Parálisis cerebral. Comprenderla para prevenir, comprenderla para acompañar

Parálisis cerebral. Comprenderla para prevenir, comprenderla para acompañar

Víctor Adán Lanceta

6 de octubre de 2025

Cuando me toca asistir, como pediatra, a un nacimiento, suelo recibir esa nueva vida con una frase: “Bienvenidos a la aventura, papás.” Porque cada nacimiento es, en realidad, el inicio de una aventura: incierta, emocionante, con momentos luminosos y con dificultades, llena de retos, con sus éxitos y sus fracasos. Y esto es aún más cierto cuando se trata de un niño afectado por parálisis cerebral.

 

Este 6 de octubre es el Día Mundial de la Parálisis Cerebral. Un día para visibilizarla y recordar a nuestras familias, a nuestros parientes y amigos que no están solos en el proyecto de vida que han iniciado o recorren, tan exigente como valioso.

 

¿Qué es la parálisis cerebral? ¿Se puede prevenir?

 

La parálisis cerebral es una de las principales causas de discapacidad motora en la infancia. Cada caso es diferente y la mayoría comparte un origen común: una lesión o alteración en el desarrollo del cerebro inmaduro, ya sea durante el embarazo, el parto o los primeros años de vida.

 

Las causas son múltiples. Entre las más habituales encontramos:

Durante el embarazo: infecciones maternas, exposición a tóxicos, malformaciones fetales, restricción del crecimiento intrauterino o insuficiencia placentaria.

Durante el parto: asfixia perinatal, partos prolongados o traumáticos, necesidad de cesáreas urgentes.

Tras el nacimiento: prematuridad, hemorragias cerebrales, infecciones graves o traumatismos craneoencefálicos en la primera infancia.

 

Aquí conviene romper una lanza por los compañeros obstetras. El embarazo y el parto son procesos naturales, sí, pero lo natural no siempre significa lo seguro. Que algo sea natural no debe de implicar un juicio moral positivo, per se. Precisamente por su intensidad física, emocional y espiritual, pueden surgir complicaciones que requieren vigilancia estrecha. El manejo adecuado de estas situaciones puede disminuir notablemente el riesgo de parálisis cerebral. Un control prenatal responsable, una atención obstétrica cualificada y una respuesta rápida ante emergencias –incluida la realización de una cesárea urgente cuando sea necesario– pueden marcar la diferencia entre un nacimiento saludable y una lesión neurológica permanente.

 

¿Cuáles son las manifestaciones clínicas de la parálisis cerebral?

 

La parálisis cerebral se manifiesta como un grupo de trastornos que afectan al movimiento, la postura y, en ocasiones, a la comunicación y la cognición (un 50% en esta última). Los niños afectados por parálisis cerebral y sus familias van a tener que enfrentarse a grandes desafíos clínicos que se irán manifestando conforme el niño crezca y se desarrolle.

 

Ya desde los primeros meses o años de vida se pueden apreciar algunas señales de alerta como retraso en alcanzar hitos motores (sostener la cabeza, sentarse, gatear, caminar), rigidez muscular excesiva o, por el contrario, flacidez, movimientos poco coordinados, dificultades en la alimentación y deglución y problemas del habla y comunicación. No todos los niños presentan los mismos síntomas y, la severidad, puede ir desde casos muy leves –en los que apenas se notan dificultades– hasta cuadros graves que limitan casi todas las funciones motoras.

 

Aquí el papel del pediatra y de todos los profesionales implicados en el seguimiento, tratamiento y acompañamiento del niño y su familia es fundamental.

 

¿Cómo se trata la parálisis cerebral?

 

La parálisis cerebral no tiene cura. La aventura, como suelo decir, no está en modo fácil. Sin embargo, eso no significa que no pueda vivirse con plenitud ni disfrutarse de cada reto aceptado, de cada reto superado y de cada logro alcanzado.

 

El abordaje es siempre multidisciplinar y busca potenciar las capacidades del niño y mejorar su calidad de vida:

Apoyo psicológico y social para la familia, que desempeña un papel crucial en el desarrollo emocional del niño.

Adaptaciones tecnológicas y educativas que permiten la inclusión escolar y social.

Fisioterapia y terapia ocupacional, para potenciar las habilidades motoras y fomentar la autonomía.

Atención ortopédica y uso de ayudas técnicas, como férulas, andadores o sillas adaptadas.

Terapia del lenguaje, en los casos donde existe dificultad en la comunicación.

Tratamiento farmacológico, cuando hay espasticidad severa o epilepsia.

