Para un tiempo más incierto: Reflexiones sobre la salud mental

Para un tiempo más incierto: Reflexiones sobre la salud mental

José Miguel Ausejo Sanz

10 de octubre de 2025

Mi vida laboral se ha movido entre el mundo de las adicciones, los trastornos mentales graves y la atención a niños, adolescentes y jóvenes con itinerarios vitales complejos. Al mismo tiempo, he trabajado en el acompañamiento a equipos de profesionales inmersos en la atención de estos niños, adolescentes y jóvenes.

 

Soy Licenciado en Medicina, no pude y no supe hacer el MIR, y me he formado en una larga lista de cursos, horas de formación y lecturas. Creo poder decir que la formación universitaria en medicina, en aquellos años en relación con lo “psi” resultaba deficiente y poco atractiva, con una sola asignatura de psiquiatría y otra de psicología, si la memoria no me falla. No obstante, he tenido suerte de poder compartir con buenos profesionales sus conocimientos y su humanidad. También he compartido mi trabajo con profesionales que no eran médicos, pero, sin excepciones, interesados por la persona que tenían delante, por tratar de entenderla y, en la medida de lo posible, de acompañarla en su malestar y en el modo de ver y verse en el mundo.

 

En mi experiencia, y ahora que solo soy responsable de mis palabras, diría que el sistema en el que he participado y que ha pretendido dar respuesta a las “realidades” de cada persona que hemos definido como problemas de salud mental, es un sistema que se ha preocupado más por sostenerse a sí mismo que por la atención a cada persona. La dificultad surge cuando el esfuerzo por justificar y mantener la estructura nos lleva a perder de vista a la persona, sus necesidades, sus cambios y sus urgencias, y nos instalamos en la “seguridad” que nos proporciona la aparente solidez del sistema. Hacemos como si lo importante fueran las personas, pero las respuestas tratan más de sostener el entramado que de transformarlo, o adaptarlo, de forma que responda a los malestares del momento.

 

La realidad que podemos componer a través de las miradas de distintos interventores en el acompañamiento de las situaciones de “salud mental”, de la atención a los malestares de las personas, debería servirnos para evidenciar las necesidades existentes, obligándonos a modificar el sistema en los aspectos convenientes, y empujarnos a recomponer nuevos modelos de atención.

 

Por otro lado, si la “comunidad” está en crisis, ¿cómo poder acoger a las personas que plantean una percepción de la realidad “diferente”, en ocasiones extraña o peculiar, que se sale de lo corriente? ¿Cómo poder llevar adelante la acogida en la comunidad cuando esta no cuenta con los apoyos adecuados?

 

El grado de incertidumbre, de miedo, de recelo, de desconfianza que existe hacia el otro, se incrementa cuando ese otro vive esa realidad “diferente”. Esto conlleva afrontar situaciones exigentes, intensas e incluso incómodas, y ello no resulta una tarea fácil.

 

La medicina no es una ciencia exacta y la atención y el acompañamiento de personas que viven inmersas en esa realidad “diferente” ahonda en la inexactitud. Es demasiado lo que aún desconocemos y aunque en ocasiones podamos aprender recogiendo aspectos comunes a los procesos de distintas personas, la realidad es terca y nos obliga a mirar proceso a proceso.

 

Actualmente entendemos mejor el funcionamiento de algunas estructuras cerebrales, pero nos resistimos a reconocer la importancia que tiene la complejidad de cada persona en su proceso vital. Los tratamientos farmacológicos necesarios en distintas situaciones de gran malestar o sufrimiento no resuelven el proceso vital. Pueden proporcionar mayor estabilidad, un cierto atemperamiento y un alivio en la carga de malestar. Es decir, pueden ser de ayuda en la construcción de una relación de ayuda que favorezca el acompañamiento a la persona en su sufrimiento y afrontar de un modo aceptable las crisis que se puedan presentar. Sin embargo, favorecen que la persona se perciba diferente y esta percepción no siempre resulta agradable. También pueden originar consecuencias no buscadas, efectos secundarios que incrementen las sensaciones de desagrado de la persona.

 

La vida de las personas es más compleja que un intrincado entramado de receptores, circuitos, y transmisores. La importancia de los acontecimientos vitales sucedidos, y por suceder, así como de las decisiones tomadas nos muestran una realidad a la que difícilmente se puede responder de manera exclusiva con fármacos. En este sentido, aunque creo en la importancia del papel de los fármacos, creo poder afirmar que, de ningún modo, sustituyen la necesidad de una relación de ayuda.

 

Pero ¿Cómo construir esta “relación de ayuda” en una realidad compleja como la que vivimos?

