Divulgar la cultura de los cuidados para combatir la desinformación

Divulgar la cultura de los cuidados para combatir la desinformación

Pedro Satústegui

30 de marzo de 2025

El pasado 20 de marzo de 2025 se celebraron las I Jornadas de Transferencia en Alfabetización Mediática en Salud. Bajo el lema Divulgando la cultura de los cuidados para combatir la desinformación, los asistentes pudieron debatir y contraponer ideas sobre las distintas estrategias utilizadas para implementar la alfabetización mediática en salud en la población. Las jornadas estuvieron organizadas por el Grupo de Alfabetización Mediática en Salud (GRUPAMES) y el Centro de Innovación, Formación e Investigación en Ciencias de la Educación (CIFICE) de la Universidad de Zaragoza, y contaron con la colaboración del Observatorio Contra la Desinformación en Salud (OCODES).

 

Como expuse en mi discurso inaugural, el conjunto de la sociedad vive hoy un momento histórico en el que, la sobreabundancia informativa y la desinformación estructural, conforman el sustrato central sobre el que asienta y crece día a día la vulnerabilidad de las personas y del conjunto de la sociedad.

 

En el ámbito de la salud, los desórdenes informativos presentes en los medios de comunicación social, el discurso único, el triunfo de la posverdad, los filtrados algorítmicos, la instantaneidad de los canales de mensajería y las redes sociales o la exposición selectiva de los usuarios, por citar solo algunos ejemplos, incrementan el riesgo que tienen las personas de enfermar o morir.

 

Todos estos factores inciden sobre un elemento nuclear, que son los autocuidados, y la forma en que las personas deciden, más o menos informadas y con mayor o menor acierto, qué pautas o qué hábitos incorporan a sus estilos de vida.

 

Frente a la censura o la cancelación, la alfabetización mediática supone construir salud en positivo. Trabajar para ayudar a la ciudadanía a comprender la información mediática relacionada con la salud y evaluar críticamente estos mensajes. Por este motivo, la alfabetización mediática en salud trasciende la esfera de lo personal para convertirse en un elemento clave en la construcción de una opinión pública sólida, crítica y libre.

 

Al igual que a finales del s. XVIII se produjo una auténtica revolución lectora que propició la aparición de un nuevo público interesado en la razón y el debate, hoy más que nunca, la preponderancia de lo digital hace preciso un cambio de paradigma.

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Unión Europea han promovido de manera destacada la alfabetización mediática como una competencia esencial para la sociedad contemporánea. No obstante, su impacto todavía está lejos del esperado.

 

Desde la opinión de quien les habla, la alfabetización mediática en salud debe sobrepasar lo individual para extenderse a lo colectivo. Y para ello, precisa identificar las mejores estrategias para construir salud en comunidad y crear espacios abiertos al diálogo y al debate, libres de censura. Lugares seguros en los que expresarse, compartir y construir un conocimiento más horizontal, más inclusivo y más circular.

 

Hoy, 30 de marzo de 2025, fecha en la que se conmemora el Día Mundial del Trastorno Bipolar, deseo recordar las palabras pronunciadas por Javi Martín, actor de teatro y afectado por esta enfermedad. Durante su intervención en las I Jornadas de Transferencia en Alfabetización Mediática en Salud, el pasado 20 de marzo, Javi Martín incidió en la necesidad de mejorar la asistencia a las personas con enfermedad mental, reducir el estigma y prevenir el suicidio.

Más allá de lo perentorio que resulta mejorar la financiación de los sistemas sanitarios para que estos puedan hacer frente con solvencia a las demandas asistenciales, los comunicadores, los medios de comunicación y la sociedad en su conjunto, también pueden ayudar a conseguir este fin.

 

Velar por la calidad y la veracidad de los mensajes mediáticos, promoviendo que todas las personas gocen de una vida digna, nos incumbe a todos. Y combatir la desinformación asociada a la enfermedad mental y luchar contra el estigma que en no pocas ocasiones sufren los pacientes, también.

Por este motivo, el Observatorio Contra la Desinformación en Salud seguirá defendiendo la necesidad de entender el modelo comunicativo actual como un ecosistema donde, la información relacionada con la salud, representa un bien común (y no público o mucho menos gubernamental) que pertenece a todas y cada una de las personas que componen la sociedad.

