¿La salud también se enseña? Salud, hábitos y profesionales en acción

¿La salud también se enseña? Salud, hábitos y profesionales en acción

Laura Alonso, María Elena Sánchez y María José Sierra

23 de junio de 2025

La educación para la salud en las escuelas es una herramienta estratégica para el bienestar de las futuras generaciones. En un momento en que la salud pública enfrenta desafíos como el aumento de enfermedades crónicas, el sedentarismo o el consumo de sustancias, integrar esta formación en el entorno escolar puede suponer una transformación profunda y duradera.

 

Según la Organización Mundial de la Salud, la pandemia de COVID-19 provocó un retroceso global en la esperanza de vida, con un aumento significativo de la mortalidad por enfermedades transmisibles, que representaron el 28% de las muertes en 2021. En este contexto, prevenir y promover la salud desde edades tempranas se vuelve crucial.

 

En España, con 49 millones de habitantes y un sistema sanitario considerado de los más avanzados del mundo, la esperanza de vida al nacer alcanza los 83 años, de los que 79 se viven con buena salud, según el Ministerio de Sanidad (2024). Sin embargo, el país enfrenta un progresivo envejecimiento de la población, el 20% supera los 65 años y un preocupante balance negativo entre nacimientos (322.075) y defunciones (433.163).

 

A pesar de los avances clínicos y un gasto anual en sanidad de 134.000 millones de euros al año (10% del Producto Interior Bruto [PIB]), persisten indicadores que subrayan la necesidad de reforzar la prevención: el 26% de la población presenta colesterol alto, el 21% hipertensión, un 20% sufre problemas de salud mental, un 16% tiene dolor lumbar y un 9% tiene diabetes. La obesidad afecta al 16% de los adultos y al 10% de los menores, y el 36% de la población no realiza actividad física regular. Además, el 20% fuma a diario y el 35% consume alcohol cada semana.

 

Frente a estas cifras, la escuela se revela como un espacio estratégico. La educación para la salud no debe limitarse a acciones puntuales, sino formar parte del currículo escolar, incluyendo temáticas como nutrición, salud mental, afectividad, ejercicio físico, uso responsable de tecnologías y prevención del consumo de sustancias.

 

En esta línea, experiencias como enseñar primeros auxilios, reconocer síntomas de enfermedades, como el asma o la diabetes, o aprender a gestionar el estrés, demuestran el poder de esta formación para empoderar a los menores en el cuidado de su salud y la de su entorno.

 

Un dato relevante que no solo supone un reto sanitario, sino también educativo y social, es que entre el 10% y el 15% de los escolares en España convive con enfermedades crónicas. La diabetes tipo 1, por ejemplo, cuenta con unos 1.200 nuevos diagnósticos anuales en menores de 14 años. Aquí entra en juego la importancia de la enfermería escolar y la pedagogía terapéutica. Estos profesionales son fundamentales para ofrecer un entorno inclusivo, seguro y saludable. No solo a los estudiantes, sino también como apoyo al profesorado, pues muchos docentes no cuentan con los conocimientos suficientes para afrontar situaciones sanitarias o adaptar contenidos de salud al aula. Invertir en su capacitación continua, protocolos de actuación y herramientas de evaluación es esencial.

 

Desde la realización de talleres hasta la coordinación con docentes y familias, su labor contribuye al desarrollo integral de los menores, especialmente aquellos con condiciones crónicas. Estos profesionales al desarrollar programas de promoción de la salud colaboran en la educación sanitaria y actúan como puente entre la escuela, las familias y el sistema de salud. Además, su presencia reduce el absentismo, mejora la detección temprana de problemas de salud y refuerza el clima de seguridad en el centro escolar.

 

La enseñanza de primeros auxilios o la reanimación cardiopulmonar (RCP), permite preparar a los menores para situaciones de emergencia y fomenta el sentido de responsabilidad ciudadana. Escuelas que integran estos contenidos, a menudo en colaboración con instituciones sanitarias, no solo educan, sino que salvan vidas.