 

Las personas que buscan ayuda sienten una cierta necesidad de recibirla o aquellas que se encierran en sus dificultades y se aíslan viven en estados de desconfianza, originados por los acontecimientos vividos.

 

¿Cómo construir una presencia que pueda proporcionar seguridad o que al menos aporte una experiencia de interés genuino? ¿Cómo encarar el futuro cuando la vida está condicionada por una realidad que limita y condiciona tu desarrollo como persona?

 

Acompañar a una persona de entre 20 y 40 años que vive en un entramado de aspectos que originan una realidad compleja no es una tarea sencilla. No tiene recursos económicos o estos resultan muy limitados. La capacidad para vivir de forma autónoma esta mermada. Con frecuencia usa drogas. Mantiene una relación discontinua con la “red de salud mental”, toma y deja de toma los fármacos por diferentes motivos. Lleva tiempo durmiendo mal. Mantiene una alimentación que no es muy adecuada. Hace tiempo que no realiza una tarea con la que se pueda sentir útil y perteneciente a la comunidad. Su apariencia física no resulta un aspecto en el que se detenga de forma especial y tampoco en su cuidado. Vive en un lugar inadecuado, en cualquier sitio o en la calle, y si hay familia la relación está a punto de agotarse o ya está agotada. En ocasiones se aísla, se encierra, y pierde el contacto con sus entornos sociales, refugiándose en el mundo virtual.

 

Probablemente la ayuda vaya en la dirección de tratar de entender a la persona, dedicarle tiempo, ser paciente, ser receptivo a sus necesidades, mostrarse disponible, resultar confiable …

 

Creo que no existe una respuesta definitiva. Probablemente encajar mejor las diferencias y promover acompañamientos más adecuados a cada malestar: equipos de trabajo capaces de sostener mejor a las personas afectadas y a los propios profesionales y, como señalaba al inicio, poder tener mejor conciencia de la realidad, de cómo esta va cambiando y de las dificultades a las que nos enfrenta.

 

Para acabar me gustaría poder señalar un último asunto. ¿Cómo trasladar la relación de ayuda originada? ¿Cómo hacer una buena derivación y no lanzar a la persona a la deriva tras procesos complejos y delicados que al igual que ocurre en las dolencias físicas pueden verse salpicados por distintas complicaciones?

 

El miedo, la inseguridad, el retorno a las respuestas inadecuadas que resultaron adaptativas en otro momento van a salpicar el proceso de cada individuo.

 

La incorporación más extensa e intensa a las relaciones familiares o sociales, y la búsqueda e inclusión de espacios laborales o prelaborales e incluso ocupacionales, originan situaciones en las que el estrés puede resultar muy complicado de manejar, de forma que regresar a la seguridad de lo inadecuado, pero adaptativo, se presenta como una alternativa aceptable y en ocasiones automatizada.

 

El malestar remite a los malestares vividos resultando insoportable. En este sentido la continuidad en los cuidados plantea un gran desafío. En cada edad, y ante los diferentes malestares, en los distintos contextos, estamos obligados a pensar en lo que precise cada persona.

Parálisis cerebral. Comprenderla para prevenir, comprenderla para acompañar

Parálisis cerebral. Comprenderla para prevenir, comprenderla para acompañar

Víctor Adán Lanceta

6 de octubre de 2025

Cuando me toca asistir, como pediatra, a un nacimiento, suelo recibir esa nueva vida con una frase: “Bienvenidos a la aventura, papás.” Porque cada nacimiento es, en realidad, el inicio de una aventura: incierta, emocionante, con momentos luminosos y con dificultades, llena de retos, con sus éxitos y sus fracasos. Y esto es aún más cierto cuando se trata de un niño afectado por parálisis cerebral.

 

Este 6 de octubre es el Día Mundial de la Parálisis Cerebral. Un día para visibilizarla y recordar a nuestras familias, a nuestros parientes y amigos que no están solos en el proyecto de vida que han iniciado o recorren, tan exigente como valioso.

 

¿Qué es la parálisis cerebral? ¿Se puede prevenir?

 

La parálisis cerebral es una de las principales causas de discapacidad motora en la infancia. Cada caso es diferente y la mayoría comparte un origen común: una lesión o alteración en el desarrollo del cerebro inmaduro, ya sea durante el embarazo, el parto o los primeros años de vida.

 

Las causas son múltiples. Entre las más habituales encontramos:

Durante el embarazo: infecciones maternas, exposición a tóxicos, malformaciones fetales, restricción del crecimiento intrauterino o insuficiencia placentaria.

Durante el parto: asfixia perinatal, partos prolongados o traumáticos, necesidad de cesáreas urgentes.

Tras el nacimiento: prematuridad, hemorragias cerebrales, infecciones graves o traumatismos craneoencefálicos en la primera infancia.