Esofagitis eosinofílica: Una enfermedad alérgica emergente

Esofagitis eosinofílica: Una enfermedad alérgica emergente

Yolanda Martínez Santos

23 de marzo de 2025

La esofagitis eosinofílica (EEo) es una enfermedad inflamatoria crónica del esófago que ha ganado atención en las últimas décadas debido a su creciente prevalencia y su impacto significativo en la calidad de vida de quienes la padecen. Se caracteriza por la acumulación anormal de eosinófilos, un tipo de glóbulos blancos implicados en las respuestas alérgicas, en el tejido del esófago. Esta inflamación persistente puede producir la disfunción esofágica, afectando a actividades tan básicas como comer y tragar.

En términos epidemiológicos, la EEo afecta a todas las edades, aunque es más común en niños y adultos jóvenes, entre los que sitúa como la principal causa de disfagia. La incidencia es más frecuente en hombres que mujeres (la sufren 2,4 varones por cada mujer). Estudios recientes estiman una prevalencia en aumento, especialmente en países desarrollados, con cifras que alcanzan hasta 1 caso por cada 2.000 habitantes en ciertas poblaciones. Este aumento podría estar relacionado con cambios en la exposición ambiental, dietas modernas y una mayor capacidad de diagnóstico.

Se sabe que la EEo es una enfermedad inmunomediada, asociada con factores genéticos y raciales, y muy influida por alimentos y alérgenos ambientales. Los desencadenantes alimentarios más comunes incluyen la leche, el trigo, los huevos, los frutos secos y la soja, mientras que la exposición a alérgenos como el polen puede agravar la inflamación. Estas sustancias activan el sistema inmunitario en personas genéticamente predispuestas, provocando una respuesta inflamatoria local exacerbada que lesiona el revestimiento del esófago.

La EEo fue identificada como una entidad propia desde hace relativamente poco tiempo, ya durante años se confundió con otros trastornos como el reflujo gastroesofágico (RGE). A pesar de los avances en su comprensión y diagnóstico, sigue siendo una enfermedad subdiagnosticada.

 

 

Síntomas principales

 

La presentación clínica de la EEo es muy heterogénea. Los síntomas varían según la edad del paciente y la progresión de la enfermedad. Sin embargo, los más comunes incluyen la disfagia intermitente a sólidos, dolor en el pecho, regurgitación, vómitos, acidez estomacal, pérdida de peso, anemia, tos crónica y dolor abdominal. Los casos más graves pueden producir impactación alimentaria.

  1. Disfagia

La dificultad para tragar es el síntoma más común en adultos. Los pacientes suelen describir la sensación de que los alimentos “se atascan” en el esófago, especialmente los sólidos como carne, pan o arroz. Esta dificultad puede variar desde leve hasta severa y a menudo se asocia con episodios de impactación alimentaria.

  1. Dolor retroesternal o torácico

Aunque no es tan común como la disfagia, algunas personas experimentan dolor en el pecho que puede confundirse con síntomas de RGE o incluso problemas cardíacos. Este dolor suele estar relacionado con la inflamación del esófago.

  1. Sialorrea, vómitos y regurgitación

La inflamación crónica del esófago puede causar vómitos recurrentes, regurgitación o náuseas. Estos síntomas son más comunes en niños y, en ocasiones, pueden ser confundidos con RGE, retrasando el diagnóstico de EEo.

 

  1. Acidez estomacal, sensación de quemazón y tos crónica

Aunque no es el síntoma predominante, algunos pacientes experimentan acidez persistente que no mejora con los tratamientos convencionales RGE.

  1. Sensación de plenitud o lento vaciamiento esofágico

Algunos pacientes describen una sensación de llenura o presión en el pecho tras la ingesta de alimentos, lo que podría deberse a la inflamación y estrechamiento del esófago.

  1. Impactación alimentaria

Es uno de los signos más característico y grave de la EoE en adultos. Ocurre cuando un bolo alimenticio no puede pasar a través del esófago, causando dolor torácico agudo y sensación de bloqueo. Es tan específico que muchas veces lleva directamente al diagnóstico. Una impactación requiere una la realización de una gastroscopia urgente para solucionar el problema y evitar complicaciones.

En niños, pueden aparecer otros síntomas como:

  1. Rechazo a comer y problemas de alimentación

En los niños pequeños, la EEo puede manifestarse como rechazo a ciertos alimentos, dificultad para comer o preferencia por alimentos blandos y líquidos. Estos síntomas a menudo se asocian con el dolor al tragar, que los niños pueden no ser capaces de expresar verbalmente.