 

Además de la atención sanitaria, el deporte y la nutrición deben ocupar un lugar prioritario. El bajo nivel de actividad física entre menores refleja la urgencia de programas escolares que promuevan hábitos saludables desde edades tempranas. El ejercicio regular, junto con una dieta equilibrada, reduce significativamente el riesgo de obesidad y enfermedades crónicas, y mejora el estado emocional del alumnado.

 

Según la OMS, las escuelas promotoras de la salud son un modelo probado que mejora tanto los resultados educativos como sanitarios. Implementarlas requiere compromiso institucional, recursos humanos formados y voluntad política, pero su retorno en salud y bienestar social es incuestionable.

 

En definitiva, integrar la educación para la salud en el aula no solo responde a una necesidad sanitaria, sino que construye una ciudadanía más consciente, autónoma y preparada para afrontar los retos del siglo XXI. Si apostamos por esta transformación desde la escuela, estaremos invirtiendo en un futuro más saludable, justo y sostenible.

La esclerosis lateral amiotrófica y su relación con la presión arterial

La esclerosis lateral amiotrófica y su relación con la presión arterial

Germán Domínguez Vías

21 de junio de 2025

La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad neuromuscular crónica, progresiva e incurable, para la que se requieren urgentemente opciones terapéuticas más eficaces. Se ha visto que muchas personas con ELA presentan alteraciones en su metabolismo, incluso antes de que aparezcan los primeros síntomas claros. Estos cambios podrían tener un papel importante en el progreso de la enfermedad.

 

La hipertensión arterial (presión alta) es una de las afecciones más comunes que suelen aparecer junto con la ELA. Desde hace tiempo, se cree que podría influir en el riesgo de desarrollar la enfermedad, en su avance y en la supervivencia de los pacientes. De hecho, se han encontrado altos niveles de hipertensión en personas con ELA en todo el mundo. Esta podría estar relacionada con la pérdida de neuronas motoras que controlan la musculatura inspiratoria , la disminución de la sensibilidad del barorreflejo o el aumento del uso del medicamento riluzol en el tratamiento de la enfermedad. En algunas regiones, casi la mitad de los pacientes con ELA presentan hipertensión, lo que la convierte en una de las comorbilidades más frecuentes asociadas a esta patología. Se ha observado que un aumento de la presión arterial sistólica (PAS) podría estar asociado a un mayor riesgo de desarrollar ELA, y que los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) podrían ejercer un efecto protector. Sin embargo, no se ha establecido una relación causal clara entre la presión arterial diastólica (PAD) y otros tratamientos antihipertensivos en el contexto de la ELA.

 

Las personas con hipertensión arterial tienden a desarrollar la ELA a una edad más temprana y suelen tener una esperanza de vida más corta tras el diagnóstico. Además, quienes tienen un mayor riesgo cardiovascular suelen evolucionar peor. En pacientes con ELA, se ha encontrado que un sistema del cuerpo llamado ‘sistema renina-angiotensina (SRA)’, que regula la presión arterial y el equilibrio de líquidos, está más activo de lo normal. Esto se ha observado especialmente en personas con ELA hereditaria. Por otro lado, en los pacientes con ELA esporádica (la forma que aparece sin antecedentes familiares), se han encontrado niveles bajos de una sustancia llamada angiotensina II en el líquido que rodea el cerebro y la médula espinal. Esos niveles bajos se relacionan con síntomas más graves y con una evolución más rápida de la enfermedad.

 

Actualmente, el impacto de la presión arterial y de los fármacos antihipertensivos en la evolución de la enfermedad sigue siendo objeto de debate. Por ello, el abordaje de la hipertensión en pacientes con ELA ha despertado un creciente interés en la comunidad científica. Algunos estudios sugieren que los medicamentos usados para controlar la presión arterial podrían no solo afectar el riesgo de desarrollar ELA, sino también servir como posibles opciones para tratarla en el futuro.