 

Aquí conviene romper una lanza por los compañeros obstetras. El embarazo y el parto son procesos naturales, sí, pero lo natural no siempre significa lo seguro. Que algo sea natural no debe de implicar un juicio moral positivo, per se. Precisamente por su intensidad física, emocional y espiritual, pueden surgir complicaciones que requieren vigilancia estrecha. El manejo adecuado de estas situaciones puede disminuir notablemente el riesgo de parálisis cerebral. Un control prenatal responsable, una atención obstétrica cualificada y una respuesta rápida ante emergencias –incluida la realización de una cesárea urgente cuando sea necesario– pueden marcar la diferencia entre un nacimiento saludable y una lesión neurológica permanente.

 

¿Cuáles son las manifestaciones clínicas de la parálisis cerebral?

 

La parálisis cerebral se manifiesta como un grupo de trastornos que afectan al movimiento, la postura y, en ocasiones, a la comunicación y la cognición (un 50% en esta última). Los niños afectados por parálisis cerebral y sus familias van a tener que enfrentarse a grandes desafíos clínicos que se irán manifestando conforme el niño crezca y se desarrolle.

 

Ya desde los primeros meses o años de vida se pueden apreciar algunas señales de alerta como retraso en alcanzar hitos motores (sostener la cabeza, sentarse, gatear, caminar), rigidez muscular excesiva o, por el contrario, flacidez, movimientos poco coordinados, dificultades en la alimentación y deglución y problemas del habla y comunicación. No todos los niños presentan los mismos síntomas y, la severidad, puede ir desde casos muy leves –en los que apenas se notan dificultades– hasta cuadros graves que limitan casi todas las funciones motoras.

 

Aquí el papel del pediatra y de todos los profesionales implicados en el seguimiento, tratamiento y acompañamiento del niño y su familia es fundamental.

 

¿Cómo se trata la parálisis cerebral?

 

La parálisis cerebral no tiene cura. La aventura, como suelo decir, no está en modo fácil. Sin embargo, eso no significa que no pueda vivirse con plenitud ni disfrutarse de cada reto aceptado, de cada reto superado y de cada logro alcanzado.

 

El abordaje es siempre multidisciplinar y busca potenciar las capacidades del niño y mejorar su calidad de vida:

Apoyo psicológico y social para la familia, que desempeña un papel crucial en el desarrollo emocional del niño.

Adaptaciones tecnológicas y educativas que permiten la inclusión escolar y social.

Fisioterapia y terapia ocupacional, para potenciar las habilidades motoras y fomentar la autonomía.

Atención ortopédica y uso de ayudas técnicas, como férulas, andadores o sillas adaptadas.

Terapia del lenguaje, en los casos donde existe dificultad en la comunicación.

Tratamiento farmacológico, cuando hay espasticidad severa o epilepsia.

Manejo nutricional, adaptando texturas y consistencias, aportando suplementos cuando sea necesario y, en casos más complejos, recurriendo a técnicas como la gastrostomía. Una adecuada nutrición mejora la energía, el crecimiento y la capacidad de aprovechar al máximo las terapias.

 

El objetivo nunca es únicamente la rehabilitación, sino la construcción de un proyecto de vida digno y pleno para cada niño.

 

Vivir con parálisis cerebral. Una mirada positiva

 

Si bien la prevención es esencial, nunca debemos olvidar que un diagnóstico de parálisis cerebral no significa el final de la esperanza, sino el inicio de un camino distinto. Cada día, miles de niños y adultos en el mundo nos enseñan que, con apoyo, amor y recursos adecuados, es posible abrazar la aventura de la vida y maravillarnos con logros que parecen pequeños, pero son inmensos. Y, al mismo tiempo, podemos honrar nuestra humanidad al comprometernos con el cuidado de lo más preciado que tenemos: la vida de nuestros hijos.

 

Conclusiones

 

En definitiva, la parálisis cerebral es un desafío complejo que nos interpela como sociedad. Su prevención pasa por un embarazo y parto controlado y una atención neonatal de calidad. Y cuando se presenta, el acompañamiento cercano de un equipo multidisciplinar marca la diferencia en la vida de los niños y sus familias.

 

Para cualquier padre, lo más importante es la salud de sus hijos. Por eso, garantizar una atención obstétrica adecuada, acompañamiento pediátrico y seguimiento especializado no es solo una necesidad médica: es un acto de amor y de responsabilidad hacia el futuro.

 

Bienvenidos a la aventura, papás.

Fernando, un niño muy especial

Fernando, un niño muy especial

Paloma y Fernando
06 de octubre de 2025

A comienzos de 1994, cuando nuestro hijo Fernando tenía apenas seis meses, sufrió su primera crisis. Fue la confirmación de lo que ya intuíamos con preocupación: algo no iba bien. Como era nuestro segundo hijo, habíamos percibido un retraso llamativo en su desarrollo.