Manejo nutricional, adaptando texturas y consistencias, aportando suplementos cuando sea necesario y, en casos más complejos, recurriendo a técnicas como la gastrostomía. Una adecuada nutrición mejora la energía, el crecimiento y la capacidad de aprovechar al máximo las terapias.

 

El objetivo nunca es únicamente la rehabilitación, sino la construcción de un proyecto de vida digno y pleno para cada niño.

 

Vivir con parálisis cerebral. Una mirada positiva

 

Si bien la prevención es esencial, nunca debemos olvidar que un diagnóstico de parálisis cerebral no significa el final de la esperanza, sino el inicio de un camino distinto. Cada día, miles de niños y adultos en el mundo nos enseñan que, con apoyo, amor y recursos adecuados, es posible abrazar la aventura de la vida y maravillarnos con logros que parecen pequeños, pero son inmensos. Y, al mismo tiempo, podemos honrar nuestra humanidad al comprometernos con el cuidado de lo más preciado que tenemos: la vida de nuestros hijos.

 

Conclusiones

 

En definitiva, la parálisis cerebral es un desafío complejo que nos interpela como sociedad. Su prevención pasa por un embarazo y parto controlado y una atención neonatal de calidad. Y cuando se presenta, el acompañamiento cercano de un equipo multidisciplinar marca la diferencia en la vida de los niños y sus familias.

 

Para cualquier padre, lo más importante es la salud de sus hijos. Por eso, garantizar una atención obstétrica adecuada, acompañamiento pediátrico y seguimiento especializado no es solo una necesidad médica: es un acto de amor y de responsabilidad hacia el futuro.

 

Bienvenidos a la aventura, papás.

Fernando, un niño muy especial

Fernando, un niño muy especial

Paloma y Fernando
06 de octubre de 2025

A comienzos de 1994, cuando nuestro hijo Fernando tenía apenas seis meses, sufrió su primera crisis. Fue la confirmación de lo que ya intuíamos con preocupación: algo no iba bien. Como era nuestro segundo hijo, habíamos percibido un retraso llamativo en su desarrollo.

Fernando —a quien más tarde rebautizaríamos cariñosamente como Pipo— había nacido un caluroso día de 1993 en una clínica privada. El parto fue rápido, sin sufrimiento fetal ni complicaciones, y el test de Apgar confirmó que era un niño sano y fuerte. Sin embargo, apenas dos horas después nos sorprendió verlo en una incubadora. La explicación fue breve a la vez que inquietante: se había puesto un poco cianótico y, por precaución, lo oxigenaban mejor.

Tras aquella primera crisis comenzó nuestro vía crucis: dos meses ingresados en uno de los principales hospitales de Madrid. Salimos de allí con decenas de pruebas, pero sin diagnóstico y con la sensación de estar solos frente a lo desconocido. La falta de empatía de algunos médicos agravaba nuestra angustia. Nunca olvidaremos la respuesta de uno de ellos cuando pedimos orientación: “Su hijo es como una planta: si la riegan vivirá, y si no, no.”

Aquel mismo médico, tiempo después, nos sugirió abortar cuando supo que esperábamos un nuevo hijo, alegando que, por la falta de diagnóstico, el problema podía repetirse. Nuestra respuesta fue clara: aquel embarazo era buscado y querido y por nuestras creencias jamás abortaríamos a nuestro hijo. Su contestación fue seca: si el niño nacía sano nos ayudaría; si no, estaríamos “hundidos para siempre”. Finalmente, nació Jaime, nuestro tercer hijo, sano y lleno de vida, que hoy está a punto de contraer matrimonio.

En aquellos años la asistencia social hospitalaria era escasa. Salimos del hospital destrozados, con Pipo en brazos, sin diagnóstico ni orientación.

La primera luz llegó meses después gracias a la Asociación de Síndrome de Down, que nos recomendó acudir al centro de fisioterapia del doctor José Luis Rivas, pionero en España en la aplicación del método Vojta y fundador de AENILCE. Allí encontramos, por primera vez, un trato humano y profesional. Fue también allí donde conocimos al doctor Campos, referente mundial en el tratamiento de la parálisis cerebral. Desde la primera consulta mostró cercanía y empatía, y nos dio por fin un diagnóstico: encefalopatía severa por anoxia perinatal.

Pero lo más valioso fueron sus palabras: ningún niño es comparable a una planta, porque cada vida tiene un alma. Nos enseñó que la parálisis cerebral no era un final, sino el inicio de un camino distinto. Desde entonces, él se convirtió en el médico de Pipo, y el Hospital Clínico de San Carlos de Madrid en su centro de referencia. Aunque no faltaron hospitalizaciones y estancias en UCI, el acompañamiento humano de su equipo nos sostuvo en los momentos más duros. Fue el primer gran hito en la aceptación de la realidad de nuestro hijo.