 

Cada vez hay más interés en tratar la ELA no solo con medicamentos, sino también con cambios en la alimentación. En particular, se ha estudiado el efecto de las dietas ricas en calorías y grasas, ya que la ELA se asocia con un metabolismo acelerado y cambios en los niveles de lípidos. Sin embargo, las dietas con muchas grasas saturadas pueden favorecer la obesidad, la hipertensión y otros problemas del llamado síndrome metabólico. En cambio, la dieta mediterránea, rica en grasas saludables como las del aceite de oliva virgen extra (AOVE), podría reducir los riesgos cardiovasculares. Estos efectos positivos se deben a sus componentes naturales, como antioxidantes y grasas monoinsaturadas, que ayudan a regular la presión arterial. Además, se ha visto que este tipo de dieta podría influir en enzimas implicadas en el metabolismo del SRA, un sistema que también parece alterado en personas con ELA. Por eso, se investiga su posible papel en el avance de la enfermedad.

 

En estudios realizados con ratones modificados genéticamente para imitar la ELA en humanos, se ha visto que el tipo de grasa que consumen en la dieta puede afectar cómo avanza la ELA. En este contexto, los ratones alimentados con una dieta enriquecida en AOVE mostraron una mayor supervivencia, mejor rendimiento motor y una mayor superficie de fibra muscular en comparación con aquellos que recibieron una dieta basada en aceite de palma. Además, la dieta con AOVE resultó eficaz en la reducción del estrés del retículo endoplásmico, la activación de la autofagia y el daño muscular, lo que sugiere un efecto neuroprotector y modulador de los procesos celulares asociados al deterioro neuromuscular.

 

Como aún no existe una cura para la ELA, se están explorando nuevas opciones, como controlar la presión arterial a través de la dieta o con tratamientos específicos. Estas estrategias buscan actuar sobre ciertas enzimas que regulan la presión arterial, lo que podría ayudar a ralentizar el avance de la enfermedad.

 

Conclusión:

Entender la ELA requiere mirar más allá del daño a las neuronas. También es importante tener en cuenta factores como el metabolismo, la presión arterial y la alimentación. Estudios recientes han encontrado conexiones entre el sistema que regula la presión arterial (SRA), problemas cardiovasculares y el impacto de ciertas dietas, como la mediterránea. Estos descubrimientos abren nuevas vías de investigación que, en un contexto sin cura definitiva, ofrecen esperanza para frenar el avance de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.

 

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Edadismo o discriminación por razón de edad

Edadismo o discriminación por razón de edad

Leticia Allué Sierra

17 de junio de 2025

El 15 de junio constituye el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, desde que así fuera designado en el año 2011 por la Organización de las Naciones Unidas. Con el objetivo de sensibilizar sobre la magnitud de dicha problemática, cada año se acompaña su celebración de un lema específico que, en 2025, se ha concretado en: Más allá de la edad.

 

La OMS reconoce que el maltrato a las personas mayores constituye un acto único o repetido que causa daño o sufrimiento a dichas personas, o la falta de medidas apropiadas para evitarlo, que se produce en una relación basada en la confianza. Su magnitud es desconocida, dada la escasez de investigaciones al respecto, aunque se estima que, una de cada seis personas de edad avanzada en todo el mundo, sufre algún tipo de abuso (cifra variable según la región geográfica, la cultura o el área vital en la que se experimente).

 

Así mismo, un trabajo publicado en The Lancet que incluyó a 28 países (16 de ellos en vías de desarrollo), aseguró que aproximadamente un 16% de los mayores de 60 años han experimentado alguna de sus formas, ya sea el abandono, la negligencia, el abuso psicológico, físico, económico, sexual o cualquier menoscabo de la dignidad o falta de respeto. Todas estas tipologías, aunque con características diferentes, pueden dimanar de un fenómeno común, el edadismo o discriminación por razón de edad.

 

El edadismo, cuyo término original en inglés fue ageism, se compone de tres dimensiones: estereotipos (cómo pensamos), prejuicios (cómo nos sentimos) y discriminación (cómo actuamos). Comienza a internalizarse en la infancia y va afianzándose con los años, pudiendo manifestarse a nivel institucional, interpersonal o autoinflingido y expresarse de forma implícita o explícita.