Fernando —a quien más tarde rebautizaríamos cariñosamente como Pipo— había nacido un caluroso día de 1993 en una clínica privada. El parto fue rápido, sin sufrimiento fetal ni complicaciones, y el test de Apgar confirmó que era un niño sano y fuerte. Sin embargo, apenas dos horas después nos sorprendió verlo en una incubadora. La explicación fue breve a la vez que inquietante: se había puesto un poco cianótico y, por precaución, lo oxigenaban mejor.

Tras aquella primera crisis comenzó nuestro vía crucis: dos meses ingresados en uno de los principales hospitales de Madrid. Salimos de allí con decenas de pruebas, pero sin diagnóstico y con la sensación de estar solos frente a lo desconocido. La falta de empatía de algunos médicos agravaba nuestra angustia. Nunca olvidaremos la respuesta de uno de ellos cuando pedimos orientación: “Su hijo es como una planta: si la riegan vivirá, y si no, no.”

Aquel mismo médico, tiempo después, nos sugirió abortar cuando supo que esperábamos un nuevo hijo, alegando que, por la falta de diagnóstico, el problema podía repetirse. Nuestra respuesta fue clara: aquel embarazo era buscado y querido y por nuestras creencias jamás abortaríamos a nuestro hijo. Su contestación fue seca: si el niño nacía sano nos ayudaría; si no, estaríamos “hundidos para siempre”. Finalmente, nació Jaime, nuestro tercer hijo, sano y lleno de vida, que hoy está a punto de contraer matrimonio.

En aquellos años la asistencia social hospitalaria era escasa. Salimos del hospital destrozados, con Pipo en brazos, sin diagnóstico ni orientación.

La primera luz llegó meses después gracias a la Asociación de Síndrome de Down, que nos recomendó acudir al centro de fisioterapia del doctor José Luis Rivas, pionero en España en la aplicación del método Vojta y fundador de AENILCE. Allí encontramos, por primera vez, un trato humano y profesional. Fue también allí donde conocimos al doctor Campos, referente mundial en el tratamiento de la parálisis cerebral. Desde la primera consulta mostró cercanía y empatía, y nos dio por fin un diagnóstico: encefalopatía severa por anoxia perinatal.

Pero lo más valioso fueron sus palabras: ningún niño es comparable a una planta, porque cada vida tiene un alma. Nos enseñó que la parálisis cerebral no era un final, sino el inicio de un camino distinto. Desde entonces, él se convirtió en el médico de Pipo, y el Hospital Clínico de San Carlos de Madrid en su centro de referencia. Aunque no faltaron hospitalizaciones y estancias en UCI, el acompañamiento humano de su equipo nos sostuvo en los momentos más duros. Fue el primer gran hito en la aceptación de la realidad de nuestro hijo.

El segundo llegó gracias a Savio, un novicio jesuita hindú en prácticas en España y que tenía un hermano con parálisis cerebral en Bombay. Él nos regaló una cita de Los bufones de Dios, de Morris West, que transformó nuestra visión. En ella, Dios responde a un padre angustiado por su hija “diferente”:

“Sé lo que estás pensando. Necesitas una señal. ¿Y qué mejor señal podría darte que hacer a esta niña nueva y perfecta? Podría hacerlo, pero no lo haré. Yo soy el Señor y no un mago. Le di a esta chiquitina un regalo que os negué a todos vosotros: la inocencia eterna. A vosotros os parece imperfecta, pero para mí es impecable, como el capullo que muere sin abrir, o el pajarillo que cae del nido para ser devorado por las hormigas. Ella nunca me ofenderá como habéis hecho todos vosotros. Nunca estropeará ni destruirá la obra de su Padre. Ella es necesaria para ti. Te evocará la ternura que te mantendrá humano. Sus dolencias te inspirarán la gratitud por tu propia buena suerte… ¡Más aún! Te recordará cada día que Yo soy el que soy, que mis caminos no son los tuyos, y que ni la más pequeña mota de polvo revoloteando en el espacio oscuro se escapa de mi mano…Yo te he elegido a ti; tú no me has elegido a mí. Esta niña es mi señal para ti. Guárdala como un tesoro”

Esas palabras nos abrieron los ojos. Pipo era un tesoro y nosotros habíamos sido elegidos para custodiarlo. Desde entonces lo disfrutamos con plenitud, y aunque nunca faltaron momentos duros, jamás nos dejamos vencer. Incluso cuando los traslados laborales nos llevaron a varios destinos, incluido a Bruselas, donde encontramos profesionales excepcionales y un sistema de atención admirable. Gracias a ello, Pipo pudo seguir recibiendo cuidados integrales, y nosotros, la fuerza para continuar.