El segundo llegó gracias a Savio, un novicio jesuita hindú en prácticas en España y que tenía un hermano con parálisis cerebral en Bombay. Él nos regaló una cita de Los bufones de Dios, de Morris West, que transformó nuestra visión. En ella, Dios responde a un padre angustiado por su hija “diferente”:

“Sé lo que estás pensando. Necesitas una señal. ¿Y qué mejor señal podría darte que hacer a esta niña nueva y perfecta? Podría hacerlo, pero no lo haré. Yo soy el Señor y no un mago. Le di a esta chiquitina un regalo que os negué a todos vosotros: la inocencia eterna. A vosotros os parece imperfecta, pero para mí es impecable, como el capullo que muere sin abrir, o el pajarillo que cae del nido para ser devorado por las hormigas. Ella nunca me ofenderá como habéis hecho todos vosotros. Nunca estropeará ni destruirá la obra de su Padre. Ella es necesaria para ti. Te evocará la ternura que te mantendrá humano. Sus dolencias te inspirarán la gratitud por tu propia buena suerte… ¡Más aún! Te recordará cada día que Yo soy el que soy, que mis caminos no son los tuyos, y que ni la más pequeña mota de polvo revoloteando en el espacio oscuro se escapa de mi mano…Yo te he elegido a ti; tú no me has elegido a mí. Esta niña es mi señal para ti. Guárdala como un tesoro”

Esas palabras nos abrieron los ojos. Pipo era un tesoro y nosotros habíamos sido elegidos para custodiarlo. Desde entonces lo disfrutamos con plenitud, y aunque nunca faltaron momentos duros, jamás nos dejamos vencer. Incluso cuando los traslados laborales nos llevaron a varios destinos, incluido a Bruselas, donde encontramos profesionales excepcionales y un sistema de atención admirable. Gracias a ello, Pipo pudo seguir recibiendo cuidados integrales, y nosotros, la fuerza para continuar.

Así transcurrió nuestra vida hasta que, con casi 17 años y conservando aún la inocencia de un niño pequeño, Dios decidió que había llegado el momento de llevarse a su ángel. Pipo partió en el Hospital San Rafael de Madrid, rodeado de un magnífico personal sanitario cuya profesionalidad y ternura nos sostuvo en aquel trance.

Su herencia, sin embargo, fue inmensa. Todo lo que anticipaba la cita de Morris West se cumplió: gracias a Pipo fuimos mejores personas. Sus hermanos crecieron en el amor, el sacrificio y la entrega, valores que sin duda transmitirán a sus propios hijos. A través de él recibimos el cariño de innumerables personas y comprobamos cómo, pese a sus limitaciones, ejercía una influencia positiva sobre quienes lo conocían. Y tanto en el colegio de Bruselas como en AENILCE conocimos personas maravillosas entregadas a los más frágiles, que nos devolvieron la fe en la humanidad.

Quince años después de su partida, Pipo sigue presente en cada gesto y en cada celebración familiar. Lo sentimos cerca, como un ángel que nos cuida desde donde está. Fue un regalo inmenso, un tesoro que transformó nuestra vida y nos enseñó a vivir con una felicidad más honda y una fe más verdadera.

¿Qué son las ostomías?

¿Qué son las ostomías?

Marta Zamora Bagüés

4 de octubre de 2025

El Día Mundial del Paciente Ostomizado se celebra, cada año, el primer sábado de octubre. El término ostomía proviene del griego stoma y significa boca. En medicina se utiliza para referirse a una abertura creada de manera quirúrgica en un órgano hueco sobre la superficie del cuerpo, permitiendo así la excreción de productos de desecho al exterior. Pueden ser temporales o permanentes y se agrupan en dos grandes categorías: digestivas y urinarias.

 

En la ostomía de tipo digestivo, la apertura quirúrgica se encuentra en el tracto gastrointestinal. Se realizan por diversas afecciones como enfermedad inflamatoria intestinal, tumores gastrointestinales, obstrucción o perforación, traumatismo, heridas perineales graves que requieren derivación, incontinencia terminal y malformaciones anorrectales, entre otras.

 

Dentro de estas ostomías digestivas puede realizarse otra subdivisión en colostomías e ileostomías. Las colostomías se crean utilizando una porción del colon (intestino grueso) y en las ileostomías se exterioriza el íleon (parte final del intestino delgado). La elección del tipo de ostomía digestiva depende de la patología subyacente y de la necesidad de desviar temporal o permanentemente el tránsito intestinal. También hay diferencias en el tipo de desecho, ya que en las colostomías las heces son más compactas y formadas y en las ileostomías el efluente es más líquido y ácido.