 

Algunos de los modos en que puede presentarse son la evitación de contacto con este grupo poblacional, su visión sesgada en los medios de comunicación y las redes sociales o las desigualdades en la prestación de los servicios sanitarios, recibiendo este último el nombre de medical ageism. Desafortunadamente, todos ellos alcanzaron su máxima expresión durante la crisis pandémica de la COVID-19, momento en que el conflicto intergeneracional acaparó todos los debates y se acentuó el trato desigual basado en la edad.

 

El edadismo repercute en el bienestar psicológico y la salud de quienes lo experimentan, dada la estrecha relación entre sus consecuencias negativas y el modo en que influye en la autopercepción del individuo en cuestión. De hecho, un estudio longitudinal desarrollado durante 23 años concluyó que, quienes poseían imágenes más positivas sobre la vejez, vivieron 7,5 años más respecto a quienes no las tenían.

 

En definitiva, el envejecimiento poblacional representa un fenómeno demostrado a nivel global y requiere una sociedad comprometida por responder a las necesidades de una población diversa y ávida por ser contemplada desde una perspectiva realista.

¿Y si envejecer fuera una ventaja? El cambio del paradigma que necesitamos

¿Y si envejecer fuera una ventaja? El cambio de paradigma que necesitamos

Pablo Jorge Samitier

16 de junio de 2025

Continuamente, cuando los medios de comunicación se refieren al envejecimiento poblacional escuchamos: “el gran porcentaje de mayores de 65 años que tendremos en el 2050”, “no podremos pagar semejante volumen de pensiones”, “lo que va a sufrir el sistema sanitario ante los problemas crónicos” y muchos otros argumentos, todos ellos negativos sobre el envejecimiento poblacional.

Sin embargo, todos queremos llegar a viejos y hacerlo con la mayor calidad de vida posible o con el menor nivel de dependencia posible. Además, la mejora de las condiciones socioeconómicas de nuestros mayores, el establecimiento de un sistema público de salud con una atención primaria de calidad y la innovación en la tecnología sanitaria ha permitido, desde la década de los 80, hayamos aumentado nuestra esperanza de vida hasta convertirla en una de las más longevas del mundo, y además, hacerlo con una calidad de vida relativamente decente. Cada vez es más fácil ver en la actualidad a mayores de 80 años que siguen tomando sus propias decisiones con autonomía y siguen participando en las actividades familiares y sociales.

Todos queremos ser tratados con dignidad ante las relaciones sociales, a nivel laboral, en la relación con la administración, con el sistema sanitario, etc. Las personas mayores también. La empatía nos debe guiar en nuestra relación con los mayores. Debemos ser capaces de ponernos en su lugar, entender lo que pueden estar sintiendo en una situación especial (farmacia, hospital, taller, banco…), existe la posibilidad que no comprendan que ocurre y que desean que se les ofrezca un trato digno. ¿Por qué a esta sociedad le cuesta tanto ofrecer dignidad a las personas mayores, especialmente cuando son dependientes?.

Por otra parte, es cierto que la atención a la dependencia requiere de un aporte de recursos importante, que hoy en día, está sustentado por el Estado y por el esfuerzo familiar. Un déficit de las estructuras de recaudación económicas de un estado moderno genera menores recursos económicos con los que afrontar las necesidades de la población. Una estructura económica del estado endeble con respecto a pensiones, estructura de servicios sanitarios y sociales pobre genera presión sobre las familias. Hoy en día. las en las familias tanto hombres como mujeres trabajan hombres y, por lo tanto, el tiempo dedicado al cuidado es escaso. Y es aquí, donde se convierten en imprescindibles las estructuras de apoyo social (sistema de pensiones suficiente para cubrir necesidades básicas actuales, residencias, centros de día, teleasistencia, apoyo domiciliario). Encontrar las vías de recaudación suficientes para un estado moderno se convierte en imprescindible que básicamente se nutre de las cotizaciones sociales de empresas y trabajadores, el impuesto de la renta de las personas físicas, el IVA de todas las transacciones comerciales, impuestos sobre donaciones y sucesiones, otros impuestos especiales sobre plusvalías extraordinarias de grandes compañías y sectores estratégicos, etc. Pero siempre dentro de los paradigmas constitucionales de “la protección social de las personas vulnerables corresponde a toda la sociedad” y “los que más recursos tienen más deben contribuir al mantenimiento del sistema”.

