, fatiga y dificultad para respirar, por lo que lo habitual es que su diagnóstico se realice cuando los síntomas son evidentes y los estadios avanzados.

 

Los pilares más importantes de cualquier patología son la prevención y el tratamiento. En cuanto a la prevención, la literatura científica reconoce la dificultad de anticiparse a esta enfermedad. Se ha observado que, el tratamiento con anticonceptivos orales disminuye el riesgo, sobre todo en aquellas mujeres que los habían tomado en un largo período de tiempo.

 

Otra forma de disminuir el riesgo, en aquellas pacientes con resultado positivo para alguno de los genes BCRA1 y BCRA2, es la extirpación quirúrgica de las trompas de Falopio y los ovarios (salpingooforectomía bilateral), unida a una mastectomía bilateral (extirpación de ambas mamas). Esta medida consigue evitar, en más del 80% de los casos, que no se llegue a manifestar este tipo de cáncer. Incluso se ha demostrado que, realizar esta intervención quirúrgica por motivos profilácticos en mujeres premenopáusicas que precisen terapia hormonal sustitutiva, resulta beneficioso para la reducción de la incidencia del cáncer de ovario, ayudando así a que la sintomatología asociada a la menopausia sea más moderada.

 

Otro momento clave para la realización de esta cirugía es la cesárea. En muchas ocasiones se ofrece la ligadura de trompas o ligadura tubárica como método anticonceptivo a las mujeres que han alcanzado su deseo genésico. Una alternativa a la ligadura es la extirpación de las trompas (salpingectomía), lo que no solo ayuda más eficazmente a la prevención del embarazo, sino que también puede prevenir el cáncer de ovario. Este hecho es poco conocido entre la población femenina, aunque numerosos estudios han constatado cómo, aquellas mujeres que conocen el beneficio que reporta la extirpación, suelen escoger en un alto porcentaje esta opción frente a la ligadura.

 

En cuanto a los métodos de cribado, a pesar de la gravedad y de la evolución de la enfermedad, no existe actualmente ninguno eficaz. Se ha corroborado que técnicas como la ecografía, los exámenes pélvicos o los marcadores tumorales, realizados como herramienta de cribado, no son válidos para disminuir la mortalidad por esta causa.