 

Las ostomías de tipo urinario permiten la eliminación de la orina cuando el flujo normal por la uretra no es posible, generalmente por extirpación de la vejiga (lo que se conoce con el nombre de cistectomía) o por obstrucción urinaria. La principal es la urostomía tipo Bricker, ya que las ureterostomías cutáneas y las nefrostomias percutáneas no llevan asociado un estoma como tal.

 

Incidencia y prevalencia

 

En España, el número de personas ostomizadas se estima que se encuentra entre 70.000 y 75.000, realizándose cada año entre 15.000 y 16.000 nuevos estomas. De estas, el 60 % son temporales y el 40 restante son permanentes. En cuanto a sus cifras, la colostomía representa el 55-57% de los casos, la ileostomía el 28-32% y la urostomía el 10-13%. Estos datos señalan la importancia de esta condición desde el punto de vista sanitario y social.

 

Impacto de la ostomía en la calidad de vida del paciente

 

El hecho de ser portador de una ostomía tiene implicaciones claramente significativas en la calidad de vida de las personas, ya que afecta al plano físico, psicológico, emocional, social y sexual. Se ha documentado frustración con la imagen corporal, dificultades para encontrar ropa adecuada, alteraciones en el estado de ánimo (como ansiedad y depresión), problemas digestivos (diarrea, estreñimiento) y preocupaciones constantes por posibles fugas, ruidos o malos olores. Este conjunto de factores puede interferir en la vida cotidiana y en la percepción de bienestar general del propio paciente.

 

Desmontando mitos

 

La principal raíz de todos los tabúes relacionados con estos pacientes ostomizados son los relacionados con su propio autoconcepto, ya que esto influye de manera directa en sus relaciones con los demás.

 

Mito 1: Las personas ostomizadas no pueden llevar una vida normal.

La realidad es muy distinta. Con la atención adecuada y la educación sanitaria necesaria, una persona ostomizada puede trabajar, viajar, hacer deporte, nadar e incluso correr una maratón. La ostomía no impide llevar una vida plena. El principal límite es el desconocimiento social y el estigma.

 

Mito 2: Olerá mal o se notará la bolsa.

Este es uno de los temores más comunes, tanto para la persona como para su entorno. Sin embargo, las bolsas actuales son seguras, discretas y cuentan con filtros de carbono que neutralizan olores. Nadie tiene por qué notar que alguien porta un estoma, salvo que la propia persona decida compartirlo.

 

Mito 3: La ostomía acaba con la vida sexual.

La sexualidad puede verse afectada, pero no desaparece. Es cierto que el autoconcepto, la imagen corporal y el miedo al rechazo influyen, pero con apoyo de profesionales (estomaterapeuta, psicología, sexología) y una comunicación abierta con la pareja, es posible mantener relaciones satisfactorias. La intimidad no se limita a lo físico: la seguridad y la confianza se construyen con información y acompañamiento.

 

Mito 4: Una persona ostomizada es dependiente.

Lejos de ser cierto, la mayoría logra autonomía completa en el manejo de su estoma. Tanto aprender a cuidar la piel como vaciar o cambiar la bolsa forma parte de un proceso de adaptación que otorga independencia y seguridad. El papel de la enfermera estomaterapeuta es clave para empoderar a los pacientes y que recuperen el control de su vida.

 

Mito 5: Ya no podrán vestir ropa normal. 

Muchas personas creen que deberán cambiar radicalmente su forma de vestir, pero lo habitual es que puedan seguir usando la ropa de siempre. Existen prendas adaptadas si se desea, pero no son imprescindibles ya que la ostomía no tiene por qué condicionar el estilo personal.

 

Mito 6: La ostomía es algo sucio o vergonzoso.

Este es quizá el tabú más duro. La ostomía no es un castigo ni una marca de debilidad, sino una cirugía que salva vidas y mejora la calidad de vida en enfermedades graves. Hablar abiertamente de ello es fundamental para eliminar prejuicios.

 

Conclusión

 

Las personas ostomizadas no son pacientes eternos, sino individuos que aprenden a vivir con un cambio en su cuerpo. Desmontar mitos es clave para derribar barreras sociales, mejorar su autoconcepto y promover la inclusión. La ostomía no define a la persona: es solo una parte de su historia.