  1. Pérdida de peso y retraso en el crecimiento

En los casos más severos, la dificultad para alimentarse puede llevar a una ingesta calórica insuficiente, lo que resulta en pérdida de peso o un crecimiento deficiente en los niños.

Tratamiento de la EEo: Opciones terapéuticas y dieta

El tratamiento de la EEo se centra en controlar la inflamación esofágica y prevenir complicaciones como el estrechamiento del esófago. Las opciones incluyen:

 

  1. Tratamiento farmacológico

 

Corticoides tópicos: Son la primera línea de tratamiento. Incluyen medicamentos como la budesonida y la fluticasona, que se administran directamente al esófago para reducir la inflamación sin efectos sistémicos significativos.

 

Inhibidores de la bomba de protones (IBP): Como el omeprazol, que pueden reducir la inflamación en ciertos pacientes con EEo.

  

  1. Dieta de exclusión

Es uno de los pilares del tratamiento. Implica eliminar de la dieta alimentos como la leche, el trigo, los huevos, la soja, los frutos secos y el marisco, comúnmente asociados con alergias alimentarias.

Existen diferentes enfoques: como la dieta de eliminación empírica dirigida, excluyendo cuatro o seis principales alérgenos (Four-Food  Elimination  Diet:  FFED o Six-Food Elimination Diet: SFED), la dieta dirigida por pruebas de alergia y la dieta elemental, basada en fórmulas especiales sin proteínas intactas.

Este enfoque puede ser altamente efectivo para reducir la inflamación y mejorar los síntomas, pero requiere supervisión médica y nutricional.

 

  1. Dilación endoscópica

Se utiliza en casos avanzados para tratar el estrechamiento del esófago, aunque no aborda la inflamación subyacente.

En la práctica, el tratamiento suele combinar fármacos y dieta, ajustándose a las necesidades y preferencias del paciente.

En definitiva, la EEo no solo plantea desafíos médicos, sino también personales y sociales, al limitar la relación de las personas con los alimentos y su entorno. Aunque los síntomas más visibles son los relacionados con la deglución, la enfermedad tiene un amplio impacto, afectando significativamente a la calidad de vida de los pacientes.

 

¿Están bien tus riñones? Descúbrelo a tiempo, protege tu salud renal

¿Están bien tus riñones? Descúbrelo a tiempo, protege tu salud renal

Emilia Ferrer López, Sara Sampériz Abad, Belén Campos Gutiérrez

13 Marzo 2025

El día 13 de marzo 2025 Día Mundial del Riñón. Salud Renal para Todos.

El lema de este año se centra en la PREVENCIÓN, en crear conciencia sobre cómo la detección temprana de la enfermedad renal ayuda a proteger la Salud Renal.

Los riñones juegan, un papel clave en el funcionamiento correcto nuestro organismo y mantenerlos sanos es algo que debemos priorizar. Es primordial cuidar de ellos para mantener una buena salud renal, mediante hábitos de vida saludables y revisiones médicas regulares. La enfermedad renal se puede prevenir y su progresión y deterioro a etapas más avanzadas se puede retrasar con un apropiado diagnóstico y tratamiento precoz.

Para aumentar la visibilidad pública de la enfermedad renal, desde 2006, el segundo jueves del mes de marzo, se celebra el día mundial del riñón. Una jornada establecida con el objetivo de dar un simple y claro mensaje tanto a las autoridades sanitarias, a profesionales de la salud, a pacientes y toda la comunidad en general del crecimiento de la enfermedad renal y las consecuencias que se derivan de una función renal insuficiente.

La Enfermedad Renal Crónica (ERC) afecta al 37,3% de la población española mayor de 64 años. La prevalencia de la ERC asciende progresivamente con el envejecimiento, lo cual es problemático en una sociedad envejecida como la española, en la que el 21% de la población es mayor de 65 años y afecta más frecuentemente a los hombres (23.1%) que a las mujeres (7.3%).

Algunos de los principales factores de riesgo para el desarrollo de la ERC a nivel mundial son la hipertensión, diabetes mellitus, la dislipemia, el tabaquismo y la obesidad. También hay sustancias y fármacos que pueden ser perjudiciales para los riñones (se conocen como nefrotóxicos): por ejemplo, los analgésicos no esteroideos (AINES) como el ibuprofeno.