Así transcurrió nuestra vida hasta que, con casi 17 años y conservando aún la inocencia de un niño pequeño, Dios decidió que había llegado el momento de llevarse a su ángel. Pipo partió en el Hospital San Rafael de Madrid, rodeado de un magnífico personal sanitario cuya profesionalidad y ternura nos sostuvo en aquel trance.

Su herencia, sin embargo, fue inmensa. Todo lo que anticipaba la cita de Morris West se cumplió: gracias a Pipo fuimos mejores personas. Sus hermanos crecieron en el amor, el sacrificio y la entrega, valores que sin duda transmitirán a sus propios hijos. A través de él recibimos el cariño de innumerables personas y comprobamos cómo, pese a sus limitaciones, ejercía una influencia positiva sobre quienes lo conocían. Y tanto en el colegio de Bruselas como en AENILCE conocimos personas maravillosas entregadas a los más frágiles, que nos devolvieron la fe en la humanidad.

Quince años después de su partida, Pipo sigue presente en cada gesto y en cada celebración familiar. Lo sentimos cerca, como un ángel que nos cuida desde donde está. Fue un regalo inmenso, un tesoro que transformó nuestra vida y nos enseñó a vivir con una felicidad más honda y una fe más verdadera.

¿Qué son las ostomías?

¿Qué son las ostomías?

Marta Zamora Bagüés

4 de octubre de 2025

El Día Mundial del Paciente Ostomizado se celebra, cada año, el primer sábado de octubre. El término ostomía proviene del griego stoma y significa boca. En medicina se utiliza para referirse a una abertura creada de manera quirúrgica en un órgano hueco sobre la superficie del cuerpo, permitiendo así la excreción de productos de desecho al exterior. Pueden ser temporales o permanentes y se agrupan en dos grandes categorías: digestivas y urinarias.

 

En la ostomía de tipo digestivo, la apertura quirúrgica se encuentra en el tracto gastrointestinal. Se realizan por diversas afecciones como enfermedad inflamatoria intestinal, tumores gastrointestinales, obstrucción o perforación, traumatismo, heridas perineales graves que requieren derivación, incontinencia terminal y malformaciones anorrectales, entre otras.

 

Dentro de estas ostomías digestivas puede realizarse otra subdivisión en colostomías e ileostomías. Las colostomías se crean utilizando una porción del colon (intestino grueso) y en las ileostomías se exterioriza el íleon (parte final del intestino delgado). La elección del tipo de ostomía digestiva depende de la patología subyacente y de la necesidad de desviar temporal o permanentemente el tránsito intestinal. También hay diferencias en el tipo de desecho, ya que en las colostomías las heces son más compactas y formadas y en las ileostomías el efluente es más líquido y ácido.

 

Las ostomías de tipo urinario permiten la eliminación de la orina cuando el flujo normal por la uretra no es posible, generalmente por extirpación de la vejiga (lo que se conoce con el nombre de cistectomía) o por obstrucción urinaria. La principal es la urostomía tipo Bricker, ya que las ureterostomías cutáneas y las nefrostomias percutáneas no llevan asociado un estoma como tal.

 

Incidencia y prevalencia

 

En España, el número de personas ostomizadas se estima que se encuentra entre 70.000 y 75.000, realizándose cada año entre 15.000 y 16.000 nuevos estomas. De estas, el 60 % son temporales y el 40 restante son permanentes. En cuanto a sus cifras, la colostomía representa el 55-57% de los casos, la ileostomía el 28-32% y la urostomía el 10-13%. Estos datos señalan la importancia de esta condición desde el punto de vista sanitario y social.

 

Impacto de la ostomía en la calidad de vida del paciente

 

El hecho de ser portador de una ostomía tiene implicaciones claramente significativas en la calidad de vida de las personas, ya que afecta al plano físico, psicológico, emocional, social y sexual. Se ha documentado frustración con la imagen corporal, dificultades para encontrar ropa adecuada, alteraciones en el estado de ánimo (como ansiedad y depresión), problemas digestivos (diarrea, estreñimiento) y preocupaciones constantes por posibles fugas, ruidos o malos olores. Este conjunto de factores puede interferir en la vida cotidiana y en la percepción de bienestar general del propio paciente.

 

Desmontando mitos

 

La principal raíz de todos los tabúes relacionados con estos pacientes ostomizados son los relacionados con su propio autoconcepto, ya que esto influye de manera directa en sus relaciones con los demás.

 

Mito 1: Las personas ostomizadas no pueden llevar una vida normal.