Y por una sonrisa… un mundo mejor. El emoji Smiley y el humor mediático como motores de la salud

Y por una sonrisa… un mundo mejor. El emoji Smiley y el humor mediático como motores de la salud

Patricia Gascón Vera

3 de octubre de 2025

El día 3 de octubre se celebra el Día Mundial de la Sonrisa (World Smile Day). Se trata de una iniciativa de Harvey Ball, el creador de la cara sonriente (Smiley) y fundador de la World Smile Foundation, cuyo objetivo es promover una actitud positiva desde la risa, nuestra sonrisa: la felicidad.

 

Ese emoticono que 😊 usamos como comodín y como código en nuestro WhatsApp, tiene una historia popular que no es tan certera. En la red encontramos cientos de noticias que exponen cómo Ball, en 1963, creó el diseño de la carita feliz para una campaña moral para una compañía y que recibió unos cuarenta dólares por esa creación.  No obstante, también se desmitifica este mito con autores y obras anteriores que ya habían representado algo muy parecido a ese concepto de smile.

 

Un reciente estudio de Elena Bandrés, Ricardo Pérez-Calle y Mariola Conde (2025) analiza el imaginario simbólico de los emojis y su género. En este texto se conoce que, de los diez emojis más usados a nivel mundial, de un total de 3.790 existentes, siete representan caras en las que se expresan emociones y sentimientos. Por tanto, la sonrisa que compartimos en nuestras conversaciones, además de representar un género en nuestra percepción, no es una simple reacción, sino que refleja nuestra risa interior.

 

Nuestra sonrisa ha sido representada por la cultura visual de forma global y continuada, desde la pintura clásica hasta las imágenes realizadas por inteligencia artificial. Estos últimos son avatares y, en particular, sobre la risa femenina creada por inteligencia artificial, Gascón-Vera, Mattucci y Bonaut-Iriarte (2025) concluyen que son una expresión contemporánea que perpetúa sesgos de género y cuestiones como la locura o la excentricidad. Situaciones que hemos podido ver en, por ejemplo, los ataques a la sonoridad de la risa de la excandidata a la presidencia de Estados Unidos, Kamala Harris. Hechos que han derivado, con cientos de temáticas, en los memes que compartimos y que, en una gran mayoría, se adscriben a la risa política.

 

En este sentido, es cierto que el humor y la risa no solo permiten canalizar emociones, sino que se constituyen como herramientas críticas con capacidad transformadora. Por ejemplo, estas acciones de transformación se logran desde la memoria afectiva y desde espacios comunes; lo popular permite una comunicación crítica, dado que el humor es un recurso complejo, plural, lúdico y salutífero.

 

Gloria Steinem, periodista y escritora estadounidense, en su discurso al recibir el Premio Princesa de Asturias, en 2021, enfatizó el hecho de que las figuras autoritarias suelen temer ser objeto de risa y que, al valorar la risa espontánea, se defiende la libertad en general. Por ello, considera que “la risa es una prueba de libertad”, la única emoción espontánea y genuina que no puede ser impuesta o forzada por la autoridad.

 

Salud y sonrisa, un tándem contra la desinformación

 

Por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo… Estas primeras palabras de un verso muy conocido de Gustavo Adolfo Bécquer nos sirven para revitalizar el poder sanador y social de la sonrisa. Cuando sonríes, te sientes enérgico, vital. Aunque las enfermedades o los problemas mágicamente no pueden desaparecer, sí es cierto que, con el humor, con un buen humor, podemos afrontarlo y/o sobrellevarlo con ventajas.

 

Hablamos de técnicas como la risoterapia, que ayuda a mejorar la salud como complemento de los tratamientos médicos. Consumir humor es una posibilidad dentro de nuestra dieta mediática. En momentos complicados, solo falta mirar las parrillas de programación; los formatos de humor en televisión son más necesarios que nunca. Primero, para evadirnos desde el infoentretenimiento y, dos, para informarnos desde las cualidades del humor. Porque podemos reírnos de lo que nos daña, reírnos de poderosos/as, buscar el absurdo en aquello que no compartimos, relativizar, luchar…

 

En estas semanas, el host Jimmy Kimmel, líder de opinión de la comedia estadounidense, ha sido cesado y, después, readmitido junto con su formato, no por la audiencia, que podría ser una decisión, sino por demandas empresariales derivadas de peticiones políticas. La risa no tiene límites o no debería tenerlos; lo que escuece cura, en sanidad; lo que levanta ampollas en la información, seduce y actúa contra la desinformación. Así que también el ámbito de la comunicación tiene como objetivo poder dar un espacio a las sonrisas, a la amabilidad y, cómo no, a abordar problemas complejos. Un ejemplo reciente es la campaña del Gobierno de Aragón: “La cultura del buen trato”, que utiliza la cultura y diferentes referentes de disciplinas artísticas como instrumento para mejorar la convivencia y contribuir a la construcción de nuevas formas de relación desde el respeto y la tolerancia.