Si queremos conocer un poco mejor nuestros riñones, es fundamental conocer donde se ubican en nuestro cuerpo, cómo son y las funciones que tienen. Los riñones son dos órganos en forma de alubia, su tamaño es aproximadamente el de un puño, ubicados justo debajo de la caja torácica a cada lado de la columna vertebral.

A pesar de su tamaño reducido, sus funciones son esenciales, procesan y purifican la sangre del cuerpo humano cada 50 minutos, filtrando aproximadamente 180 litros de líquido al día, de los cuales alrededor de 1,5-2 litros se eliminan en forma de orina.

Otras funciones además de producir la orina son:

  • Filtrar y limpiar la sangre, eliminando el exceso de líquido y las toxinas del cuerpo.
  • Mantener el equilibrio interno regulando el volumen sanguíneo, el pH e iones en sangre.
  • Regular el metabolismo mineral óseo mediante la eliminación de fosfatos y la producción de la forma activa de vitamina D.
  • Regular de la presión arterial.
  • Producir la hormona eritropoyetina (comúnmente conocida como EPO) estimula a las células madre de la médula ósea producir glóbulos rojos o hematíes.

Respecto a la ERC los pacientes hablan de una enfermedad silenciosa, pues en muchos casos evoluciona lentamente y se manifiesta cuando se ha llegado a un deterioro importante de la función renal. Además, la sintomatología de la enfermedad renal es muy similar a circunstancias de la vida diaria (cansancio, piernas hinchadas), por ello, la detección de la enfermedad renal es complicada y resulta infra diagnosticada.

El modo de conocer si los riñones están sanos o dañados es mediante un análisis de sangre y orina. El análisis de sangre incluye los niveles de creatinina (un producto de desecho producido por los músculos). El análisis de orina busca la presencia de proteínas o de hematíes (glóbulos rojos), lo cual podría indicar daño de los riñones.

 

Cuidar nuestros riñones no es difícil e implica adoptar hábitos saludables, destacando entre ellos los siguientes:

  • Proteja sus riñones controlando la tensión arterial para prevenir la hipertensión y los niveles de azúcar en sangre (glucemia) de forma periódica. Pregunte a su enfermera, a su médico de atención primaria o a su médico de empresa para realizar revisiones periódicas y realizar una valoración de su estado de salud general.

 

  • Mantener un peso adecuado para el sexo y talla, evitando el sobrepeso. La obesidad puede favorecer la aparición de hipertensión y diabetes. Por lo tanto, para ayudar a nuestro riñón, es aconsejable llevar una alimentación equilibrada y realizar actividad física de forma regular. La Organización Mundial de la Salud (OMS) presenta unas Directrices sobre realización de actividad física y hábitos sedentarios, orientadas a todas las poblaciones y los grupos de edad desde los cinco hasta los 65 años o más, independientemente del sexo, el contexto cultural o la situación socioeconómica, y son pertinentes para todas las personas, sea cual sea su capacidad.

 

  • Se aconseja una alimentación basada en la dieta mediterránea, con mayor consumo de alimentos de origen vegetal en comparación con los de origen animal, evitando el consumo habitual de alimentos ultra procesados. También es importante evitar el estreñimiento. Consultar con especialistas en nutrición es recomendable para conocer que alimentación seguir.

 

  • Es importante adecuar la ingesta de líquidos (agua, caldos, infusiones, evitando bebidas carbonatadas y azucaradas) al grado de su función renal, nivel de diuresis y estado del paciente. No hay una regla que establezca exactamente cuánta agua o líquido es “suficiente” que una persona beba al día. Un consejo útil es observar la orina. Si es transparente o amarilla pálida, es probable que esté bebiendo suficiente agua. Si es amarilla oscura, puede ser un signo de que no está tomando suficiente agua, aunque no siempre es el caso.

 

 

  • Realizar un consumo responsable de alcohol, evitando bebidas de alta graduación y contenido en azucares.

 

  • Abandonar el hábito tabáquico y consumo de sustancias tóxicas perjudiciales para los riñones.

 

  • Antes de tomar cualquier medicamento sin receta médica, vitaminas, minerales, suplementos dietéticos y herbales, deportivos o para perder peso, pregunte a su médico cuáles son seguros.

 

  • Lleve una lista actualizada de los medicamentos y suplemento que esté tomando a sus citas médicas.