La realidad es muy distinta. Con la atención adecuada y la educación sanitaria necesaria, una persona ostomizada puede trabajar, viajar, hacer deporte, nadar e incluso correr una maratón. La ostomía no impide llevar una vida plena. El principal límite es el desconocimiento social y el estigma.

 

Mito 2: Olerá mal o se notará la bolsa.

Este es uno de los temores más comunes, tanto para la persona como para su entorno. Sin embargo, las bolsas actuales son seguras, discretas y cuentan con filtros de carbono que neutralizan olores. Nadie tiene por qué notar que alguien porta un estoma, salvo que la propia persona decida compartirlo.

 

Mito 3: La ostomía acaba con la vida sexual.

La sexualidad puede verse afectada, pero no desaparece. Es cierto que el autoconcepto, la imagen corporal y el miedo al rechazo influyen, pero con apoyo de profesionales (estomaterapeuta, psicología, sexología) y una comunicación abierta con la pareja, es posible mantener relaciones satisfactorias. La intimidad no se limita a lo físico: la seguridad y la confianza se construyen con información y acompañamiento.

 

Mito 4: Una persona ostomizada es dependiente.

Lejos de ser cierto, la mayoría logra autonomía completa en el manejo de su estoma. Tanto aprender a cuidar la piel como vaciar o cambiar la bolsa forma parte de un proceso de adaptación que otorga independencia y seguridad. El papel de la enfermera estomaterapeuta es clave para empoderar a los pacientes y que recuperen el control de su vida.

 

Mito 5: Ya no podrán vestir ropa normal. 

Muchas personas creen que deberán cambiar radicalmente su forma de vestir, pero lo habitual es que puedan seguir usando la ropa de siempre. Existen prendas adaptadas si se desea, pero no son imprescindibles ya que la ostomía no tiene por qué condicionar el estilo personal.

 

Mito 6: La ostomía es algo sucio o vergonzoso.

Este es quizá el tabú más duro. La ostomía no es un castigo ni una marca de debilidad, sino una cirugía que salva vidas y mejora la calidad de vida en enfermedades graves. Hablar abiertamente de ello es fundamental para eliminar prejuicios.

 

Conclusión

 

Las personas ostomizadas no son pacientes eternos, sino individuos que aprenden a vivir con un cambio en su cuerpo. Desmontar mitos es clave para derribar barreras sociales, mejorar su autoconcepto y promover la inclusión. La ostomía no define a la persona: es solo una parte de su historia.

Y por una sonrisa… un mundo mejor. El emoji Smiley y el humor mediático como motores de la salud

Y por una sonrisa… un mundo mejor. El emoji Smiley y el humor mediático como motores de la salud

Patricia Gascón Vera

3 de octubre de 2025

El día 3 de octubre se celebra el Día Mundial de la Sonrisa (World Smile Day). Se trata de una iniciativa de Harvey Ball, el creador de la cara sonriente (Smiley) y fundador de la World Smile Foundation, cuyo objetivo es promover una actitud positiva desde la risa, nuestra sonrisa: la felicidad.

 

Ese emoticono que 😊 usamos como comodín y como código en nuestro WhatsApp, tiene una historia popular que no es tan certera. En la red encontramos cientos de noticias que exponen cómo Ball, en 1963, creó el diseño de la carita feliz para una campaña moral para una compañía y que recibió unos cuarenta dólares por esa creación.  No obstante, también se desmitifica este mito con autores y obras anteriores que ya habían representado algo muy parecido a ese concepto de smile.

 

Un reciente estudio de Elena Bandrés, Ricardo Pérez-Calle y Mariola Conde (2025) analiza el imaginario simbólico de los emojis y su género. En este texto se conoce que, de los diez emojis más usados a nivel mundial, de un total de 3.790 existentes, siete representan caras en las que se expresan emociones y sentimientos. Por tanto, la sonrisa que compartimos en nuestras conversaciones, además de representar un género en nuestra percepción, no es una simple reacción, sino que refleja nuestra risa interior.

 

Nuestra sonrisa ha sido representada por la cultura visual de forma global y continuada, desde la pintura clásica hasta las imágenes realizadas por inteligencia artificial. Estos últimos son avatares y, en particular, sobre la risa femenina creada por inteligencia artificial, Gascón-Vera, Mattucci y Bonaut-Iriarte (2025) concluyen que son una expresión contemporánea que perpetúa sesgos de género y cuestiones como la locura o la excentricidad. Situaciones que hemos podido ver en, por ejemplo, los ataques a la sonoridad de la risa de la excandidata a la presidencia de Estados Unidos, Kamala Harris. Hechos que han derivado, con cientos de temáticas, en los memes que compartimos y que, en una gran mayoría, se adscriben a la risa política.