 

Por tanto, desde estas líneas se precisa defender al humor como herramienta de contrapoder y de defensa contra la desinformación gracias a su uso contrainformativo de la sátira o de la retranca, en Aragón. Unas fórmulas desde las que se pueden manejar las complicaciones diarias, también desde la teoría del alivio. Un resorte que, de forma sencilla, se efectúa a través de la liberación de tensión, al entender el chiste de un meme, ante la complicidad con un amigo… Debemos entender el humor como un poder reparador y a la risa como la función principal de aliviarnos de la tensión emocional, descargar la inseguridad, el miedo y las preocupaciones. No en vano, se trata de un instrumento que ha contribuido a la supervivencia y a aminorar el enfrentamiento, ya que la risa también es un acto social. No es solo una reacción a algo gracioso, sino que es un fenómeno completamente social: somos hasta 30 veces más propensos a reír si estamos con otras personas que si estamos solos.

 

Por tanto, riamos ante lo desconcertante, lo injusto o lo gracioso; la salud está en nuestra sonrisa, perfecta o imperfecta, pero siempre reconfortante y amable, alejada de la crispación. Pese a que es complicado poder actuar sobre muchas injusticias, en el día a día, sobrepasados por el estrés y las citas diarias, siempre reconforta tener un momento de complicidad, una sonrisa amiga, mejor humana que por WhatsApp, mejor la carcajada compartida que en un vídeo solitario de TikTok, mejor sonreír a un mundo mejor.

Crianza en brazos: Una necesidad biológica y emocional

Crianza en brazos: Una necesidad biológica y emocional

Alicia Orce Lázaro

2 de octubre de 2025

La crianza en brazos es una práctica profundamente arraigada en la biología humana que responde a las necesidades esenciales del recién nacido: contacto, protección y vínculo. Este artículo analiza el valor del contacto constante, el papel de la exterogestación y la importancia del porteo ergonómico como herramienta moderna que mantiene viva esta práctica ancestral. A partir de evidencias científicas, se revisan los beneficios del contacto piel con piel, la regulación emocional y el desarrollo físico y social del bebé, concluyendo que la crianza en brazos y el porteo ergonómico favorecen una base emocional segura, condición clave para una vida saludable.

 

La crianza en brazos es una respuesta instintiva y adaptativa a las necesidades más básicas del recién nacido. Los bebés humanos nacen con una inmadurez neurológica y motora que requiere contacto constante para su regulación fisiológica y emocional. Diversas disciplinas, como la neurociencia, la antropología y la pediatría, han demostrado que el contacto frecuente favorece un desarrollo integral equilibrado. Prácticas como el contacto piel con piel y el porteo ergonómico permiten recrear un entorno seguro que facilita la transición de la vida intrauterina al mundo exterior.

El porteo ergonómico: herencia ancestral adaptada a la vida moderna

 

Desde los orígenes de la humanidad, las madres y cuidadores han llevado a sus bebés junto a su cuerpo, garantizando su supervivencia. Los seres humanos somos una especie porteadora; nacemos preparados para ser sostenidos, buscando el calor, el movimiento y la voz del adulto. En la actualidad, los portabebés ergonómicos permiten mantener esta práctica ancestral, respetando la fisiología del bebé y facilitando la vida cotidiana de las familias.

El porteo ergonómico asegura una postura adecuada, con la columna en forma de “C” y las caderas en posición de “ranita” (rodillas más altas que las caderas), lo que favorece su desarrollo físico y mantiene las vías respiratorias despejadas. Además, promueve una crianza más sensible y una conexión emocional estable.

 

El contacto como necesidad biológica

 

El contacto físico constante es tan esencial como la alimentación o el descanso. Favorece la regulación de la temperatura, la respiración y el ritmo cardíaco, y contribuye al equilibrio emocional del bebé. Contrario a las creencias populares, llevar a un bebé en brazos no genera dependencia excesiva; al contrario, fortalece su seguridad interior y fomenta la autonomía posterior.

La antropóloga Jean Liedloff defiende, en su libro The Continuum Concept, que la independencia auténtica surge de la satisfacción plena de las necesidades tempranas de contacto. Un bebé sostenido y atendido desarrolla una base emocional sólida que le permitirá separarse con confianza en etapas posteriores.