Será necesaria la incorporación de mucho personal cuidador. Se estima que hasta 1.100.000 personas podrán trabajar en el sector de la dependencia en los próximos años, que deberá ser formado, que se integrará en un sector laboral de condiciones laborales aún por desarrollar. Podrían crearse bolsas de empleo públicas de gerocultoras para trabajo en domicilio (rural y urbano), en centros de día, centros residenciales o al menos estableciendo unos criterios mínimos de condiciones estructurales y laborales para las empresas concesionarias de estos servicios asegurándoles un porcentaje de beneficios razonable y estableciendo mecanismos de control sobre las mismas.

La mejora de la infraestructura de servicios sociales, rehabilitación, terapia ocupacional creando estructuras residenciales alternativas más pequeñas y participativas con mayor ratio de personal cualificado (técnicos titulados y con formación específica) que atienda a los mayores permitirá una mayor satisfacción del usuario y generará visión positiva sobre el servicio entre las familias.

La incorporación de todo este personal sanitario y sociosanitario, tanto en la Atención primaria como en servicios sociales locales, la creación de empresas relacionadas con la dependencia y el mantenimiento del poder adquisitivo de los pensionistas permitirá integrar esos recursos económicos directamente al consumo de bienes y servicios y a aumentar la recaudación estatal a través de las cuotas de la seguridad social y los impuestos respectivos.

Además, los ancianos de ahora y del futuro, son consumidores en potencia en áreas relacionadas con el ocio, viajes, restauración, estética, la cultura, deporte, mantenimiento de la salud (rehabilitación, fisioterapia, podología…) Además, se caracteriza por la preferencia por productos locales y de proximidad, y una mayor concienciación por el desperdicio alimentario y el cuidado del medio ambiente. Los mayores de 55 años representan un 60% del gasto en España y están muy presentes en el mercado

En el entorno familiar. nuestros mayores sirven de soporte cuando todavía mantienen condiciones físicas y mentales adecuadas. También de soporte económico a las mismas. Sienten la necesidad y desean aportar todo su patrimonio físico, económico y emocional al cuidado de los pequeños de la familia. ¿Cuántas familias se mantienen a flote gracias al tiempo que pueden dedicarle los mayores a sus nietos? ¿Cuántas familias se mantuvieron a flote económicamente gracias a la protección de los y las pensionistas durante la pandemia?

La primera etapa de la vejez, cuando el grado de autonomía sigue siendo elevado, ofrece oportunidades a estas personas de participar en la sociedad, de seguir sintiéndose útiles. Pudiendo ofrecer una parte de su tiempo, de manera altruista a aliviar problemas existentes en la sociedad, en su ciudad o en su barrio. Ofreciendo su experiencia y tiempo a partidos políticos, sindicatos, asociaciones, organizaciones de voluntariado, cooperativas… Según el IMSERSO el 43% de nuestros mayores quieren participar activamente en la Sociedad y un 28% pertenecen a alguna organización de voluntariado.

La experiencia es un grado. El relevo generacional en las empresas debe ser progresivo. La experiencia de las personas veteranas en multitud de procesos debe guiar el ímpetu y la voluntad de los trabajadores más jóvenes. La descarga de las tareas más pesadas, física y psicológicamente, en favor de las personas más jóvenes permitiría una simbiosis que pudiera alargar la vida laboral de las personas mayores sin servir de tapón a las generaciones más jóvenes.