 

Maternidad y mundo laboral

Maternidad y mundo laboral

Natalia Barrio Forné

8 de marzo de 2025

La evolución del mercado laboral a lo largo del siglo XX ha permitido la incorporación de la mujer, reconociendo dicho trabajo mediante la remuneración. Este hecho ha dado lugar a un cambio en el núcleo familiar, modificando progresivamente los roles de sus miembros, desde el concepto tradicional al reparto equitativo de las tareas domésticas y cuidados de las personas vulnerables.

Esto ha supuesto en la mujer un papel productivo, además del reproductivo, por lo que ha sido necesario adaptar políticas de protección de la maternidad, favoreciendo así la continuidad laboral de la mujer. Ejemplo de ello es la existencia de apoyo por parte de las instituciones como la creación de guarderías, del permiso de maternidad remunerado o flexibilidad de las jornadas laborales.

En relación con el permiso remunerado, la primera ley que reguló la protección a la maternidad en España se remonta al año 1900, donde se recogió que las madres podían acogerse a un permiso a partir del octavo mes de embarazo, si era necesario, y tenían prohibido trabajar en las 3 primeras semanas después del parto. Después, en 1929, se creó otra ley que ya reconocía la remuneración del permiso maternal.

El punto de inflexión a nivel legislativo ocurre en 1995 con la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, momento en el que se establecen medidas específicas para proteger a las trabajadoras embarazadas de los riesgos derivados de su empleo.

Con el paso de los años se han ido modificando las prestaciones sociales, incluyendo periodos como la lactancia o eliminando el requerimiento de la cotización previa y cubriendo por parte de la seguridad social el 100% del sueldo. En la actualidad, cuentan con 16 semanas de permiso por maternidad, siendo obligatorias las 6 primeras después del parto, pudiendo solicitar las otras 10 semanas tanto antes de la fecha probable de parto como después de este periodo obligatorio. Además, en los casos de adopción internacional, pueden solicitar este permiso hasta 4 semanas antes de la fecha prevista para efectuarla.

 

El otro lado de la moneda aparece cuando se genera la duda de cuál es el momento idóneo para iniciar esa baja maternal. Hoy en día, las embarazadas suelen trabajar dos terceras partes del tiempo en el que pueden mantenerse en activo, aunque las bajas por enfermedad común son el mecanismo más frecuentemente utilizado para gestionar los problemas de salud relacionados con la maternidad o con las exigencias propias de la ocupación laboral que desempeñan. Entre los motivos más comunes destacan el cansancio y problemas para dormir; dolores neuromusculares, especialmente en lumbares y sacro, así como náuseas y vómitos.

Estas bajas suelen presentarse sobre todo durante el último mes de gestación, objetivándose, por el contrario, que persisten en su lugar de trabajo más allá de la semana 36 quienes se encuentran en puestos con condiciones ocupacionales más favorables.

El problema viene cuando la embarazada no tiene un periodo de cotización mínimo para acogerse a una baja médica, puesto que esta está remunerada por el sistema sanitario y no por la mutua, como ocurre por la baja de protección de maternidad. Por lo tanto, es probable que las gestantes más jóvenes se esperen a conseguir la baja por el médico de la empresa.

Para aquellas que obtienen la baja por el médico de atención primaria y que desean después continuar con la baja médica administrada por el servicio de prevención de la empresa, tienen dificultades en la gestión administrativa, por lo que suelen continuar con la baja médica hasta la fecha del parto, especialmente quienes no han tenido una adaptación del puesto de trabajo a su situación actual.

 

También se han observado bajas médicas tras el cese del permiso de maternidad, con una duración media de 12 semanas aproximadamente. Las causas de esta continuación suelen justificarse por la lactancia materna, el cuidado de los hijos o las afecciones de salud. Éstas últimas suelen darse durante las semanas de permiso remunerado pero el reconocimiento de su aparición se percibe cuando la madre ha de incorporarse al mundo laboral.

En cuanto a la lactancia materna, se ha comprobado que aquellas madres que permanecen de baja tras la finalización del permiso por maternidad, tienen más posibilidades de continuar amamantando que las mujeres que vuelven a su puesto de trabajo, siendo éstas últimas quienes suelen terminar con la lactancia, sobre todo, en el primer mes de incorporación debido a las dificultades de conciliación.

Todo ello hace pensar que una mayor duración del permiso de maternidad, tanto anterior al parto como posteriormente, con una mejor accesibilidad al servicio de prevención de la empresa, puede mejorar la relación entre la vida familiar y laboral.