 

La exterogestación: continuar el desarrollo fuera del útero

 

Los bebés humanos nacen inmaduros y necesitan un periodo de adaptación conocido como exterogestación. Durante los primeros meses, requieren contacto constante para continuar su desarrollo fisiológico y neurológico. En El tacto: la importancia de la piel en las relaciones humanas, Ashley Montagu señala que el contacto durante esta etapa es fundamental para asegurar la supervivencia y favorecer un desarrollo equilibrado.

El contacto frecuente estimula el crecimiento cerebral y fortalece las conexiones neuronales, mientras que su ausencia puede elevar los niveles de cortisol y afectar la regulación emocional.

El contacto piel con piel: el primer vínculo

 

El contacto piel con piel inmediatamente después del nacimiento aporta múltiples beneficios: estabiliza las funciones vitales, reduce el llanto y mejora el inicio de la lactancia. Durante este proceso, se libera oxitocina, hormona que fortalece el vínculo afectivo y fomenta una respuesta sensible del cuidador. Mantener este contacto durante al menos las dos primeras horas de vida favorece un entorno fisiológicamente estable y una conexión emocional segura.

 

El porteo como extensión del abrazo

 

El porteo ergonómico prolonga los beneficios del contacto piel con piel. Dentro del portabebé, el bebé percibe movimiento, calor y cercanía, lo que refuerza su sensación de seguridad. Además, permite a los cuidadores mantener la cercanía mientras realizan actividades cotidianas.

El investigador Timothy Taylor, en The Artificial Ape, sugiere que los portabebés fueron herramientas clave en la evolución humana al facilitar la movilidad y la interacción social. Actualmente, cumplen una función similar: brindar seguridad, contacto y libertad de movimiento.

Estudios sobre porteo y apego como el publicado en Child Development evidencian que los bebés porteados presentan vínculos más seguros y niveles más bajos de estrés que aquellos que pasan la mayor parte del tiempo en dispositivos de separación (como el carro o la cuna, por ejemplo).

 

En definitiva …

 

La crianza en brazos no es una tendencia moderna, sino una práctica esencial basada en la biología y la historia de nuestra especie. El contacto constante y el porteo ergonómico promueven la seguridad, el bienestar y un desarrollo integral saludable.

Incorporar herramientas como los portabebés ergonómicos permite mantener viva esta práctica ancestral en la vida contemporánea, fortaleciendo los vínculos afectivos y fomentando una crianza más consciente y respetuosa.

Mucho más que cafeína: el café y su impacto para la salud

Mucho más que cafeína: el café y su impacto en la salud

Sofía Pérez Calahorra

1 de octubre de 2025

El café es una de las bebidas más consumidas en el mundo, con más de 2.000 millones de tazas al día. Se obtiene a partir de las semillas tostadas y molidas de la planta Coffea (principalmente Coffea arábica y Coffea canephora o robusta). Su preparación consiste en la extracción con agua caliente de compuestos solubles presentes en el grano tostado, dando lugar a una infusión de sabor característico, aroma intenso y efectos estimulantes.

Más allá de la popularidad de su efecto estimulante, su elixir se debe a un complejo perfil químico, que incluye más de 1.000 compuestos identificados entre los que contiene cafeína, polifenoles (ácidos clorogénicos) entre otros, diterpenos, trigonelina, melanoidinas, minerales, vitaminas y otros compuestos bioactivos. Esta combinación explica tanto sus propiedades sensoriales como sus posibles efectos sobre la salud.

La concentración de estos compuestos puede variar notablemente según de una serie de factores, como factores agrícolas, procesamiento comercial (tostado, descafeinación, molienda o liofilización), y condiciones de preparación (temperatura del agua, tiempo de preparación o tipo de filtrado).

Componentes bioactivos del café

Cafeína

La cafeína es el componente bioactivo más reconocido y estudiado.  Es la sustancia psicoactiva más consumida en el mundo. Una taza promedio contienen alrededor de 75 mg de cafeína dependiendo del tipo de café y método de preparación.

Su principal mecanismo de acción se debe a que actúa como antagonista de receptores de adenosina (A1 y A2A), promoviendo el estado de alerta, la concentración y mejorando el rendimiento físico. Además, parece tener efectos sobre el metabolismo lipídico y la función vascular.