 

En este sentido, es cierto que el humor y la risa no solo permiten canalizar emociones, sino que se constituyen como herramientas críticas con capacidad transformadora. Por ejemplo, estas acciones de transformación se logran desde la memoria afectiva y desde espacios comunes; lo popular permite una comunicación crítica, dado que el humor es un recurso complejo, plural, lúdico y salutífero.

 

Gloria Steinem, periodista y escritora estadounidense, en su discurso al recibir el Premio Princesa de Asturias, en 2021, enfatizó el hecho de que las figuras autoritarias suelen temer ser objeto de risa y que, al valorar la risa espontánea, se defiende la libertad en general. Por ello, considera que “la risa es una prueba de libertad”, la única emoción espontánea y genuina que no puede ser impuesta o forzada por la autoridad.

 

Salud y sonrisa, un tándem contra la desinformación

 

Por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo… Estas primeras palabras de un verso muy conocido de Gustavo Adolfo Bécquer nos sirven para revitalizar el poder sanador y social de la sonrisa. Cuando sonríes, te sientes enérgico, vital. Aunque las enfermedades o los problemas mágicamente no pueden desaparecer, sí es cierto que, con el humor, con un buen humor, podemos afrontarlo y/o sobrellevarlo con ventajas.

 

Hablamos de técnicas como la risoterapia, que ayuda a mejorar la salud como complemento de los tratamientos médicos. Consumir humor es una posibilidad dentro de nuestra dieta mediática. En momentos complicados, solo falta mirar las parrillas de programación; los formatos de humor en televisión son más necesarios que nunca. Primero, para evadirnos desde el infoentretenimiento y, dos, para informarnos desde las cualidades del humor. Porque podemos reírnos de lo que nos daña, reírnos de poderosos/as, buscar el absurdo en aquello que no compartimos, relativizar, luchar…

 

En estas semanas, el host Jimmy Kimmel, líder de opinión de la comedia estadounidense, ha sido cesado y, después, readmitido junto con su formato, no por la audiencia, que podría ser una decisión, sino por demandas empresariales derivadas de peticiones políticas. La risa no tiene límites o no debería tenerlos; lo que escuece cura, en sanidad; lo que levanta ampollas en la información, seduce y actúa contra la desinformación. Así que también el ámbito de la comunicación tiene como objetivo poder dar un espacio a las sonrisas, a la amabilidad y, cómo no, a abordar problemas complejos. Un ejemplo reciente es la campaña del Gobierno de Aragón: “La cultura del buen trato”, que utiliza la cultura y diferentes referentes de disciplinas artísticas como instrumento para mejorar la convivencia y contribuir a la construcción de nuevas formas de relación desde el respeto y la tolerancia.

 

Por tanto, desde estas líneas se precisa defender al humor como herramienta de contrapoder y de defensa contra la desinformación gracias a su uso contrainformativo de la sátira o de la retranca, en Aragón. Unas fórmulas desde las que se pueden manejar las complicaciones diarias, también desde la teoría del alivio. Un resorte que, de forma sencilla, se efectúa a través de la liberación de tensión, al entender el chiste de un meme, ante la complicidad con un amigo… Debemos entender el humor como un poder reparador y a la risa como la función principal de aliviarnos de la tensión emocional, descargar la inseguridad, el miedo y las preocupaciones. No en vano, se trata de un instrumento que ha contribuido a la supervivencia y a aminorar el enfrentamiento, ya que la risa también es un acto social. No es solo una reacción a algo gracioso, sino que es un fenómeno completamente social: somos hasta 30 veces más propensos a reír si estamos con otras personas que si estamos solos.

 

Por tanto, riamos ante lo desconcertante, lo injusto o lo gracioso; la salud está en nuestra sonrisa, perfecta o imperfecta, pero siempre reconfortante y amable, alejada de la crispación. Pese a que es complicado poder actuar sobre muchas injusticias, en el día a día, sobrepasados por el estrés y las citas diarias, siempre reconforta tener un momento de complicidad, una sonrisa amiga, mejor humana que por WhatsApp, mejor la carcajada compartida que en un vídeo solitario de TikTok, mejor sonreír a un mundo mejor.

Crianza en brazos: Una necesidad biológica y emocional

Crianza en brazos: Una necesidad biológica y emocional

Alicia Orce Lázaro

2 de octubre de 2025

La crianza en brazos es una práctica profundamente arraigada en la biología humana que responde a las necesidades esenciales del recién nacido: contacto, protección y vínculo. Este artículo analiza el valor del contacto constante, el papel de la exterogestación y la importancia del porteo ergonómico como herramienta moderna que mantiene viva esta práctica ancestral. A partir de evidencias científicas, se revisan los beneficios del contacto piel con piel, la regulación emocional y el desarrollo físico y social del bebé, concluyendo que la crianza en brazos y el porteo ergonómico favorecen una base emocional segura, condición clave para una vida saludable.