Finalmente, el gasto total en atención a la dependencia en los Presupuestos Generales del Estado de 2024 fue de 12.000 millones de euros, lo que representaba el 0.8% del gasto total y la mitad de lo que destinan los países de nuestro entorno. En recientes fechas se ha aprobado aumentar el gasto en defensa en casi 11.000 millones de euros, lo que supone asegurar el 2% del PIB pactado con la OTAN. ¿Nos imaginamos cómo podría cambiar nuestro modelo de atención a la dependencia con ese nivel de gasto anual? ¿Cuántas gerocultoras de atención residencial y de atención domiciliaria se podrían contratar? ¿Cuánta población joven podría dinamizar nuestros pueblos? ¿Cuántos profesionales podrían ejercer de docentes en cursos de formación especializada? ¿Podría universalizarse la atención infantil de 0-3 años? ¿Podrían mejorarse las condiciones laborales de estas trabajadoras? ¿Cuántas familias se verían beneficiadas? La economía del cuidado redundaría beneficios a lo largo de todo el Estado y de una manera bastante generalizada, pero sobre todo ofrecería dignidad al cuidado de nuestros mayores que les pertenece por derecho. ¿De verdad llegar a la tercera edad es una carga para la Sociedad? ¿No nos merecemos todos un merecido descanso en la última etapa de nuestra vida, disfrutar de la misma dedicando tiempo a lo que nos genera satisfacción, seguir participando con autonomía mientras sea posible y ser cuidados cuando necesitemos ayuda por la Sociedad a la que tanto hemos aportado durante toda nuestra vida?

Cuidar las raíces: Esperanza frente al maltrato de las personas mayores

Cuidar las raíces: Esperanza frente al maltrato de las personas mayores

Esther Bahillo-Ruiz y Lourdes Jiménez-Navascués

15 de junio de 2025

El 15 de junio es el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, día en que el mundo se une para expresar su rechazo al maltrato hacia las personas mayores y la importancia de proteger su dignidad y bienestar, promover el respeto, la participación en la sociedad y su derecho a vivir sin miedo ni violencia. La conmemoración internacional de este año 2025 se centra en abordar el abuso de adultos mayores en las instalaciones de atención a largo plazo: a través de datos y acción.

 

¿De qué estamos hablando?

 

La declaración de Toronto define el maltrato a la persona mayor como «un acto único o repetido que causa daño o sufrimiento a una persona de edad, o la falta de medidas apropiadas para evitarlo, que se produce en una relación basada en la confianza». Puede adoptar diversas formas: físico (uso de fuerza que puede causar dolor, lesiones o sufrimiento), psíquico o emocional (insultos, humillaciones, aislamiento social), económico o financiero (apropiación indebida de bienes), sexual (cualquier contacto no consentido) o por negligencia, intencionada o no, (falta de atención de las necesidades básicas o abandono). Se considera que el maltrato más significativo es el psicológico (11,6%), seguido por económico (6,8%), negligencia (4,2%), físico (2,6%) y abuso sexual (0,9%).

 

¿Cuál es la magnitud del problema?

 

El maltrato en la vejez es un grave problema social y de salud pública, silenciado, normalizado y sin lugar en la agenda social y política. A pesar de las dificultades para evaluarlo, se estima que la prevalencia de maltrato intrafamiliar es del 15% a nivel mundial y se considera que las cifras recogidas en los estudios quizás subestimen la realidad del maltrato a los mayores. Por otro lado, se dispone de pocos datos sobre el alcance del problema en instituciones como hospitales, residencias de ancianos y otros centros de atención crónica. No obstante, según una revisión de estudios recientes, la prevalencia del maltrato a personas mayores en instituciones es alta y situó en un 64,2% el porcentaje de profesionales que refirió haber cometido alguna forma de maltrato hacia sus usuarios.

 

Se estima que en el año 2050, la población mundial de mayores de 60 años se duplicará, de 900 millones en 2015 pasará a unos 2000 millones, viviendo mayoritariamente en países de bajos y medianos ingresos. Si la proporción de víctimas de maltrato al adulto mayor permanece constante, el número de víctimas aumentará rápidamente y llegará a 320 millones de víctimas para 2050.

 

¿Qué provoca esta situación y qué consecuencias tiene?

 

La ONU explica este fenómeno por el rápido envejecimiento de la población y el incremento de necesidades de atención que surgen con la edad, situación que, en muchas ocasiones, genera tensiones familiares y la dependencia, cada vez mayor, de la atención institucional.

 

Los nuevos modelos de estructura familiar y el deterioro de las relaciones sociales son factores predisponentes de maltrato del mayor. Garantizar la atención, la seguridad y la dignidad es urgente en todos los ámbitos de atención al mayor. La OMS reconoce el maltrato como un problema social desconocido, justificado por la falta de información y de datos. Se estima que solo se notifica uno de cada 24 casos de maltrato a adultos mayores, en parte subyace el miedo a denunciar a familia, amigos o autoridades, de quienes depende su atención.