La evidencia sugiere que un consumo moderado de cafeína (hasta 600 mg/día) no incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, arritmia e insuficiencia cardíaca en aquellos que consumen cafeína regularmente. Asimismo, un reciente metaanálisis demostró una relación no lineal entre la cafeína y la presión arterial (un factor de riesgo clave para las ECV); esto se traduce a que no solamente la dosis de cafeína es la causante del aumento de las cifras de tensión arterial, y es necesario analizar todos los factores que pueden influir

Ácidos clorogénicos (CGA)

Los ácidos clorogénicos son los polifenoles más abundantes del café tostado. Tienen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias e incluso modulan enzimas relacionadas con el metabolismo glucídico, aumentan la disponibilidad de óxido nítrico y contribuyen a la mejora de la función endotelial, por lo que favorecen la salud metabólica y cardiovascular.

Diterpenos (cafestol y kahweol)

El cafestol y kahweol son diterpenos naturales, son ésteres grasos presentes en mayor cantidad en el café no filtrado. Se les atribuyen efectos hepatoprotectores y moduladores de enzimas detoxificadoras aunque el cafestol puede elevar el colesterol LDL. Por ello, se recomienda el café filtrado en papel en personas con dislipemias y riesgo cardiovascular.

Trigonelina

Es un alcaloide derivado del metabolismo de niacina y se ha asociado con efectos antioxidantes y moduladores del microbioma intestinal.

Melanoidinas y productos del tueste

Estos compuestos se forman durante la reacción de Maillard en el proceso de tostado. Poseen propiedades antioxidantes y prebióticas, sin embargo, un tueste muy intenso puede reducir el contenido de polifenoles y favorecer la formación de compuestos indeseables como la acrilamida.

 

Beneficios del consumo de café: ¿qué dice la ciencia?

Mortalidad y longevidad

Los estudios observacionales y metaanálisis sugieren que el consumo regular de café se asocia con un menor riesgo de mortalidadpor todas las causas, mostrando un efecto protector que parece más evidente con consumo moderado.

Salud cardiovascular

Aunque inicialmente se pensaba que la cafeína aumentaba el riesgo coronario, hoy se sabe que el consumo moderado de café (3–5 tazas/día) se asocia con menor riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad . En personas hipertensas o sensibles a la cafeína puede producirse un aumento transitorio de la presión, aunque este efecto disminuye en quienes consumen café habitualmente.

Metabolismo glucídico y Diabetes tipo 2

El café, con o sin cafeína, se relaciona con un menor riesgo de diabetes tipo 2, posiblemente a la acción de los ácidos clorogénicos, que mejoran la sensibilidad a la insulina y modulan el metabolismo de la glucosa.

Enfermedades hepáticas

La evidencia es sólida: el consumo de café se vincula con un menor riesgo de enfermedad hepática crónica, cirrosis y carcinoma hepatocelular.

Neuroprotección

Estudios epidemiológicos sugieren que el café podría reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, Parkinson y el deterioro cognitivo, gracias a sus efectos antioxidantes, antiinflamatorios y de modulación de neurotransmisores.

Cáncer

Se ha observado que un mayor consumo de café está asociado a tasas más bajas de cáncer (como colon y recto, mama, endometrio, hígado). Sin embargo, en varios tumores los resultados son contradictorios, por lo que se requiere más investigación. Los mecanismos involucrados incluyen efectos antimutagénico, antioxidantes y quimiopreventivo. Estos efectos parecen estar relacionados con las vías reguladas por el factor nuclear eritroide 2 (Nrf2) que se dirigen al estrés oxidativo o las vías que inducen especies reactivas de oxígeno para matar a las células enfermas (principalmente terapéuticas), incluso influyen en las vías epigenéticas y el microbioma intestinal.

 

Preparación del café: claves para obtener sus beneficios

El método de preparación influye en la composición final de la bebida:

  • Café filtrado con papel: retiene diterpenos (componentes lipídicos), y reduciendo su concentración por lo que se recomienda para personas con dislipemia o riesgo cardiovascular.
  • Tueste medio o ligero: conserva más polifenoles como ácido clorogénico, que los tuestes oscuros.
  • Café Expresso: concentra cafeína y mayor cantidad de compuestos solubles.
  • Descafeinado: conserva la mayoría de los compuestos bioactivos, ofreciendo beneficios similares al café regular, pero sin cafeína.
  • Añadidos: moderar el uso de azúcar, jarabes y cremas ricas en grasa, etc., ya que reducen la mayor parte de los beneficios metabólicos.

En definitiva, el café es mucho más que una bebida estimulante, se trata de una bebida rica en compuestos bioactivos con beneficios para la salud, que van desde la reducción del riesgo de enfermedades crónicas (cardiovasculares, hepáticas, neurodegenerativas y algunos cánceres) hasta la mejora del rendimiento cognitivo y físico. Su consumo moderado (3–5 tazas/día), acompañado de un método de preparación adecuado, son claves para aprovechar sus beneficios y minimizar riesgos.