Hablemos de gordofobia

Hablemos de gordofobia

Jara Agudo Abad

4 de marzo de 2025

El 4 de marzo, Día Mundial de la Obesidad, debemos visibilizar todo el sufrimiento que hay en torno a ella. Las personas con obesidad (personas gordas) sufrimos una fuerte discriminación social, juicios morales sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, bullying, violencia gratuita, violencia social, familiar, médica, institucional, etc. A todo el mundo se le llena la boca hablando de salud, mientras el discurso utilizado muestra que lo que preocupa realmente no es nuestra salud, sino nuestros cuerpos, que existen al margen de lo establecido.

 

Cuando vemos una persona gorda, inevitablemente nos vienen a la cabeza varias cosas, os pongo algunos ejemplos: “no se cuida”, “no se mueve”, “no tendrá pareja”, “no lleva una vida sana”, “no tiene fuerza de voluntad”, “no debería llevar esa prenda tan ajustada”, “va a reventar esa silla”. ¿Os suena? La mayoría son juicios sobre el estilo de vida de dicha persona, que damos por hecho a pesar de no saber nada de ella. Otros pueden ser para convertirla en objeto de burlas, chistes o vejaciones. Desde luego, rara vez nos pasa por la cabeza nada que no tenga que ver con su peso, su volumen o con la total ausencia de todos los hábitos saludables que se nos ocurran. Esto es nuestra gordofobia gritando a pleno pulmón.

 

La gordofobia es el odio, rechazo y violencia que sufren las personas gordas por el simple hecho de serlo. Es una discriminación estructural y sistemática, completamente aceptada y normalizada a nivel social. Es algo que como sociedad llevamos muy dentro y que hemos de visibilizar y trabajar, para poder empezar a hablar de salud en las personas con obesidad.

 

¿Cuántas veces te has reído con un meme de gordos? Pocas veces pensamos que quién recibe esas vejaciones es una persona con sentimientos, es como si estar gordo diera derecho a la gente a reírse de ti, a comentar tu cuerpo o tu salud; como si existir en esta sociedad gordófoba no fuera ya suficiente castigo.

 

Tristemente, donde la gordofobia azuza más fuerte es en los espacios que deberían ser seguros para todo el mundo, tales como la consulta del médico, el colegio o el seno de la propia familia. En muchas ocasiones quien es gordo, lo es desde la infancia, y crece con esta realidad, aprendiendo que el mundo es un sitio hostil, que su cuerpo no está bien, lo que desemboca, en el mejor de los casos, en una baja autoestima y, en el peor, en graves trastornos mentales.

 

Recordemos que la obesidad no es una enfermedad, sino un factor de riesgo para algunas patologías, igual que es factor de riesgo el sedentarismo para la enfermedad cardiaca o el tabaco para el cáncer de pulmón. Nadie muere de obesidad, la obesidad no mata. Lo que sí puede terminar en muerte es la gordofobia. La gordofobia es la culpable de los Trastornos de Conducta Alimentaria, que afectan a unas 400.000 personas en España (300.000 entre 12 y 24 años) y que, además de una tasa de mortalidad del 6%, tiene un alto riesgo de suicidio (31 veces mayor en la anorexia nerviosa).

 

Por ello, me sumo al activismo gordo que, desde 2022, reivindica renombrar el Día Mundial de la Obesidad como el Día Mundial Contra la Gordofobia. Impulsemos entre todos un cambio en el punto de mira, una mejora real en nuestra salud física y, sobre todo, mental. Dejemos de comentar los cuerpos ajenos, aceptemos la diversidad corporal. Reivindiquemos que se castigue la discriminación que sufrimos las personas gordas solamente por existir y trabajemos para que desaparezca el estigma que tanto pesa sobre nuestros cuerpos y se nos empiece a tratar como lo que somos: personas. Rompamos los moldes y empecemos a construir un mundo en el que poder vivir con auténtica normalidad, en el que nuestros cuerpos tengan cabida, donde el canon estético no nos oprima, en el que podamos movernos libremente sin miedo al rechazo.