 

Los factores de riesgo de maltrato al mayor incluyen factores individuales, familiares, comunitarios y culturales. Entre los principales factores se encuentran: la dependencia física para realizar las actividades de la vida diaria o estar encamado, discapacidad, pluripatología, deterioro cognitivo, además de factores sociales como los débiles lazos familiares, falta de recursos económicos, aislamiento social, falta de redes de apoyo, falta de preparación de los cuidadores y ser mujer. El perfil del agresor familiar está relacionado con el consumo o dependencia de tóxicos, desempleo, relaciones conflictivas, violencia intrafamiliar en la infancia, bajo nivel socioeconómico, sobrecarga de estrés o tendencia a responder agresivamente. Se estima que, en mayor medida, los agresores suelen ser los hijos de los mayores.

 

La OMS, en 2021, publicó el Informe Mundial sobre Edadismo, donde afirma que el riesgo de maltrato puede verse aumentado por la concepción sociocultural que se tiene del envejecimiento. Los estereotipos negativos incluyen la percepción del mayor como dependiente y ser una carga, conceptos que hacen más aceptables conductas de maltrato hacia las personas mayores. El edadismo también favorece el maltrato económico mediante prácticas financieras engañosas, dirigidas expresamente hacia este grupo etario, con el fin de abusar económicamente de ellos.

 

El maltrato tiene consecuencias nefastas para la salud física y mental de las personas mayores, incluyen desde lesiones físicas, discapacidad, pérdida de autonomía y calidad de vida, depresión, ansiedad y trastornos psicoafectivos a un incremento del riesgo de mortalidad prematura.

 

¿Qué se puede hacer?

 

La respuesta de la OMS a este problema social se encuentra en el documento: Tackling abuse of older people: five priorities for the United Nations Decade of Healthy Ageing (‎2021–2030),‎ del 15 de junio de 2022 con motivo del Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez, donde se plantean cinco prioridades para la Década de las Naciones Unidas del Envejecimiento Saludable (2021-2030):

  1. Combatir el edadismo, dado que es una de las principales razones por las que el maltrato a las personas mayores recibe tan poca atención.
  2. Generar más datos y de mejor calidad para concienciar sobre este problema.
  3. Concebir soluciones rentables para poner fin a este tipo de maltrato y ampliar su uso.
  4. Elaborar un argumentario a favor de la inversión en este tema para convencer de que es un dinero bien empleado.
  5. Recaudar fondos, ya que se necesitan más recursos para abordar este problema.

 

El maltrato de las personas mayores es una realidad inaceptable que se puede y debe prevenir. Medidas detalladas en la infografía sobre recomendaciones de ayuda para evitar el maltrato publicada por Naciones Unidas se recomienda:

  • A la población general estar atenta a los indicios de maltrato e informarse sobre las vías para obtener ayuda y denunciarlo.
  • A las personas mayores mantener sus contactos sociales, defender sus derechos, recurrir a servicios profesionales de ayuda y asegurarse de sus datos económicos.
  • A los familiares y cuidadores reducir el riesgo de infligir malos tratos mediante conductas que reduzcan el estrés, pedir ayuda a familiares o amigos, hacer pausas en el cuidado y recurrir a los servicios sociosanitarios locales.

Sedestación y bienestar: Descubre los riesgos de estar demasiado tiempo sentado y cómo combatirlos

Sedestación y bienestar: Descubre los riesgos de estar demasiado tiempo sentado y cómo combatirlos

Beatriz Rodríguez Roca

13 de junio de 2025

Los comportamientos sedentarios crecen de forma preocupante en todo el mundo, sobre todo después de la pandemia del coronavirus 19.  Entre ellos, destacan actividades como estar sentado, ver la televisión, utilizar el ordenador o conducir principalmente. Actualmente, la población adulta invierte una media de 9 horas al día en los comportamientos sedentarios. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha propuesto como objetivo reducir el tiempo sentado y aumentar la actividad física un 15% para el año 2030.