 

La crianza en brazos es una respuesta instintiva y adaptativa a las necesidades más básicas del recién nacido. Los bebés humanos nacen con una inmadurez neurológica y motora que requiere contacto constante para su regulación fisiológica y emocional. Diversas disciplinas, como la neurociencia, la antropología y la pediatría, han demostrado que el contacto frecuente favorece un desarrollo integral equilibrado. Prácticas como el contacto piel con piel y el porteo ergonómico permiten recrear un entorno seguro que facilita la transición de la vida intrauterina al mundo exterior.

El porteo ergonómico: herencia ancestral adaptada a la vida moderna

 

Desde los orígenes de la humanidad, las madres y cuidadores han llevado a sus bebés junto a su cuerpo, garantizando su supervivencia. Los seres humanos somos una especie porteadora; nacemos preparados para ser sostenidos, buscando el calor, el movimiento y la voz del adulto. En la actualidad, los portabebés ergonómicos permiten mantener esta práctica ancestral, respetando la fisiología del bebé y facilitando la vida cotidiana de las familias.

El porteo ergonómico asegura una postura adecuada, con la columna en forma de “C” y las caderas en posición de “ranita” (rodillas más altas que las caderas), lo que favorece su desarrollo físico y mantiene las vías respiratorias despejadas. Además, promueve una crianza más sensible y una conexión emocional estable.

 

El contacto como necesidad biológica

 

El contacto físico constante es tan esencial como la alimentación o el descanso. Favorece la regulación de la temperatura, la respiración y el ritmo cardíaco, y contribuye al equilibrio emocional del bebé. Contrario a las creencias populares, llevar a un bebé en brazos no genera dependencia excesiva; al contrario, fortalece su seguridad interior y fomenta la autonomía posterior.

La antropóloga Jean Liedloff defiende, en su libro The Continuum Concept, que la independencia auténtica surge de la satisfacción plena de las necesidades tempranas de contacto. Un bebé sostenido y atendido desarrolla una base emocional sólida que le permitirá separarse con confianza en etapas posteriores.

 

La exterogestación: continuar el desarrollo fuera del útero

 

Los bebés humanos nacen inmaduros y necesitan un periodo de adaptación conocido como exterogestación. Durante los primeros meses, requieren contacto constante para continuar su desarrollo fisiológico y neurológico. En El tacto: la importancia de la piel en las relaciones humanas, Ashley Montagu señala que el contacto durante esta etapa es fundamental para asegurar la supervivencia y favorecer un desarrollo equilibrado.

El contacto frecuente estimula el crecimiento cerebral y fortalece las conexiones neuronales, mientras que su ausencia puede elevar los niveles de cortisol y afectar la regulación emocional.

El contacto piel con piel: el primer vínculo

 

El contacto piel con piel inmediatamente después del nacimiento aporta múltiples beneficios: estabiliza las funciones vitales, reduce el llanto y mejora el inicio de la lactancia. Durante este proceso, se libera oxitocina, hormona que fortalece el vínculo afectivo y fomenta una respuesta sensible del cuidador. Mantener este contacto durante al menos las dos primeras horas de vida favorece un entorno fisiológicamente estable y una conexión emocional segura.

 

El porteo como extensión del abrazo

 

El porteo ergonómico prolonga los beneficios del contacto piel con piel. Dentro del portabebé, el bebé percibe movimiento, calor y cercanía, lo que refuerza su sensación de seguridad. Además, permite a los cuidadores mantener la cercanía mientras realizan actividades cotidianas.

El investigador Timothy Taylor, en The Artificial Ape, sugiere que los portabebés fueron herramientas clave en la evolución humana al facilitar la movilidad y la interacción social. Actualmente, cumplen una función similar: brindar seguridad, contacto y libertad de movimiento.

Estudios sobre porteo y apego como el publicado en Child Development evidencian que los bebés porteados presentan vínculos más seguros y niveles más bajos de estrés que aquellos que pasan la mayor parte del tiempo en dispositivos de separación (como el carro o la cuna, por ejemplo).

 

En definitiva …

 

La crianza en brazos no es una tendencia moderna, sino una práctica esencial basada en la biología y la historia de nuestra especie. El contacto constante y el porteo ergonómico promueven la seguridad, el bienestar y un desarrollo integral saludable.

Incorporar herramientas como los portabebés ergonómicos permite mantener viva esta práctica ancestral en la vida contemporánea, fortaleciendo los vínculos afectivos y fomentando una crianza más consciente y respetuosa.