VPH: el virus democrático y la vacuna que nos cuestiona

VPH: el virus democrático y la vacuna que nos cuestiona

Ana Belén Subirón Valera
4 Marzo 2025
En el vasto ecosistema microscópico, hay un intruso que ha aprendido a habitar nuestros cuerpos con una habilidad asombrosa. No emite sonidos ni deja rastros a simple vista y, sin embargo, está allí: el Virus del Papiloma Humano (VPH), un agente infeccioso con una agenda particular. Se introduce en el epitelio escamoso de la piel y las mucosas a través del contacto directo, provocando infecciones que pueden ser transitorias o persistentes. En la mayoría de los casos, la respuesta inmunológica innata y adaptativa elimina el virus sin dejar secuelas. Sin embargo, en ciertos individuos, especialmente aquellos con factores de riesgo, como inmunosupresión o coinfecciones, el VPH puede evadir los mecanismos de defensa y causar lesiones intraepiteliales de alto grado que, en algunos casos, evolucionan a neoplasias malignas.

 

El VPH no discrimina; afecta tanto a hombres como a mujeres, aunque históricamente se ha considerado principalmente una amenaza femenina. Así, en la primera década del siglo XXI, nació la vacuna con un enfoque claro: una promesa de protección para las niñas, un escudo contra el carcinoma cervicouterino. Se diseñó una estrategia epidemiológica basada en la inmunización antes del inicio de la actividad sexual, maximizando la producción de anticuerpos neutralizantes contra las proteínas L1 de la cápside viral. En este contexto, los hombres fueron reducidos a una variable prescindible.

 

Durante años, la vacunación fue vista como un asunto exclusivo de mujeres, no por voluntad propia, sino por la simple y determinante posesión de un útero. Ellas debían protegerse, inmunizarse y asumir la carga de la prevención, como si el virus entendiera de roles, como si los hombres fueran meros figurantes en este drama epidemiológico. ¿Es posible que la biología también tenga sesgos culturales? Esta pregunta permanece suspendida en el aire.

 

Pero la realidad es tozuda y, tarde o temprano, se impone. Una infección persistente por los tipos de alto riesgo del VPH no solo provoca carcinoma de cuello uterino; también está involucrado en la patogénesis de carcinoma orofaríngeo, anal y de pene, neoplasias que han mostrado un aumento significativo en su incidencia en las últimas décadas. En 2019, el VPH causó aproximadamente 620,000 casos de cáncer en mujeres y 70,000 en hombres en el mundo. La literatura científica ha acumulado suficiente evidencia para sostener que la vacunación en ambos sexos no solo protege de manera directa, sino que también reduce la transmisión del virus a nivel poblacional, contribuyendo al fenómeno de la inmunidad de grupo.

 

En España, la vacunación masculina ha sido incorporada de forma gradual. Algunas comunidades, como Aragón, han dado pasos más firmes, incluyendo a los niños en los programas de inmunización desde 2023. Sin embargo, la brecha persiste. Los individuos adultos y ancianos siguen quedando fuera de la estrategia, con la justificación de que la vacuna es más efectiva antes de la exposición al virus. Como si la medicina también fuera una cuestión de justicia, como si el derecho a la prevención tuviera fecha de caducidad.

 

Es cierto que existen ciertas excepciones que incluyen vacunación en individuos hasta los 45 años con condiciones como el síndrome WHIM, infección por VIH, receptores de trasplante de órganos sólidos (TOS) o trasplante de progenitores hematopoyéticos (TPH). Mujeres tratadas por lesiones intraepiteliales de alto grado en el cérvix (H-SIL), donde se recomienda tras el tratamiento de la lesión. Y personas vulnerables por prácticas sexuales de riesgo o en situación de prostitución.

 

La resistencia al cambio, sin embargo, se expresa de diversas maneras. Primero fue la economía: proteger a las mujeres era suficiente para frenar la propagación del virus, se decía. La inmunización masiva de adultos mayores implicaría un alto costo para el sistema de salud, con un beneficio marginal. Luego, un sesgo de género, similar a lo que ocurre con la anticoncepción. Históricamente, la prevención de enfermedades de transmisión sexual y la anticoncepción han recaído de manera desproporcionada en las mujeres. Y finalmente el hábito: las estrategias de salud pública se construyen con el cemento de la costumbre, y desmontarlas es como intentar mover una catedral con una cuchara.

 

El VPH es un virus democrático, pero la vacunación no lo ha sido. Durante años, hemos decidido a quién proteger y a quién no. La historia de esta vacuna es también la historia de nuestros prejuicios, omisiones y de esa costumbre tan humana de mirar solo donde la luz es más conveniente. Pero la biología es obstinada y, al final, siempre encuentra la forma de recordarnos que la salud no es una cuestión de género, sino de equidad.