 

Reducir el sedentarismo es fundamental, ya que está estrechamente vinculado con el desarrollo de diversas enfermedades. Su impacto en la salud comenzó a estudiarse en profundidad a partir del año 1950, cuando se identificó su relación con distintos problemas de salud. Este hallazgo se produjo al analizar a los trabajadores que, en aquel entonces, pasaban más tiempo sentados, específicamente los conductores de autobuses en Londres. Se observó que los conductores de autobuses de dos pisos tenían la mitad de probabilidades de sufrir un infarto en comparación con aquellos que operaban autobuses de un solo nivel. La diferencia radicaba en la actividad física que realizaban: mientras los primeros subían aproximadamente 600 escalones al día, los segundos permanecían sentados el 90 % de su jornada laboral, lo que evidenciaba el impacto del sedentarismo en la salud cardiovascular.

 

 

¿Qué le pasa a mi cuerpo cuando estoy sentado o tumbado?

 

Los comportamientos sedentarios están estrechamente vinculados a  efectos negativos para la salud. Entre ellos, se incluyen el aumento de los triglicéridos y la disminución del colesterol HDL (colesterol bueno), la reducción de la sensibilidad a la insulina y un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes mellitus, obesidad e incluso ciertos tipos de cáncer. Además, la inactividad física inhibe la actividad de la lipoproteína LPL en los músculos esqueléticos, lo que afecta el metabolismo de las grasas y la función muscular. También, tiene un impacto negativo en la salud mental, ya que existe más riesgo de desarrollar depresión y se reduce el nivel cognitivo. Todas las consecuencias negativas derivadas de la sedestación pueden reducirse significativamente si se disminuyen las actividades sedentarias e incorporamos más movimiento en nuestra rutina diaria.

 

 

Entonces, ¿Cómo puedo reducir los efectos negativos que tiene la sedestación?

 

La respuesta es sencilla, es necesario levantarnos de forma regular, al menos, cada 20-30 minutos poniéndonos de pie o moviéndonos. El simple hecho, de cambiar la postura de sentado a de pie hace que mejore la salud metabólica, la fatiga y se reduzcan las causas de mortalidad. Para ello, podemos incluir actividades sencillas en nuestro día a día como, por ejemplo, permanecer de pie en el autobús en vez de sentado, subir escaleras en vez de usar el ascensor, instalar un escritorio que permita trabajar en posición de pie o sentado, andar mientras hablamos por el móvil, etc.

 

 

¿Cuánto tiempo puedo pasar sentado al día?

 

Hasta ahora no sabemos con certeza cuantas horas es saludable estar sentado al día. Pero, los científicos recomiendan sentarse lo menos posible y encontrar un equilibrio entre el tiempo sentado y el movimiento. Según un estudio, realizado por el profesor Chastin, las personas que pasan mucho tiempo sentado podrían necesitar 40 minutos diarios de actividad física moderada o intensa para llegar a reducir el 30% de la mortalidad. Por contra, las personas que pasan unas 6 horas sentadas al día podrían necesitar solo 5 minutos para conseguir la misma reducción de riesgo.  Es importante destacar que, los efectos negativos que tiene para la salud el sedentarismo, son independientes de los niveles de actividad física realizada. Por lo tanto, las personas que están sentadas durante mucho tiempo de forma regular, aunque realicen actividades físicas de intensidad moderada o incluso alta, tienen más riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles como las mencionadas anteriormente. Un ejemplo claro, según el profesor Dunstan: “si, por ejemplo, estuvieras sentado en tu escritorio durante horas, pero luego salieras a correr después del trabajo, sí, sin duda obtendrías algunos beneficios para la salud de esa carrera, pero las nueve horas sentado durante el día merman esos beneficios para la salud”.

 

En resumen, el sedentarismo es un problema creciente en la sociedad que afecta a la salud física y mental. Por ello, pequeños cambios diarios, en los que se reduzca el tiempo que permanecemos sentados o tumbados, pueden ayudar a marcar una diferencia significativa en la mejora de la calidad de vida.